La primera encíclica de León XIV “Magnifica Humanitas” es una pieza mayor de la doctrina social de la iglesia. Recordando la carta “Rerum Novarum” de su antecesor León XIII que se refirió a las “cosas nuevas” del mundo hace 135 años: sindicalismo, la huelga, las relaciones entre el capital y el trabajo, la modernización de los instrumentos económicos en el mundo capitalista, León XIV nos habla en esta ocasión de las “cosas nuevas” en el momento actual: siendo la inteligencia artificial la principal de ellas.
Obviamente, la posición del Vaticano no es adversa a la inteligencia artificial. Reconoce que abre caminos promisorios para la humanidad. Pero nos pone en guardia de que si no está bien regulada por los responsables mundiales puede conducir a una nueva modalidad de esclavitud. O a una plutocracia de la IA sin sentido social ninguno.
“No es mi intención, dice el Papa, ofrecer aquí un tratamiento sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones también en el ámbito eclesial. A las que es posible hacer referencia. Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, sea la que guie las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”.
He encontrado también -aunque por supuesto no lo menciona- una réplica tácita a lo que representa Donald Trump actualmente. La encíclica está llena de críticas muy fuertes a quienes creen que la única razón válida en el mundo contemporáneo es la del más fuerte. Llama injusta a la guerra que simplemente se apoya en la fuerza de las armas. Que, en el fondo, es la lógica que informa el pensamiento rupestre y primitivo del mandatario de los Estados Unidos
Condena también el Pontífice a quienes están destruyendo el multilateralismo, las normas jurídicas que hasta no hace mucho regían las relaciones entre los países; en síntesis, las relaciones civilizadas entre los países. No hace falta recordar que el liderazgo de esta nueva visión de las relaciones internacionales se llama Donald Trump.
Así como nos pone en guardia el Papa sobre las nuevas esclavitudes que pueden desencadenarse si se desboca un instrumento como la inteligencia artificial, aprovecha el papa para pedir disculpas por el silencio que guardó la Iglesia católica en condenar rotundamente -como debió hacerlo- la trata inhumana de esclavos entre el siglo 16 y el 19.
Esta condena retrospectiva de la esclavitud se enmarca en la línea de la reciente resolución que adoptaron no hace mucho las Naciones Unidas del esclavismo practicado por las potencias europeas en los cuatro siglos mencionados; condena que se abstuvieron de acompañar favorablemente por cierto dos países: Estados Unidos e Israel.
También coincide esta condena papal con el acto simbólico que tuvo la semana pasada en el parlamento francés al derogar el llamado “código negro”, conformado por el conjunto de normas para regulaban el esclavismo, dictado por Luis XVI a comienzos del siglo 17. Y que por alguna curiosa razón se había quedado sin derogar desde entonces. A pesar de que la esclavitud fue abolida en el siglo XIX por todos los países que practicaron la vergonzosa trata negrera.
Qué bueno sería que los partidos políticos y los candidatos a la presidencia se leyeran con cuidado esta importante encíclica. Ayudaría mucho a elevar la altura al debate político en Colombia que ha caído a tan menesteroso nivel.
Y qué bueno sería igualmente que este texto del Papa lo leyera el Eln, que se dice seguidor de las enseñanzas pontificias pero que tan poca atención les presta.
*Exministro de Estado