El cierre del gobierno Petro en materia económica difícilmente pudo ser peor. Récord en déficit fiscal y deuda pública, inflación al alza, mayor retroceso en inversión extranjera directa, debilitamiento del dólar frente al peso colombiano, varios sectores clave del aparato productivo en rojo o con desempeño mediocre, así como un leve repunte del desempleo y riesgos inminentes de una crisis financiera y de servicio en salud y energía, entre otros flagelos.
Una confirmación de ese negro panorama se dio, precisamente, el viernes pasado por cuenta del informe del DANE sobre el Índice de Seguimiento a la Economía (ISE) para julio, que tuvo un crecimiento de apenas un 1,11 % respecto al mismo mes del año anterior.
Preocupa sobremanera el decrecimiento del 3,7 % de las llamadas “actividades primarias”, que abarcan desde el agro y la ganadería hasta la explotación de minas y canteras. No solo son sectores intensivos en mano de obra, sino en generación de divisas, impuestos y movimiento económico.
A lo anterior debe sumarse que la construcción y la industria manufacturera también retrocedieron en un 2,2 %, confirmando así el enfriamiento de rubros que tienen un efecto transversal en muchos renglones de generación de productos, bienes y servicios.
Paradójicamente, solo terminaron creciendo en un 2,5 % las llamadas “actividades terciarias”, dentro de las que se encuentran la administración pública, comercio, servicios públicos, turismo y salud, entre otros.
En lo que hace al desempeño superlativo del sector oficial no hay mayor sorpresa. Ya en otros informes sobre la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) en el último año quedó evidenciado que la economía se estaba moviendo en gran parte por cuenta de la inversión pública. Es decir, por el accionar del Estado, ya fuera como generador principal de empleo (debido al boom burocrático desaforado) o por la irrigación antitécnica de recursos del erario a determinados sectores sociales, como es el caso de los subsidios y las transferencias monetarias directas, que se multiplicaron en el primer semestre con un claro trasfondo clientelista y electoral por parte del accidentado mandato de izquierda.
Como lo hemos recalcado en estas columnas, más allá de los discursos imbuidos de demagogia y populismo de la administración petrista, resulta innegable que una economía que dependa en parte sustancial del presupuesto oficial para dinamizarse está muy lejos de ser sólida y mantener ritmos de crecimiento estructurales y sostenibles en el tiempo.
De otro lado, si se revisa la evolución del ISE en lo corrido de este año se evidencia una marcada caída en el segundo trimestre y comienzos del tercero. De hecho, al analizar los datos de enero a julio se encuentra que se registró un crecimiento de apenas 2,62 % respecto al mismo periodo de 2025. Como este es un porcentaje similar al del PIB con que cerró el año anterior, se constata, por simple lógica, que la economía permanece estancada.
Es más, incluso se denota un retroceso ya que el PIB del primer semestre de este año, según el DANE, se situó en un 2,9 %. Es decir, por encima del ISE del 2,6 % entre enero y julio.
Resulta imperativo que la opinión pública y todos los actores económicos tengan conciencia de la dimensión alarmante de la lesiva herencia económica que recibió el actual gobierno, varios de cuyos diagnósticos y cortes de cuenta confirman que su antecesor dejó en cuidados intensivos el aparato productivo, con unas finanzas públicas al borde del colapso, una nómina estatal abultada y crisis al por mayor en muchos rubros. Esto sin contar con la serie de escándalos de corrupción billonarios que se destapan a diario.
Reflotar a Colombia será, entonces, una labor titánica que apenas se está empezando a delinear por el gobierno De la Espriella. Y, como si lo anterior fuera poco, el cierre del año asoma muy complicado, comenzando por el costoso y complejo proceso de reconstrucción tras el azote del terremoto del 10 de agosto. Hay que sumar a ese retador escenario los altibajos cambiarios y la cresta inflacionaria -con la consecuente alza en tasas de interés-, así como el coletazo del fenómeno climático de El Niño. Todo ello en medio del drástico apretón en el gasto público que aplicará el Ejecutivo.
Como se ve, más allá de los delirantes discursos petristas sobre los ilusorios avances socioeconómicos al cierre de su mandato, las frías cifras evidencian todo lo contrario. Dejó un país descuadernado en múltiples flancos. Ahora la tarea de relanzar todo el conjunto productivo, social e institucional necesitará una conjunción sin antecedentes de esfuerzos entre el sector público y privado. Ese es el norte prioritario.