Uno de los motores dinámicos de la economía es sin lugar a dudas la industria de la construcción donde tiene un papel preponderante el Gobierno con el desarrollo de sus programas sociales de vivienda. En el cuatrienio anterior esa dinámica fue descomunal. La administración de entonces pudo entregar miles y miles de viviendas subsidiadas y otras miles más dentro de los programas trazados por el Ministerio del ramo en su momento.
Cuando todos pensábamos que el Gobierno del Presidente Iván Duque iba a continuar con esas políticas de darle techo a los colombianos que no lo tienen o a mejorar lo que encontró, vimos la aparición de una política endeble, mal orientada, mal ejecutada que inclusive recientemente
le valió un jalón de orejas por parte de la Contraloría General de la República al ministro de Vivienda, Jonathan Malagón donde se considea como pésima su gestión en lo referente a los avances del Plan Nacional de Desarrollo 2018- 2022.
Dijo el organismo de control que no existe continuidad en el programa de viviendas totalmente subsidiadas o gratuitas que otorgó cerca de 130.000 alojamientos. Frente a ello, resalta el informe que el Gobierno no formuló soluciones alternativas para la población en condiciones de extrema pobreza y vulnerabilidad. Tampoco se definió una meta asociada al programa VIPA dirigido a la población con ingresos de hasta 2 salarios mínimos mensuales vigentes y no se cuenta con un inventario de la oferta de vivienda a la cual podrán acceder 140.000 hogares, y que específicamente se debería contar, a la fecha, al menos con un inventario para los 40.000 hogares que se pretende beneficiar, antes del 31 de diciembre de 2019. No se ha definido tampoco, indicó la Contraloría, una estrategia con metas que apunten a resultados de mejora del entorno y accesibilidad a servicios institucionales para el urbanismo y el espacio público.
En las metas de reciclaje, solo se ha alcanzado el 15% y el tratamiento de aguas residuales urbanas un 54%…eso traduce que son resultados insuficientes frente a los compromisos de desarrollo sostenible que ha adquirido el país. . Y ojo a esta observación: la entidad que presenta el mayor atraso en cuanto a la ejecución presupuestal es el Ministerio de Vivienda, con un 4,69% de avance, seguido por el Fondo Nacional de Vivienda que presenta un avance de 16,14% aunado a un bajo avance físico del 21,56% . Ello refleja la incompetencia de quien dirige esa cartera la cual se tradujo en nido burocrático y de amiguismo donde el único mérito para estar allí es tener el popular corte de cabello llamado ´la perra´.
Pero sigamos. La Contraloría General critica que los indicadores estructurados por el Minvivienda no permiten medir los resultados reales del avance de las metas. Incluso, el avance de programas como Semillero de Propietarios y Casa Digna, Vida Digna, componente mejoramiento de barrios, muestra la Contraloría un avance real de 0%. Y el componente de mejoramiento de vivienda, avance de 3%. Por otro lado, alerta que el sector Vivienda presenta un leve decrecimiento de los recursos presupuestados entre 2019 y 2020, con especial impacto en inversión, subsidios de vivienda, proyectos destinados a acueducto y alcantarillado y la gestión integral de residuos sólidos. Lo anterior se verá reflejado en el rezago de metas del cuatrienio y también en la restricción de recursos para cofinanciar proyectos de acueducto, alcantarillado y gestión integral de residuos sólidos a nivel nacional. El ente de control también advierte que las soluciones habitacionales urbanas nuevas cofinanciadas por el Gobierno Nacional se reducen frente al cuatrienio anterior y que la meta actual no es consecuente con la formación de hogares y no permitiría continuar disminuyendo el déficit habitacional.
Ese informe de la Contraloría no pudo ser refutado por el Ministerio de Vivienda por lo contundente y real que es. Y mientras tanto, millones de colombianos que no tienen casa y fueron ilusionados por el Gobierno Duque de tener la esperanza de poder acceder a los subsidios del Estado para tener techo propio, se desvanece con el sabor amargo de la frustración.