Diario del Cesar
Defiende la región

Hay que hacerle el sepelio cuanto antes 

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Una verdadera semana de pasión, crucifixión con un funeral casi seguro vivió   el proyecto de ley de la reforma tributaria, después de que el gobierno lo radicó en el Congreso de la República. Hoy  el mismo está sin el apoyo político que requiere para que se aprobado. Le han echado los santos oleos, inclusive desde el interior más puro de los amigos de la ´criatura´, el partido Centro Democrático que deberá responderle al país por todo este desastre que se avecina.

Era obvio que la iniciativa desde el momento en que se radicó empezara a tener serios cuestionamientos de la mayoría de los partidos, en particular la oposición que anticipó que no lo aprobará; igualmente sucede con el Partido Liberal, que también se apartó de la iniciativa con la advertencia que la “mermelada” que está ofreciendo el gobierno no les convencerá.

Pero el golpe definitivo lo dio el partido Cambio Radical, el cual notificó que no la votará al gobierno el proyecto porque lo considera inoportuno y además exagerado en la afectación que le dará en especial a la clase media. Pero fue más allá el jefe natural de esa colectividad Germán Vargas Lleras al señalar de manera pública los nombres de dos ministros: Karen Abudinen y Daniel Palacios, a quienes de manera suspicaz los asocia con lo que ha sido una inveterada costumbre de los gobiernos de turno: comprar legisladores para aprobar las iniciativas que les interesa. Y alrededor de hecho es valiosa la confesión hecha tanto por Gaviria como por Vargas Lleras: ni con ´mermelada´ nos comprarán a los congresistas´. Esa contundencia con la que hablaron deja muy mal parado a un gobierno que ha negado siempre ofrecerle puesto a los legisladores, cuando la verdad es que no hay semana que pase en la que no se nombre a un familiar de un parlamentario en un cargo diplomático.

Pero no solo es Cambio Radical y el Partido Liberal a los que no les gusta la reforma tributaria, tampoco a la Alianza Verde, al Polo Democrático, a los partidos cristianos encabezados por Colombia Justa y Libre y a un endeble sector del conservatismo, porque al grueso de esa colectividad la amamantan a punta de puestos que es lo único que saben hacer desde hace rato, tras perder el norte de coherencia, respetabilidad política e ideología.

La postura de Cambio Radical, que deja al proyecto sin los votos suficiente para ser aprobado, llevó a que el expresidente y jefe del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, saliera a buscar un acercamiento entre los partidos para que sea concertado un texto y no dejar que hunda el proyecto. “Es urgente un acuerdo de modificación de textos que se exprese en la ponencia. Se insistió mucho en presentar la reforma previamente consensuada con las mayorías del Congreso”, escribió el jefe del Centro Democrático, quien igualmente se ha apartado de algunos puntos de la reforma, entre ellos imponer el IVA a los servicios públicos. El exmandatario le insiste al gobierno que los recursos se podrán recaudar por la vía del ahorro, es decir bajar los gastos de burocracia.

Pero más bien el llamado debiera ser a que el proyecto lo retire y regrese a una discusión natural de consensos. Pero el timonel no quiere porque será una de las peores derrotas políticas que sufra un gobierno en ejercicio, al que ya el sol le comenzó a aparecer con un pesado lastre del que muy difícilmente podrá sobreponerse. Todo lo contrario, está dejando abonado el terreno para que el año entrante el país sufra un revolcón histórico en la conducción del Estado: y ese responsable no hay que buscarlo orillas arriba, lo tenemos ahí mismo