Diario del Cesar
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La sordera: un asunto de salud pública

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Hoy resulta familiar ver a las personas con audífonos para todo: en el puesto de trabajo, en el gimnasio y hasta en los sistemas de transporte en las ciudades. El uso indiscriminado de estos aparatos todo el día y con volumen excesivo, es una de las alarmas de riesgo de sordera, una enfermedad que crece a pasos agigantados en esta era tecnológica.

Hace poco se celebró el Día Internacional de la Sordera, una fecha con la que se busca hacer evidente esta condición física que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), padecen más de 465 millones de personas en el mundo y unas 560.000, solo en Colombia.

Según la OMS, cerca de 50% de los jóvenes entre 12 y 35 años, es decir, 1.100 millones de personas, corren el riesgo de sufrir pérdida auditiva como consecuencia de los altos niveles de sonido a los que se ven expuestos y por si fuera poco, se prevé que en 2050 más de 900 millones de personas, es decir uno de cada diez habitantes en el mundo, podrá afectarse por esta creciente problemática.

 “El fenómeno de las migraciones a las ciudades, en donde se ve mayor movimiento de maquinaria, comunicación y transporte conlleva que poco a poco se incrementen los niveles de ruido en las ciudades, especialmente en Bogotá y Medellín se observan los mayores niveles de hipoacusia o sordera en la población”, dice Jonathan Bareño, fonoaudiólogo

Según el Instituto Nacional de Sordera (Insor), en Cundinamarca se observan cerca de 54.000 casos de sordera registrados y en Antioquia, cerca de 57.000 pacientes con esta afección. En donde se observa mayor concentración de población urbana, se presentan más casos de pérdida o audición baja.

¿Cómo darse cuenta de que se es víctima de la sordera? Las señales son claras: ningún sonido lo alerta, ve la necesidad de subirle demasiado al volumen del televisor e incluso, puede presentarse dolor que va acompañado de supuración y sangrado. Por eso, ante cualquier señal de este tipo hay que correr a hacerse una audiometría o una logoaudiometría.

Cerca del 70% de los casos de hipoacusia obedecen a problemas congénitos; el 15% corresponde a ototoxidades o causas por medicamentos; el 10% por exposición excesiva y a fuertes decibeles con audífonos, el ruido ambiental e industrial y el 5% a pérdida súbita por factores diversos: presión alta, azúcar o enfermedades como la meningitis.

Uno de los detonantes antes de la pérdida auditiva tiene que ver con los zumbidos y pitidos constantes en el oído. Si esto sucede, hay que buscar inmediatamente un apoyo médico.

El principal tratamiento para la hipoacusia es la prevención: el cuidado del oído a temprana edad es determinante. De ahí la relevancia de evitar la exposición a sonidos fuertes por tiempo prolongado, no autoformularse medicamentos e ir al médico para chequeos periódicos, hacen la diferencia a futuro.

No obstante estas recomendaciones, la hipoacusia es para muchos pacientes una condición con la que tienen que vivir el resto de sus vidas. Afortunadamente, existen avances científicos y tecnológicos que ayudan a recuperar, si bien no toda la capacidad de escucha, sí un alto porcentaje de ella.

Están por ejemplo los audífonos externos que ayudan a los pacientes a mejorar su nivel de escucha y que son determinantes en la recuperación auditiva. Estas ayudas deben ser siempre suministradas por un especialista, dado que deben contar con el seguimiento médico apropiado, así como con terapias que le ayuden a las personas usarlos de manera correcta.

Bien sea en la niñez o en la edad madura, es importante que las personas con sordera contemplen la posibilidad de una rehabilitación a través de estos tratamientos, basados en avances tecnológicos y científicos vanguardistas. No dudemos que estamos frente a un problema de salud pública.