Diario del Cesar
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Digámosle no a la pólvora, ¡por favor!

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Lamentable el balance sobre la cifras de lesionados con pólvora que han prendido las alarmas de las autoridades nacionales, luego de que en los primero 15 días de diciembre se registraron 247 personas quemadas con artefactos pirotécnicos, tres menos que en el mismo periodo del año anterior. Entre los lesionados se encuentran 92 menores de edad, que representan un 18 % menos que en 2018, cuando iban a la fecha 112 lesionados; y 155 mayores de 18 años, cifra que sobrepasa en un 12 5 a la registrada el año pasado, cuando a la fecha se reportaban 138 adultos.

Lo que más preocupa a las autoridades son las cifras de lesionados bajo los efectos del alcohol, que para la fecha va en 56 mayores de edad, un 36 % más que el año anterior, y cinco menores lesionados en compañía de adultos bajo los efectos del alcohol, un 6 % más que en 2018.

Hay que ser claros: la pólvora en Colombia está prohibida para usos por fuera de los permitidos por las autoridades. Esto quiere decir que quienes la utilicen en las celebraciones domésticas, de una o de otra forma, están siendo cómplices de un delito, al tenor de la Ley 670 del 2001 y del Decreto 4481 del 2006, que regulan la fabricación, distribución, venta y uso de juegos pirotécnicos.

Castigos a los padres por los hijos quemados se quedan en el papel

Aquí no caben eufemismos ni distorsiones que tratan de insinuar que las normas solo cobijan a personas en estado de embriaguez y a niños, en virtud de la protección de su integridad; es necesario abrirle paso a la sensatez para entender, de una vez por todas, que no hay pólvora segura para ninguna edad.

La tradición tampoco justifica que por respeto a ella las cifras de quemados por esta causa, anualmente, se tengan que contar por centenares. No hay derecho que menores de edad terminen lesionados, muchos de ellos marcados de por vida, con unas consecuencias dolorosas y costosas. Y aunque hay que valorar que los registros han disminuido, esta tendencia no debe dejar tranquilo a nadie.

El objetivo ideal sería que en estas festividades de fin de año no hubiera una sola víctima por quemaduras de pólvora en ninguna parte del país. Sin embargo, con que estos episodios fueran la excepción que confirma la regla de un ‘no a la pólvora’ colectivo, amparado por la actitud vigilante de toda la comunidad y las campañas preventivas y disuasivas de las autoridades, resultaría un buen balance.

Y en este contexto, decir que los quemados el día de las velitas fueron la mitad de los del año pasado en casi todo el país es bueno, pero no es suficiente ni aceptable. Ya es hora de cambiar la costumbre noticiosa de sumar diariamente lesionados por pólvora en las fiestas de fin de año. Esa es una tarea en la que todos tenemos responsabilidad: los alcaldes, la Policía, los padres de familia. El ‘no a la pólvora’ debe ser una consigna general. Esta sí, una tradición, pues los irreparables y absurdos dramas de quemados, muchas veces por esa mezcla de licor y pólvora, no tienen cabida en el mes que se supone más alegre, en especial para los niños.

Hace pocos días, el Instituto Nacional de Salud (INS) corroboró con estadísticas lo que es una verdad evidente de la que todo el mundo está convencido: “La temporada decembrina navideña y de año nuevo, como es de esperarse, es la época de mayor incidencia de eventos en salud como consecuencia de la manipulación y uso inadecuado de la pólvora”. Tradicionalmente, por esta época, los medios de comunicación difunden profusamente noticias sobre gente muerta o herida por quemaduras de pólvora, especialmente niños, que no sólo ocurren durante el uso final de los juegos pirotécnicos, sino durante el proceso de fabricación, almacenamiento, transporte y comercialización.

Hay un hecho que no admite discusión ninguna, que reitera el INS: “La pólvora es un material explosivo extremadamente peligroso que nunca debe ser manejado por personas sin conocimiento ni por menores de edad. Únicamente adultos entrenados en su correcto uso deben manipularla. Por inofensivos que algunos juegos pirotécnicos puedan parecer, el riesgo de sufrir algún tipo de lesión es alto, recordemos que las quemaduras más comunes están relacionadas con órganos como piel, ojos y oídos. En casos más extremos puede llevar a amputaciones y hasta a la muerte”.

La Defensoría del Pueblo adelanta una intensa campaña para evitar el uso irresponsable de la pólvora en todo el país, insistiendo en hacer respetar una prohibición que está vigente hace muchos años, pero que la terquedad de muchos padres y la complacencia de algunas autoridades, dificultan cumplir. La idea es que la época de Navidad y Año Nuevo no debe convertirse en una tragedia para las familias colombianas. Basta con que cada uno de nosotros diga no a la pólvora en estas fiestas decembrinas, y especialmente que impidan a sus hijos menores manipular artefactos explosivos.

Esta temporada es un período de felicidad para las familias colombianas. En todas las casas se comparte con los seres queridos, donde los abrazos, los besos, los regalos y los buenos deseos son los protagonistas perfectos del año que termina. Sin embargo, hay muchas personas para quienes las fiestas decembrinas se convierten en una pesadilla por culpa de la pólvora. Algunos han perdido padres, hijos, esposos y seres queridos. Por culpa de la pólvora, muchos han visto cómo la que debería ser una temporada de alegría y amor compartido se convierte en una tragedia dolorosa que pudo haberse evitado. Digámosle no a la pólvora por favor,.