Diario del Cesar
Defiende la región

La tragedia de la pólvora

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La alegría de cada diciembre viene acompañada de la dolorosa tragedia que representan los quemados con pólvora. Ella se convierte en la principal protagonista de las celebraciones de los colombianos, lo que no debiera ser así. El departamento del Magdalena registra en estos primeros 10 días del presente mes, 15 quemados con pólvora. Solo la Noche de las Velitas 10 personas resultaron lesionadas lo que demuestra la falta de conciencia, de responsabilidad de los adultos para su manipulación.  Es como si a todos se nos olvidara de manera colectiva que cada año las cifras lamentables de lesionados, amputados o fallecidos, aumentan así como de la tragedia que afecta a sus familias.

A pocos días del inicio del mes, ya se contabilizaban 160 quemados en el territorio nacional. Si bien los datos revelan una reducción en comparación con el 2021, esto no puede darse como una victoria y mucho menos debiéramos estar satisfechos o contentos con que ello se de. Ninguna familia debería sufrir por este motivo y mucho menos los menores de edad, que son los más expuestos.

De acuerdo con las estadísticas a la fecha, hay en el país 60 niños y adolescentes que han sufrido lesiones en sus manos y rostro porque han manipulado alguno de estos artefactos que se consiguen fácilmente pese a las prohibiciones, e incluso son llevados al hogar por sus padres o adultos.

Las autoridades locales y nacionales hacen su labor: en la mayoría de municipios y departamentos prohíben por decreto la fabricación y comercialización de la pólvora, precisamente para evitar las tragedias que se repiten. La norma, como sucede con muchas otras en la ciudad, se convierte, sin embargo, en un canto a la bandera.

No manipular fuegos artificiales o cualquiera de esos materiales explosivos, por inocentes que parezcan, no tendría por qué ser una prohibición o mandato de ley, ni la responsabilidad de evitar su uso le compete en exclusiva a la Policía o a las autoridades locales.

Por sus riesgos implícitos debería ser una decisión que parta de los hogares, de los padres de familia, de los mismos jóvenes a quienes hay que educar para que le den prioridad a la vida, a la integridad física y a la tranquilidad, incluidas las de los animales, que son otras víctimas de esta costumbre tan arraigada en la cultura nacional.

El llamado a los samarios y magdalenenses es para que comportamientos que llevan a romper las normas e irrespetar la institucionalidad, como transitar a exceso de velocidad, no acatar las normas de tránsito, manipular pólvora, aún cuando está prohibido, no sean validados por la sociedad. Así debe ser si se quiere construir una ciudad diferente a la de hoy, en la que reinan el desorden y la intolerancia y la falta de autoridad.

Es hora de que los ciudadanos sean conscientes de las consecuenciasç que acarrea cada determinación que toman y de cómo un sencillo cambio puede ser un paso grande en la construcción de esa Santa Marta que todos queremos. No quemar pólvora, o dejarla exclusivamente en manos de personas autorizadas y expertas, es una decisión que puede significar una gran transformación para las nuevas generaciones. En este propósito también se deben empeñar las instituciones educativas, porque cambiar la mentalidad y la arraigada costumbre cultural según la cual la pólvora es sinónimo de festejo, requiere de educar desde la más temprana edad a los ciudadanos.

Que la alegría de las fiestas decembrinas no termine en tragedia. La responsabilidad de cada hogar es tener unas celebraciones de Navidad y fin de año en paz, sin un lesionado más por el uso de la pólvora.