Diario del Cesar
Defiende la región

Ordenados seis nuevos sacerdotes en la Catedral del Santo Ecce Homo

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POR:
NINOSKA
REYES URDANETA

En el marco de los 50 años de la Diócesis de Valledupar, ayer fueron ordenados seis nuevos presbíteros de la iglesia católica. La Catedral del Santo Ecce Homo, como casa común de la familia diocesana, fue el escenario de este acto religioso presidido por Monseñor Oscar Vélez Isaza, obispo de la Diócesis de Valledupar, quien durante la solemne eucaristía, manifestó que la Iglesia está de júbilo por los beneficios concedidos por Dios.

Feligreses, de todo el departamento del Cesar, acudieron a presenciar la primera ordenación sacerdotal en la Catedral del Santo Ecce Homo de Valledupar, cuya consagración ha sido un momento culminante en este año jubilar que cierra con broche de oro, al recibir a seis nuevos sacerdotes que ahora serán pastores de las parroquias a las cuales serán asignados.

“Mi mayor alegría como obispo no es haber consagrado la Catedral, 70 templos o haber ordenado a 60 sacerdotes, sino lograr la comunión plena del presbiterio y que los nuevos presbíteros sean acogidos en una fraternidad que los acompañe, los cuide, los anime y los haga sentir el gozo de haber sido llamados a ser sacerdotes en la Diócesis de Valledupar”, manifestó monseñor Vélez al iniciar la ceremonia.

En tal sentido, exclamó a los presentes que la alegría y la acción de gracias se unen en un solo sentimiento para bendecir a Dios, que no cesa de conceder pastores al pueblo.

La ordenación sacerdotal es un rito de origen bíblico que indica la comunión de un poder, de un don cuyo fin es el servicio del pueblo santo de Dios. Además de la incorporación de una comunidad sacerdotal, al presbiterio diocesano en señal de acogida y de comunión en la vocación y la misión.

La imposición de las manos del Obispo y de todos los sacerdotes, es uno de los principales gestos de la liturgia de ordenación, indican su acogida y la misión que cumplirán con el pueblo de Dios.

“Pedimos a nuestro Dios que les conceda llevar una vida digna del llamamiento del Señor y les permita cumplir todo buen propósito conforme a la fe, y así en nombre de nuestro Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en la fe. Pido a la Virgen María, Nuestra Señora del Rosario, causa de nuestra alegría, que les conceda esta gracia para el bien de la iglesia”, dijo monseñor antes de iniciar la ordenación.

RITO DE ORDENACIÓN  

Jesús Albor Vilardy, Freddys Guerra Chinchilla, Gustavo Fragozo Angarita, Jaiden Baute Dávila, Henry Durán y Jorge Balcázar Calderón, fueron los primeros diocesanos aceptados para recibir el Sagrado Orden del Presbiterado en la Catedral Ecce Homo.

Fueron presentados y llamados por su nombre para hacer las promesas y votos ante el Obispo. Con la palabra presente, cada uno de ellos comenzó a recibir la bendición.

Se postraron en el suelo en señal de humildad y de súplica, mientras se escuchaban las letanías de los Santos que terminó con la oración: “Escúchanos, Señor Dios nuestro, y derrama sobre estos siervos tuyos la bendición del Espíritu Santo y la fuerza de la gracia sacerdotal, concede la abundancia de tus bienes a quienes consagramos en tu presencia, por Jesucristo, nuestro Señor. Amen”.

Inmediatamente el Obispo inició la plegaria de ordenación sacerdotal, impuso las  manos sobre cada uno de ellos, ofreció la oración consagratoria que indicaba que ya eran sacerdotes para siempre. “Te pedimos, padre todopoderoso, que confieras a estos siervos tuyos la dignidad del presbiterado; renueva en sus corazones el espíritu de santidad; reciban de ti el segundo grado del ministerio sacerdotal y sean, con su conducta, ejemplo de vida”.

De inmediato recibieron la Estola y la Casulla que los reviste como sacerdote y las manos fueron ungidas con el Santo Crisma. Allí los aplausos y alabanzas no se hicieron esperar,  mientras recibían además el cáliz y la patena.

Luego, y como muestra de acogida en el presbiterio, el obispo y los demás concelebrantes, dieron un abrazo a los nuevos sacerdotes diciéndole “la paz sea contigo, hermano”.

Al finalizar, Monseñor Vélez Isaza manifestó que está convencido de que la alegría del obispo, y también de la comunidad diocesana es contemplar el testimonio de un presbiterio unido entre sí, y unido al sucesor de los apóstoles que el Espíritu del Señor les ha concedido.

Citó la homilía del Papa Francisco del 3 de noviembre de 2014, donde tomó como base el pasaje de la Carta de San Pablo a los Filipenses (2,1-4) y tituló su reflexión: “La alegría del obispo”, alertando sobre las rivalidades y la vanagloria que minan la vida de la Iglesia.

“No buscar el propio interés sino servir humildemente a los demás sin pedir nada a cambio. Aunque Pablo escribe para toda la Iglesia de Filipos, pienso que esto se aplica antes que nada a la comunidad presbiteral”, dijo Monseñor.

SERVIDORES DE LA IGLESIA

Jaiden Baute Dávila es oriundo de Valledupar, tiene 25 años y ha sido una persona muy cercana a la iglesia vallenata desde su niñez. El 20 de octubre de 2018 recibió la ordenación diaconal y desde entonces fue nombrado como Secretario de Monseñor Vélez Isaza, por medio de cual logró conocer distintas realidades que hacen presencia en la Diócesis.

Agradece a todas las personas que han estado presentes en su proceso, y a la vez invita a los jóvenes que sientan el llamado de Dios a seguirlo con alegría para vivir a plenitud.

Gustavo Adolfo Fragozo Angarita, tiene 27 años, natural del municipio Agustín Codazzi. Encontró su vocación participando en las distintas pastorales de la parroquia Divino Niño en su tierra natal; fue ordenado diácono en el 2010 por monseñor Oscar Vélez Isaza y estuvo de misión en los Centros de Pastoral Nuestra Señora de Chiquinquirá y María Madre y Reina de la Misericordia.

Jorge Luis Balcázar Calderón, es de La Guajira, tiene 25 años y cumplió su experiencia pastoral en la parroquia Nuestra Señora del Rosario. Uno de sus anhelos en la vida presbiteral es “trabajar por los pobres y apoyar a los jóvenes que buscan respuesta en la Iglesia”.

Jesús Alberto Albor Vilardy, nacido en Barranquilla y con 28 años de edad, descubrió su vocación en las actividades parroquiales en Pueblo Bello e ingresar al seminario en 2009. Fue ordenado diácono en octubre de 2018 y como sacerdotes aspira trabajar por la grey, cumpliendo las palabras de San Pedro: “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente,…”.

Freddy Guerra Chinchilla nació en Curumaní, tiene 30 años, y comenzó su vocación en la parroquia Santísima Trinidad de Curumaní. Aspira anunciar el evangelio sin descanso en las parroquias donde el Señor lo enviará. Fue ordenado como diácono el 4 de noviembre de 2015.

Henry Alfredo Durán, es nacido en Villanueva, Guajira, tiene 30 años y descubrió su vocación durante su participación en las actividades religiosas de Urumita. Fue ordenado diácono el 20 de octubre de 2018 y quiere vivir su ministerio con alegría para entregarse al servicio de las comunidades.