El caso ocurrió a la 1:00 p.m. del pasado 29 de diciembre, cuando Alcibiades Libreros Varela conducía su automóvil particular Citroën por las calles del barrio Limonar.
El asesinato de un fiscal en la ciudad de Cali, hace una semana, desnudó las graves falencias de seguridad dentro del organismo encargado de encarcelar a los mafiosos de Colombia: la Dirección Especializada de Fiscalías contra el Crimen Organizado (Decoc).
El caso ocurrió a la 1:00 p.m. del pasado 29 de diciembre, cuando Alcibiades Libreros Varela conducía su automóvil particular Citroën por las calles del barrio Limonar. Al detenerse en un semáforo fue atacado por un desconocido que llegó caminando y le disparó en la cabeza y el codo derecho, quitándole la vida en el acto.
Ocho días después, las autoridades no tienen pistas concretas sobre quién contrató al sicario. Los dedos apuntan a muchas partes. Libreros, de 58 años, estaba al frente de la Fiscalía 96 Decoc en Cali y lideraba investigaciones contra violentas estructuras ilegales del Valle y el Eje Cafetero, como las oficinas de cobro sicarial del Distrito de Aguablanca, “los Rastrojos” y “la Cordillera”.
La última captura de alta relevancia llevada a cabo por su despacho fue la de William Herrera, alias “W”, sobrino del fallecido capo del extinto Cartel de Cali, Helmer “Pacho” Herrera (agosto 7 de 2019). El procesado es sospechoso de pertenecer a la “Oficina de Cobro de La 38”.
El pasado 2 de enero, la Fiscalía ofreció una recompensa de hasta $100 millones para quien dé información que ayude a esclarecer los hechos.
Lo insólito del caso es que pese a enfrentar semejantes enemigos, el funcionario no contaba con esquema de seguridad, tal cual denunció ante los medios de comunicación su hermana Carmenza Libreros. “Él pidió protección varias veces para él y su familia, pero se la negaron y mire las consecuencias”, criticó la señora.
Este homicidio destapó un problema latente en la Dirección Especializada de Fiscalías contra el Crimen Organizado: la ausencia de esquemas de seguridad para sus funcionarios, en cuyas manos recae la responsabilidad de atacar a los grupos criminales más poderosos del país, como el Clan del Golfo, el Eln, “los Pelusos”, “los Caparros”, “la Oficina”, “los Pachenca” y las disidencias de las Farc, por citar algunos ejemplos.
LA AMENAZA EN LA COSTA ATLÁNTICA
Los fiscales Decoc de esta zona también investigan al Clan del Golfo, al igual que a otros grupos criminales como “los Pachenca”, “la Oficina del Caribe” y las estructuras narcotraficantes que exportan su droga por el mar Caribe. Un fiscal de Santa Marta manifestó que muchas veces ha tenido que desplazarse en transporte público, como cualquier ciudadano, luego de verse las caras con los cabecillas y sus mercenarios en las audiencias.
Un colega suyo de Montería agregó que las dos camionetas Toyota blindadas que tenían para sus desplazamientos en el departamento de Córdoba están averiadas hace varias semanas, por lo cual “no se encuentran en funcionamiento”.