Diario del Cesar
Defiende la región

Casona de ‘La Cacica’ reabrió sus puertas para preservar el vallenato

1

Hay casas que se construyen con paredes, puertas y ventanas, y hay otras que terminan construidas con recuerdos, así es la antigua casona de la plaza Alfonso López. Entre sus patios y corredores se escucharon durante décadas acordeones, versos, conversaciones y relatos que ayudaron a darle forma a una de las expresiones culturales más reconocidas del país.

25 años después de la muerte de Consuelo Araújo Noguera, ‘La Cacica’, ese lugar vuelve a abrir sus puertas. La familia Molina Araújo y la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata inauguraron allí la Casa Museo Consuelo Araújo Noguera, un espacio concebido para preservar la memoria de una mujer que hizo de su propia casa un territorio para el vallenato.

La reapertura se produjo dentro de la programación conmemorativa de los 25 años de la ausencia de ‘La Cacica’ y con el acompañamiento de la Fundación Universitaria del Área Andina y la red Colsafa, vinculada a la protección y divulgación del patrimonio.

Más que una exposición de fotografías y objetos, la nueva casa museo propone reconstruir una época. Sus espacios evocan aquellas parrandas del viejo Valledupar en las que músicos, escritores, políticos, campesinos e intelectuales podían encontrarse alrededor de un acordeón y una conversación.

Las imágenes de Consuelo junto a figuras del folclor, la literatura y la vida pública ocupan distintos espacios de la casona, mientras elementos propios de la época ayudan a recrear la atmósfera de aquellas tertulias que hicieron de este inmueble uno de los escenarios íntimos de la historia cultural de la ciudad.

REFUGIO DE JUGLARES

Para la familia Molina Araújo, recuperar la casona significa asumir una responsabilidad que va más allá del apellido y de la memoria familiar.

Hernando Molina Céspedes, hijo mayor de Consuelo, recordó a su madre como una mujer luchadora, disciplinada y recta, pero también como una gestora cultural que defendió el vallenato cuando todavía era mirado con distancia por algunos sectores de la sociedad vallenata.

“Este no es solo un compromiso con Consuelo Araújo, es un compromiso con Valledupar”, expresó durante la apertura, al señalar que el legado recibido por la familia debe ser preservado para que las nuevas generaciones conozcan de dónde viene la identidad cultural de la ciudad.

Durante años, cuando el vallenato todavía encontraba resistencia en algunos círculos de la ciudad, las puertas de la casa de Consuelo permanecieron abiertas para los músicos.

Por allí pasaron Alejo Durán, Náfer Durán, Leandro Díaz, Rafael Escalona, Luis Enrique Martínez, Toño Salas, Emiliano Zuleta, entre otros; convirtiendo el lugar en mucho más que una residencia familiar; fue un espacio para el encuentro de una tradición que terminaba en parrandas para transmitir historias, construir amistades y mantener viva la memoria de los pueblos. “Esta Casona fue el epicentro del vallenato”, recordó Molina Céspedes.

 

SIETE ESTACIONES PARA REGRESAR AL VIEJO VALLEDUPAR

La experiencia museográfica fue diseñada para que el visitante no se limite a observar objetos, sino que pueda acercarse a la época y a la personalidad de ‘La Cacica’.

El recorrido está dividido en siete estaciones. La primera, ‘La casa despierta’, introduce al visitante en el ambiente de la antigua vivienda mediante la intervención de un intérprete del patrimonio.

Luego aparecen ‘La memoria del pueblo’ y ‘La voz indígena’, espacios que incorporan las raíces campesinas y arhuacas dentro de la construcción cultural del territorio.

La ruta continúa con ‘El visitante europeo’ y ‘La casa de Consuelo’, donde la experiencia se concentra en la vida cotidiana de la mujer que convirtió su hogar en punto de encuentro del folclor.

Uno de los momentos centrales llega con ‘Cuando las historias se vuelven música’, una recreación de aquellas tertulias en las que la palabra y la música se encontraban. Allí aparecen evocaciones de encuentros entre Consuelo Araújo, Gabriel García Márquez y Rafael Escalona, entre otros protagonistas de la vida cultural de la región.

El recorrido concluye en el ‘Patio social parrandero’, un espacio en el que músicos, bailarines y visitantes vuelven a encontrarse alrededor de los sonidos tradicionales. La experiencia, pensada para grupos de hasta 25 personas, tiene una duración aproximada de 13 a 14 minutos.

 

UNA MEMORIA QUE NO QUIERE QUEDARSE EN ABRIL

La apertura de la Casa Museo también plantea un propósito para el centro histórico de Valledupar: que la actividad cultural no se concentre únicamente en los días del Festival de la Leyenda Vallenata.

Yarime Lobo, arquitecta y artista vinculada al proyecto, destacó que la casona ocupa un lugar estratégico frente a la plaza Alfonso López y que su recuperación pretende contribuir a que el movimiento cultural de la ciudad permanezca activo durante los 365 días del año.

La apuesta, entonces, es convertir el lugar donde alguna vez se reunieron los juglares en una puerta permanente hacia la historia del vallenato.

Para Yanelis González, directora de la Casa de la Cultura de Valledupar, el legado de Consuelo no permanece únicamente en libros y fotografías. También está presente en las canciones, en el Festival de la Leyenda Vallenata y en la manera en que la ciudad reconoce su patrimonio.

La funcionaria destacó que ‘La Cacica’ comprendió que el vallenato era mucho más que un género musical; era una forma de narrar el territorio y reconocerse como comunidad.

Durante la inauguración, los Niños del Vallenato de la escuela Rafael Escalona interpretaron clásicos del folclor, mientras una puesta en escena recreó algunos momentos de la vida cotidiana de Consuelo Araújo Noguera.

El principal significado de la Casona es no conservar el vallenato como una pieza inmóvil del pasado, sino permitir que la memoria dialogue con quienes continuarán escribiendo su historia.