Diario del Cesar
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DE ‘INTRUSO’ A ARTISTA ESTELAR Israel Romero, fue expulsado de un estudio antes de conquistar el mundo

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POR: NINOSKA REYES U.

En el universo del vallenato, existen músicos que se hacen a punta de trasnochos y otros que parecen haber traído la digitación grabada en el ADN. El homenaje que el Festival de la Leyenda Vallenata rinde este año al Binomio de Oro no es solo un tributo a una agrupación exitosa; es el reconocimiento a una estirpe que dignificó el oficio del músico, liderada por un hombre que, según su propio hermano, jamás necesitó ensayar; Israel Romero Ospino, ‘El Pollo Irra’.

La historia cuenta que Rafael Romero, el mayor de la dinastía, miraba con asombro a aquel niño de nueve años que, de repente, se colgó al pecho el acordeón y empezó a sacar notas magistrales. En la casa de los Romero en Villanueva, el acordeón era el pan de cada día, pues su padre, Escolástico, no solo tocaba, sino que reparaba instrumentos, pero Israel era el único al que nadie veía practicar.

“Yo creo que él nació ya tocando, porque nunca lo vi ensayando”, recordaría Rafael décadas después. Esa genialidad temprana lo llevó a su primer ruedo en La Junta, La Guajira, donde junto al joven Diomedes Díaz, ocupó un segundo lugar que le otorgó su eterno apodo ‘El Pollo’.

DE ‘INTRUSO’ A ARTISTA ESTELAR

El camino a la cima no estuvo exento de episodios curiosos. Rafael Romero relató cómo, años después, durante una grabación en los estudios de Codisco en Medellín, Israel apareció sin previo aviso, impecablemente vestido y con la audacia de corregir la ejecución de sus hermanos mayores. “No, no, eso no es así”, recordó Rafael Romero.

El atrevimiento le costó ser expulsado de la sala por el ingeniero de sonido de turno. Quién diría que, años más tarde, ese mismo ‘intruso’ se convertiría en el artista estelar de esa casa disquera y sería catalogado en 1998 por la Academia de la Música de Alemania como el mejor acordeonero del mundo.

El homenaje en el Festival Vallenato también celebra la transformación social del músico. Israel y sus contemporáneos heredaron una época donde el acordeonero era relegado a la última banca del bus y recibía las sobras del sancocho tras tocar para los gamonales.

Con la llegada del Binomio de Oro en 1976, junto al inolvidable Rafael Orozco, el vallenato no solo cambió su sonido hacia la elegancia y el romanticismo, sino que exigió respeto: hoteles, viáticos y un trato de estrella. Israel Romero no solo movió los dedos con una velocidad inédita; movió los cimientos de una cultura para que el músico vallenato fuera visto con la dignidad que hoy ostenta.

HITOS DE LA LEYENDA

Como herencia es nieto de Rosendo Romero e hijo de Escolástico Romero, quien fuera compadre de bautizo de los Zuleta. Aunque es una leyenda viviente, ‘El Pollo’ solo compitió formalmente en su juventud, prefiriendo la innovación comercial sobre las coronas de festival.

Hoy, mientras los acordeones calientan motores para el gran homenaje, la figura de Israel Romero se alza como el puente entre los juglares antiguos que arreaban ganado y la modernidad de un género que hoy conquista el mundo.