Diario del Cesar
Defiende la región

Elecciones sin China

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Es un pesar constatar que, finalmente, el Nobel de Literatura chino Mo Yan no estará en la cincuentenaria edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Habría sido una ocasión valiosa para entendernos mejor con un país que cuenta en primer plano para el mundo y que, sin embargo, todavía despierta más opiniones que conocimiento real.

A solo cuarenta días de la primera vuelta presidencial, no encuentro una reflexión seria de los aspirantes sobre cómo orientar nuestras relaciones con China en función del desarrollo nacional. Se habla de seguridad, salud, educación y empleo, asuntos legítimos y urgentes. Pero nada sobre una relación internacional que, bien conducida, podría contribuir de manera sustancial a estas necesidades.

Cabe pensar que algunos candidatos omiten el tema por temor a interpretaciones en Washington. Resulta paradójico que, mientras aquí nos imponemos una suerte de prudencia parroquial, los propios Estados Unidos mantienen con el gigante asiático volúmenes de comercio e inversión que desafían cualquier discurso de distanciamiento. No tiene sentido que Colombia sea más cautelosa que el principal socio de Beijing en Occidente, sacrificando oportunidades concretas de crecimiento.

La realidad es simple. Entre los dos colosos existen rivalidades estratégicas, pero también una interdependencia que nadie puede ignorar sin causarse daño. Conviene recordar una constante histórica: ningún poder hegemónico observa con tranquilidad el ascenso de quien comienza a pisarle los talones.

Para los colombianos, no se trata de escoger un bando, sino de ejercer una soberanía inteligente. Una relación económica provechosa con China no es un agravio para nadie; es un ejercicio de pragmatismo. Nuestro país reclama infraestructura, puertos modernos y una transición energética real. En esos campos, la experiencia china es vasta y su capacidad de inversión, tangible. Pero también está el campo: ignorar a China es darle la espalda al mayor mercado de consumo del planeta, justo cuando nuestros productores necesitan diversificar sus destinos y asegurar precios justos.

Al próximo presidente le corresponderá conmemorar los cincuenta años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Sería lamentable llegar a esa efeméride con una visión todavía limitada por temores infundados. El liderazgo consiste, justamente, en descifrar temas complejos en favor del interés nacional.

En los momentos actuales, un gran reto de un buen gobierno es proyectar a Colombia ante el mundo con dignidad y visión de futuro. Lograr una autonomía madura requiere entender que nuestra prosperidad no debe ser rehén de alineaciones automáticas, sino fruto de una diplomacia vigorosa y multipolar.

Colombia no puede seguir en la sala de espera de la historia, aguardando permiso para hablar con quien ya es el motor de la economía global. El futuro no espera a quienes deciden ignorar el mapa. El tiempo corre.

Hoy se inaugura la cincuentenaria edición de la FilBo. Valga un reconocimiento a Jorge Valencia Jaramillo y a la memoria del recordado Óscar Pérez Gutiérrez, quienes dieron impulso a una feria que durante medio siglo ha tendido puentes con el mundo de las letras desde Bogotá.

*Economista* Analista Internacional.