Diario del Cesar
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Los vallenatos recuerdan a Héctor Zuleta Díaz

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Por William Rosado Rincones

Agosto es el llamado mes de los vientos, esos que cuando niño Fredy Molina le pedía a San Lorenzo para poder elevar sus papagayos en ‘La Malena’, una quebrada, en su natal Patillal, tal como lo plasmó en una de sus emblemáticas canciones ‘Los Tiempos de la Cometa’  la que fue grabada por Jorge Oñate y los hermanos López en la década de los años 70.

Pero hay noticias ocurridas en este mes del año que por mucho viento que sople jamás podrán borrarse de los recuerdos, especialmente los cargados de aciagos momentos que impactaron la médula del folclor, en una tierra donde se respira música, como en Valledupar.

Ayer 8 de agosto, precisamente, quedará en la historia como una fecha imborrable por la partida de uno de los acordeoneros y compositores más prolífico de la música vallenata, Héctor Zuleta Díaz, el último retoño de Emiliano Zuleta Baquero y Carmen Díaz, un fuera de serie de esta dinastía, quien a sus pocos años demostró sus calidades como músico, y proyectaba un perfil de muchas aureolas.

Han pasado 37 años y el recuerdo sigue hincado en la mente de los seguidores que lograron escudriñar su temperamento musical, su cadencia y personalidad para terciarse un acordeón y arrancarle las más sentidas melodías, algunas de las cuales quedaron registradas en las producciones, tres en total que logró grabar con Adanies Díaz.

Ese fatídico día, el sol de Valledupar se ocultó más temprano, el alma vallenata se enmudeció y los acordeones cerraron sus fuelles en señal de un luto generalizado que aun causa suspiros lamentosos entre los más cercanos parientes y amigos de esa mítica figura cargada de virtudes.

La parca cruel y despiadada le arrancó al vallenato uno de los más prominentes ejecutores cuando apenas cumplía 21 años: Héctor  nació en Villanueva el jueves 29 de septiembre de 1960, el  menor, el orgullo de Carmen Díaz, su mamá, quien lo lloró hasta el propio final de su vida, lo que le permitió guardar un riguroso luto, y se perdió para siempre la sonrisa en esta madre desolada que había procreado con ‘El viejo’ Emiliano Zuleta, una larga prole: María, Emiliano Alcides; Tomás Alfonso, Fabio; Carmen Emilia, Mario, Carmen Sara, y el sentido Héctor.

Héctor Arturofue un ser extrovertido y precoz, como esos que ahora llaman hiperactivos, pero todo ese desborde se sentía en la ejecución de su acordeón al que le sacaba las más alegres melodía que lo hicieron un músico exitoso e insuperable.

A pesar de pertenecer a una dinastía respetable, tuvo que labrarse el camino con su propio esfuerzo por lo que le tocó en principios ser el cajero de su hermano Mario, también le tocó las tumbadoras a Oscar Negrete y Alberto Ariño, después hizo parte del conjunto de Miguel López, y  Gustavo Bula, con ellos dio a conocer sus dotes de compositor.

Ya con la madurez de haber estado en otros grupos, dio el salto como acordeonero al lado de Adanies Díaz con una profunda aceptación del público, salió con estilo propio, ágil,  y creativo, era además como todo Zuleta, muy  chistoso y ocurrente y eso lo transmitía en el toque del acordeón. La unión con un cantante de profunda fineza no pudo ser mejor, así, hizo pareja con Adanies Díaz quien venía de  hacer conjunto con Ismael Rudas.

Juntos duraron 5 años, tres producciones musicales todas cargadas de éxitos entre los que sobresalieron: Marianita, Injusticia, Estrella Fugaz, Señor Torero, Mis tres amores y El aviso, entre otras.

Como compositor fue indestronable, a todos los grupos destacados de la época les entregó éxitos tales como: ‘Me deja el avión’, ‘Firme como siempre’, ‘Vendo el alma’, ‘Penas de un soldado’, ‘Injusticia’, ‘Golpe a Golpe’, ‘La Moneda de Cincuenta’, ‘María Claudia’ y ‘Flor de Mayo’ entre tantas.

Un 8 de Agosto de 1982, se esfumó este astro, hoy 37 años después, sus temas siguen sonando y en cada episodio donde se abre su acordeón, el comentario aflora: “Ese sí tocaba”. Coincidencialmente, su compañero de fórmula, Adanies Díaz, murió en un accidente de tránsito, 6 meses después un 9 de Febrero de 1983.