El Pacto Histórico en cabeza del presidente Gustavo Petro, no solo abandonó el Pacífico colombiano, lo tiene en la miseria y bajo el terror; irónicamente, luego de haberlo llevado al poder. Las apuestas del cambio para la región más vulnerable del país, quedaron en mera charlatanería, y el dinero en el bolsillo de los corruptos y politiqueros.
Así lo ha reconocido repetidamente, la misma vicepresidenta de la República Francia Márquez, la que siendo oriunda de Suárez (Cauca), no hizo nada por sus comunidades, las decepcionó y al final del mandato sigue, casi inexistente, sepultó por mediocre al ministerio de la Igualdad, de su propia creación, el que nunca debió existir, por inservible, pero sí cumplió una promesa, se dedicó a “vivir sabroso”, usufructuando en viajes, comodidades y helicóptero ejecutivo, los impuestos de los colombianos.
Fueron 2.514.101 votos que definieron en segunda vuelta, la elección de Petro en los departamentos del Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, representando un 25% de la votación total. En el Chocó, por el entonces candidato presidencial, votaron 8 de cada 10 personas, en el Valle del Cauca 6, y en Cauca y Nariño 8. Sin embargo, su Plan Nacional de Desarrollo 2023-2026 para el Pacífico, como “eje de transformación para la convergencia regional” ha sido un completo fracaso. El Chocó y el Cauca, por ejemplo, al igual que La Guajira alcanzaron el 50% de pobreza y el 30% de desempleo, mientras Bogotá y Medellín, gracias al liderazgo de sus alcaldes, la redujeron al 20%. 9 de cada 10 hogares Chocoanos se sienten en total pobreza. El presupuesto destinado para construir y mejorar las vías terciarias en Nariño reporta el 0% de ejecución y las obras de infraestructura en la región, no superan el 10%. ¡Increíble!
Las comunidades del litoral pacífico tienen millones de razones para no repetir sus millones de votos a favor del Pacto Histórico. Su candidato presidencial está cabalgando sobre las falacias del gobierno, cada vez más desgastado por los acumulados escándalos de corrupción, el aumento del narcotráfico, la generalización del terrorismo, el recrudecimiento de la criminalidad y la legitimación de la violencia. Sus comunidades están sometidas y atemorizados por las disidencias que el mismo Gobierno fortaleció, con la fallida paz total y que enriqueció regresándolos a sus zonas de economía criminal. Son más de 300 acciones terroristas que arrojan 35 víctimas en la última semana, asesinadas por el terrorismo, en cabeza de alias “Mordisco” y alias “Marlon”, privilegiados durante tres años por este gobierno. Los mismos que han protagonizado 49 masacres desde 2023 en todo el territorio nacional.
El pacífico colombiano registra el 50% (108.000) del total de las hectáreas de hoja de coca en el país. En este gobierno, los cuatro departamentos presentan un incremento progresivo de cultivos ilícitos. Nariño es el número uno con 64.990 has, aumentando en 7.990 has, Cauca pasó de 28.000 a 31.844 has, Chocó de 6.500 a 6.882 y el Valle de 4.000 a 4.970 hectáreas cultivadas. De otro lado, la minería ilegal alcanzó el 80% de la producción nacional. Un cuadro que corrobora la guerra sangrienta de criminales por apoderarse de las economías ilícitas en la región. Las autoridades hacen su esfuerzo, el sacrificio es alto, pero, difícilmente pueden avanzar, operando con las capacidades del pasado.
A este deplorable escenario se suman los constantes desatinos del Primer Mandatario con el gobierno de Ecuador y su gente, paisanos del litoral pacífico, que acusa de ser los responsables del terror en nuestro país, de ingresar y suministrar explosivos a las disidencias para atacar a la población civil. Y lo más insólito, de actuar en asocio con la derecha colombiana para abonar su elección presidencial. Nada más descabellado podría escucharse de un presidente de la República, con razón la enérgica y acertada reacción de su homólogo Noboa de Ecuador.
Definitivamente las razones para entender la crisis de liderazgo y de gobernabilidad del actual mandatario son irrefutables. Mientras las comunidades del Pacífico enfrentan el terror, el presidente publica imágenes festejando su cumpleaños, se desgasta con desespero en las redes sociales, para desmentir sus reuniones cuestionadas en la isla de Manta, al tiempo que desautorizaba a sus ministros por los constantes teléfonos rotos que han sido habituales en este gobierno.
Los mal llamados “nadies” que mezquinamente denominó la vicepresidenta con fines electorales, refiriéndose a las comunidades más pobres de indígenas, campesinos y afros, representan el 85% de la población pacífica colombiana, los mismos que eligieron al Pacto Histórico con un representativo 25% de la votación, han sido traicionados y abandonados por su propia dirigencia, utilizados a cambio de promesas que nunca llegaron y que nunca llegarán, de continuar apoyando en actitud ingenua, subordinada y complaciente a quienes, solo les han dejado, en estos cuatro años, más miseria, más criminalidad y más violencia.
*Exdirector de la Policía Fiscal Aduanera.