Diario del Cesar
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A siete años de la gesta Olímpica de Óscar Muñoz

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POR: JOSÉ ALEJANDRO MARTÍNEZ VEGA

Un 8 de agosto como hoy, pero de hace siete años, las patadas de un jovencito de 19 años paralizaron a Valledupar y al país. 

Ese mediodía vallenato de aquel miércoles un hecho histórico marcó un antes y un después para el deporte del Cesar.

Ese día, el taekwondoga Óscar Muñoz Oviedo tocó la gloria y el cielo con sus pies al colgarse la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres.

2.555 días después de aquella gesta, su protagonista recuerda como si hubiese sido ayer la tarde en la que su vida dio un giro de 180 grados y lo convirtió en una leyenda vallenata.

En la retina de Óscar convive aún ese momento en que después de vencer al tailandés Pen-Ek Karaket se montó al podio universal donde solo suben los talentos privilegiados del mundo deportivo.

“Recuerdo antes del combate, los consejos del hermano del profesor Vidal –el psicólogo Jorge Armando Vidal-  me decía que fuera con seguridad y que sí se podía, que nos habíamos preparado para ese objetivo de conseguir la medalla olímpica, meses anteriores nos dedicamos a estudiar todos los competidores que iban a estar en mi categoría en esos olímpicos, efectivamente uno de los que más se estudió fue con el que se tuvo la disputa por la medalla de bronce”, recuerda Óscar en charla con DIARIO DEL CESAR.

Para llegar al histórico combate, Muñoz tuvo que derrotar, en la primera ronda, al argelino El Yamine Mokdad; y en cuartos de final, al rival yemení Mohamed Al Kubati.  Luego cayó en semifinal ante el campeón mundial y número uno del ránking, el español Joel González, quien lo mandó a la repesca donde enfrentó Pen-Ek Karaket.

Ante el tailandés, hizo historia.  Pero como todo camino a la gloria, no fue fácil.  En el último segundo del combate casi se le escapa el triunfo de las manos cuando el rival le lanzó una patada en el rostro que de haber sido válida hubiera deshecho el sueño de miles. 

Ese sonido del marcador electrónico subiendo 3 puntos, paralizó a la capital del Cesar y por supuesto al mismo Óscar que no daba crédito a lo que sucedía.  El 6-4 se convertía en 6-7 y la presea se perdía en el espacio de la decepción. Aunque había dominado a su rival y lo tenía bloqueado, la presea histórica estaba en duda.

Sin embargo, su entrenador Álvaro Vidal Martínez  no dudó.  Una sonrisa cómplice entre él y su dirigido era la señal inequívoca que la medalla sería vallenata.    

Se levantó, mostró la tarjeta roja -que en esa disciplina significa pedir la revisión en video- y mientras esperaba la decisión, se abrazó con Óscar. Los jueces le dieron la razón: la primera medalla olímpica del taekwondo era vallenata.

“Recuerdo como si fuese ayer, minuto a minuto, más cuando en esa recta final, que hago en movimiento y el contrataca me impacta en el cuello, no en la cabeza, y efectivamente se pudo retractar; pero en el momento me quedé frío, pero decía que no me había impactado en la cabeza, el profe se levantó, reclamamos y efectivamente en el video replay se vio que no me había pegado”, recuerda Muñoz.

FESTEJO Y LOCURA EN VALLEDUPAR

Como era de esperarse, la consecución del bronce olímpico desató la locura y el festejo no se hizo esperar en la capital del Cesar.  Un Festival Vallenato se prendió en honor al muchacho humilde del barrio Villa Castro, al sur de la ciudad, a quien ahora el mundo conocía.

Llegó el anhelado regreso y, como suele suceder en estos casos, las máximas autoridades del departamento le organizaron un gran recibimiento solo comparado con las caravanas que provocaba Diomedes Díaz cuando lanzaba un ‘CD’.

Del aeropuerto Alfonso López Pumarejo a la plazoleta de la Gobernación, un río de gente acompañó al campeón olímpico.  “Esa caravana es inolvidable, muchísima gente detrás apoyándome, siempre agradecido por el pueblo cesarense y en general, porque todo el país me apoyó”, acotó.

Dese ese día, la vida de Óscar Muñoz cambió ostensiblemente.   Aunque sigue siendo el joven humilde que saluda tímidamente, ya no reside en la vivienda de ‘Cola de Caballo’, llamado así porque es el último sector en el suroriente de la ciudad.

Además, se atrevió a participar del reality ‘El Desafío’ el cual terminó ganando y donde ratificó que nació con el don de ser un vencedor.   También creó su propia escuela de taekwondo London con la cual aspira a formar más Óscar Muñoz. “Esa medalla me ha abierto muchísimas puertas, tanto a nivel de conocimiento como económicamente, agradecido con Dios por todo lo bueno que ha pasado”, reconoce.

El último reto de Óscar Muñoz serán los Juegos Deportivos Nacionales en Cartagena donde espera sellar, con un oro para el Cesar, una carrera que lo encumbró al olimpo del deporte.