POR: NINOSKA REYES URDANETA
El Binomio de Oro es una historia que no solo se canta, se recuerda. Hablar del vallenato moderno es detenerse en esta agrupación que no solo marcó una época, sino que redefinió la manera de interpretar, vestir y vivir el folclor.
En los años setenta, entre parrandas y serenatas en Villanueva, La Guajira, comenzó a gestarse una generación de músicos en la que coincidieron jóvenes como Esteban Ovalle, Israel Romero y otros talentos que compartían canciones, versos y sueños.
De ese semillero nació la unión entre Romero y Rafael Orozco, una sociedad artística que cambiaría el rumbo del vallenato. La voz cálida y sentimental de Orozco, combinada con el virtuosismo del acordeón de Romero, dio origen a un estilo más estructurado, moderno y atractivo para nuevas audiencias.
Uno de los excoristas de la agrupación, Esteban ‘Chiche’ Ovalle, recordó que las noches transcurrían entre guitarras, composiciones y recorridos por el pueblo llevando serenatas a sus enamoradas, una práctica que luego los llevó a grandes escenarios,
Pero más allá de los éxitos musicales, el Binomio impuso un sello distintivo, la elegancia. En tarima, cada detalle contaba. Así lo recuerda José María ‘Pepe’ Jiménez, quien vivió de cerca la disciplina del grupo. Rafael Orozco no solo era la voz líder, era también el referente de presentación; revisaba vestuario, corregía posturas y exigía pulcritud. Para él, el vallenato debía escucharse bien, pero también verse bien.
Entre bromas, cuentos y camaradería, se construyó una familia musical que trascendió generaciones. El Binomio no era solo una agrupación, era una escuela que con el paso de los años, fue reconocido como “La Universidad del Vallenato”, plataforma de grandes artistas que luego brillaron con luz propia, recuerda ‘Pepe’ Jiménez, quien fue el presentador oficial de la organización musical.
Durante más de una década, la agrupación consolidó un repertorio que se volvió imprescindible en la cultura popular, con canciones que cruzaron fronteras y posicionaron el vallenato en escenarios internacionales.
Porque si algo dejó Rafael Orozco en la historia del vallenato, fue que el talento abre puertas, pero la elegancia las mantiene.