Al margen de los infinitas vueltas y revueltas del presidente Trump en torno a la economía internacional, surge un tema preponderante al que poco interés se le presta, pero que es crucial: ¿Estamos yendo hacia la desdolarización de la economía internacional?
El mundo que surgió de la segunda guerra mundial estuvo presidido por la creación de las grandes instituciones multilaterales (Banco Mundial y FMI); por el afán de construir un andamiaje jurídico que fuera el marco ordenado que le diera, dentro de la visión del multilateralismo, un derrotero ordenado a las relaciones entre los países (la organización mundial del comercio OMC fue acaso el ejemplo más evidente); y como telón de fondo de todo esto: una preponderancia indiscutida del dólar como moneda de reserva y patrón general del relacionamiento monetario entre los países.
Hay que recordar, por ejemplo, cómo fue derrotada en la conferencia de Breton Woods la propuesta de la delegación de Gran Bretaña, presidida por Keynes, por la norteamericana sobre la organización monetaria de la posguerra que aseguró el papel estelar del dólar.
Algunos indicios indican sin embargo que la importancia del dólar ha empezado a declinar, lenta pero inexorablemente:
-Aunque las reservas de los bancos centrales del mundo continúan estando predominantemente representadas en dólares, estás vienen disminuyendo gradualmente hasta el punto de que hoy representan el 60% de las reservas poseídas por los bancos centrales del planeta. El oro ha ganado jerarquía entre tanto como activo de reserva de los bancos centrales.
-Bloques comerciales tan importantes como la China y Rusia han organizado un sistema de pagos comerciales en el cual no se utiliza el dólar sino las monedas locales. Esta tendencia se ha visto acentuada con las elevaciones, sanciones y amenazas de aranceles con las cuales viene jugando infructuosamente el gobierno Trump.
-Se ha organizado un sistema de validación de pagos paralelos al Swift. La guerra de Ucrania y las sanciones de los EE.UU. a Rusia han acentuado esta tendencia.
-La Unión europea, liderada por Francia, está promoviendo igualmente mecanismos de pagos intracomunitarios y con terceros países independientes al dólar.
-El malestar de muchos países con la imprudente y abusiva política internacional de Trump, como es el caso de los Brics, están promoviendo el alejamiento de la servidumbre del dólar al organizar nuevos instrumentos de pagos.
-Países como Argentina y Brasil también han aislado porciones de su comercio internacional de la obligación de pactar los intercambios en moneda norteamericana.
Las monedas imperiales siguen la suerte de las potencias mundiales como es el caso de Gran Bretaña que había llegado a comandar el mundo económico en el siglo XIX. Y cuando decayó la pérfida Albión algo similar aconteció con la libra esterlina.
El imperio norteamericano comienza a mostrar sus lados débiles: simultáneamente la hegemonía del dólar empieza a decaer también. No será una caída brusca. Pero el imperio del dólar -que surgió de las ruinas de la primera y segunda guerra mundial como moneda hegemónica- ha empezado a exhibir también sus debilidades
*Exministro de Estado