Hoy termina el año 2019 y como es tradicional llega la hora de los balances y de los propósitos frente al nuevo año. No hay dudas que a nivel Global concluye un año bastante convulsionado, que pareciera más bien el desarrollo de un libreto universal que puso a prueba a muchas democracias en el mundo con un inusitado inconformismo ciudadano cuyos orígenes de fondo y de verdad aun están por establecerse. Un año en el que el medio ambiente y el cambio climático cobraron mas fuerza que nunca y empezaron a pasarnos de manera insospechable la cuenta de cobro ante tata indiferencia e irresponsabilidad. Un año en el que los principales colosos de la economía mundial y de responsabilidad política, dejaron conocer las nuevas normas de conducta en materia de relaciones: la extorsión y las amenazas, estilo nuevo y peligroso liderado por las superpotencias de Estados Unidos, China y Rusia. Un año en el que la crisis de los migrantes en distintas partes del Planeta no ha despertado la solidaridad humana frente a la verdadera dimensión que ello representa. Un año donde Latinoamérica sigue ahora sí con absoluta indiferencia, lo mismo que el resto de los países lo que ocurre en Venezuela, un país completamente inviable por un régimen criminal, corrupto y bandido. A dicha nación se le ha dejado sola, complemente sola para que sea su propio pueblo, cómplice de quien gobierna, el que solucione su propio conflicto, que por lo visto no lo hace en razón a que también podría pensarse que están contentos con déspota que los Gobierna. Y mientras tanto, sigue Venezuela expulsando de su territorio a sus más vulnerables núcleos sociales de los que se ha desprendido por el enorme costo que demanda mantenerlos. Así de sencillo podría resumirse la llamada ola migratoria venezolana. Ha sido el mismo Gobierno socialista de Maduro el que ha enviado al destierro a más de 4 millones de personas a las que no les puede dar comida, salud y trabajo, ocasionando en los países vecinos una crisis social, como la que está padeciendo Colombia porque no se tienen los recursos con qué mantener, por ejemplo al millón y medio de venezolanos que hoy tenemos.
En lo interno, no escapó Colombia a esa rara expresión ciudadana que se esparció por todo el mundo pidiendo soluciones a los problemas eternos y comunes en todas las naciones. Soluciones que demandaban ser resueltas de inmediato, atropellando desde luego la esencia misma de la institucionalidad y los cimientos de la democracia.
Seguimos teniendo un país enormemente polarizado, que se resiste a abandonar la confrontación política y donde el canibalismo por parte y parte pareciera ser el único punto que nos identificara. Una sociedad dividida, insensata muchas veces y por lo general hipócrita que se resiste a abandonar ese papel de indiferencia con el que se arropa para no saber nada de sus propias responsabilidades.
El año 2019 ha sido un año raro para la sociedad colombiana. Se percibieron realidades diferentes en las que como nunca antes jugó un papel preponderante lo que ocurría en el sector externo. Y junto a ello se ha puesto a prueba a un Gobierno bien intencionado pero ingenuo, que muy a pesar de enarbolar sus políticas de equidad, seguridad, emprendimiento, economía naranja, ha sido incomprendido tal vez por falta de liderazgo y de coherencia política al momento de las grandes decisiones frente a su coequipero, el Congreso de la República. Sin embargo, abrigamos las esperanzas que con el nuevo año se puedan materializar los propósitos del Gobierno por conducir ciertamente al país por el camino correcto.
Y este año acudimos a las urnas y elegimos a nuestros gobernantes regionales y locales, lo que representó en algunos casos un esfuerzo titánico para buscar el liderazgo ejemplar. No dudamos en que la gente habló en las urnas y tomó las decisiones que ha creído más convenientes y esas decisiones deben ser acatadas y respetarse. No olvidemos que el pueblo es el que traza su propio futuro. Si eligen buenos gobernantes ello se verá reflejado en progreso y desarrollo. Si se equivocan, la frustración será mayor junto a la desesperanza y consecuencialmente con ello un salto al vacío.
Pero más allá de los resultados que nos arrojó recientemente la democracia, consideramos que ha llegado el momento en que la sociedad del Magdalena haga un análisis de sí ha cumplido las tareas y responsabilidades inherente a su participación como núcleo social que somos. Ese juicio de responsabilidad en toda la crisis que vivimos también es determinante. En estos momentos de análisis y reflexión, pensemos mas en nuestro papel y desempeño como sociedad, en el trabajo honesto y desinteresado por el bienestar de nuestros niños, niñas y adolescentes, de los adultos mayores y de los desamparados, que en nuestros intereses particulares. Y esa es la tarea que nos resistimos a hacer. Si se hace bien reconforta el alma, alivia el espíritu y nos hace mejores ciudadanos.
DIARIO DEL CESAR como tribunal libre e independiente del periodismo al servicio y en defensa de la sociedad, de las instituciones democráticas y de la Patria, podemos decirles que nos sentimos orgullosos de la tarea que a diario realizamos, la cual no hubiera sido posible sin el concurso entusiasta y decidido de todos ustedes. Gracias a ese respaldo es que hemos podido consolidar esta empresa de comunicaciones la cual mantiene un indiscutible liderazgo en la región.
Al concluir este año le rogamos al Dios del Universo que el 2020 les traiga bienestar y prosperidad; alegría y paz. A todas y todos felices fiestas, pero sobre todo un Feliz, Venturoso y Próspero Año Nuevo. Esos son nuestros mejores deseos. !Felicidades!