En medio de la efervescencia cultural que marca cada jornada del Festival de la Leyenda Vallenata, Valledupar vivió una pausa significativa para dar paso a una de sus manifestaciones más arraigadas, la conmemoración de la Virgen del Rosario, considerada patrona espiritual de la ciudad.
Decenas de fieles se congregaron en templos y espacios públicos para participar en la eucaristía central, presidida por monseñor Óscar Vélez Isaza, quien invitó a la comunidad a fortalecer la fe en medio de las celebraciones folclóricas. La ceremonia religiosa estuvo marcada por un ambiente de recogimiento que contrastó con la habitual dinámica festiva de la capital cesarense durante esta temporada.
Posteriormente, la imagen de la Virgen del Rosario fue llevada en procesión por las principales calles de la ciudad, acompañada por cantos litúrgicos, plegarias y expresiones de devoción popular. Familias enteras, visitantes y habitantes locales se sumaron al recorrido, reafirmando una tradición que, año tras año, convoca a la comunidad en torno a sus raíces espirituales.
La jornada no solo tuvo un carácter religioso, sino también histórico y cultural. La celebración rememora el denominado “milagro de la Virgen del Rosario”, un relato que, según la tradición oral, se remonta al siglo XVI durante los enfrentamientos entre comunidades indígenas y colonizadores españoles. De acuerdo con esta versión, la aparición de la Virgen habría intervenido para detener la confrontación, proteger a los involucrados y sanar a quienes habían sido afectados por sustancias tóxicas, configurando así uno de los episodios fundacionales de la identidad local.
Este acontecimiento ha sido interpretado con el paso del tiempo como el origen simbólico de la llamada “leyenda vallenata”, base espiritual sobre la cual se erige el festival que hoy proyecta la cultura de la región a nivel nacional e internacional. En ese sentido, la conmemoración religiosa se integra al calendario del festival como un recordatorio del vínculo entre la fe y el folclor.
Durante la jornada también se desarrollaron representaciones alusivas al milagro, así como ofrendas tradicionales que evocan prácticas ancestrales del territorio.
Más allá de la música y la celebración, la identidad de Valledupar está profundamente ligada a una tradición espiritual que sigue vigente.