Hoy cierra el 59 Festival de la Leyenda Vallenata, pero deja en la ciudad las huellas de alegría, emociones y fiestas que colmaron cada rincón de la ciudad, la tierra que es referencia del folclor vallenato.
La mañana de ayer, en la plaza Alfonso López, propios y visitantes fueron sorprendidos por el cantante Silvestre Dangond, quien bajo el inclemente sol y la euforia de los presentes, saludó y se convirtió en un espectador más al momento que estaba en tarina el acordeonero de su agrupación, José Juan Camilo Guerra, conocido como “El Morocho”, luchando por la corona en la categoría profesional.
“Yo viví tres años aquí, regresar a la plaza es retroceder el tiempo, disfrutar el sol es lo más bello de estas fiestas. Los invito a todos a disfrutar del Festival de la Leyenda Vallenata”, dijo en medio de la algarabía de los asistentes que los aplaudían y saludaban a su paso.
LA CIUDAD SE LLENÓ DE VIDA
El Centro Recreacional de La Pedregosa y el Parque Los Algarrobillos, donde se disputaron las primeras competencias, lucieron repletos de turistas y visitantes; además de las barras y comitivas de apoyo de quienes concursaban. Se vivió un ambiente familiar, de camaradería y reencuentro entre los presentes.
Asimismo, la plaza Alfonso López, templo del vallenato, ha sido el punto de encuentro en estas fiestas, a pesar del inclemente sol que no es impedimento para el disfrute de los espectáculos que ofrecen los participantes de la categoría de Acordeonero Profesional, cuyas semifinales se disputan hoy desde las 8:00 de la mañana y luego la gran final en el Parque de la Leyenda Vallenata.
Maritza Alejo Díaz, llegó de Arjona-Bolívar, a apoyar a su sobrino en el acordeón juvenil, además de visitar por primera vez esta ciudad de la cual admite está enamorada. “Siempre me habían hablado del Festival de la Leyenda Vallenata, pero no me imaginé que era un evento tan lleno de amor a la música. También quedo impresionada con esta ciudad, es hermosa, llena de colorido y con espacios históricos que no envidian a ninguna otra ciudad”.
En el Parque Los Algarrobillos se encontraba Alirio Almeida Silva, proveniente del Magdalena, quien entre bailes y alegría aseguró que colombiano que no viva un festival vallenato, no conoce nada de su país. “Esto es alegría, emoción, nostalgia y el momento perfecto para el reencuentro con amigos, familiares y conocidos”.
También destacó el talento que en el acordeón tienen los niños, jóvenes y expertos. “Es vivir y sentir la música, esa es la esencia de estas fiestas”, dijo.
Las comitivas o las barras de quienes están apoyando a su competidor favorito también se hicieron sentir, sin dejar a un lado a los vendedores informales de todo tipo de bebidas, comida, sombreros, sombrillas, alquiler de sillas, entre otros, generando de esta manera la reactivación económica que tanto esperaba la ciudad.
Recientemente el presidente de la Cámara de Comercio de Valledupar, José Luis Urón Márquez, destacó que el Festival Vallenato es símbolo de la reactivación económica al 100 %, ya que todos los sectores se dinamizan. “Tuvimos una ocupación hotelera sin precedentes, asimismo, se dispararon los consumos en la gastronomía y el transporte, eso es un gran logro”.