Diario del Cesar
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‘La Tramacúa’: albergue de asesinos y violadores en serie

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Entre paredes, barrotes y confinados en veinte celdas, pernoctan los criminales más peligrosos en La Tramacúa, o cárcel de Alta y Mediana Seguridad de Valledupar. Allí pasan casi las 24 horas del día, ya que a diario solo toman el sol por una hora ante el peligro que representan.

En dicho centro carcelario hay un pabellón especial en el que habitan los asesinos y violadores más repudiados por Colombia. Está ubicado en la parte posterior del penal, su acceso es más restringido que los demás y solo tiene dos pasillos con veinte celdas.

Las condenas son largas e interminables para su vida. Allí viven enfrentamientos y rivalidades, pero a la final logran acoplarse, pues, aunque muy oscuro y solitario, termina siendo el espacio donde convivirán por los delitos cometidos. Pero algo si tienen en común: maldad, alevosía y nada de sentido humanitario.

ENTRE BARROTES

La primera celda, al subir ese apartado edificio de solo dos pisos, es la de Rafael Uribe Noguera, condenado a 58 años de prisión por haber secuestrado, violado, torturado y asesinado a la niña Yuliana Samboní, de 7 años en Bogotá.

En marzo del 2018 Uribe Noguera pidió “perdón” por el daño causado a la pequeña, pero de nada le sirvió, ya que al llegar a ‘La Tramacúa’ fue marginado por los internos, situación que supo dominar y como uno más, logró acoplarse al centro carcelario que lo verá envejecer.

Le tocó vivir en ‘armonía’ y bajo la custodia de dos guardias que vigilan el patio. Esto, porque la mayoría del tiempo los presos están en sus celdas, de dos metros de ancho por tres de fondo, en las que solo pueden tener útiles de aseo, libros, dos pantalones dos camisetas, agua y mecato. Hasta allí, inclusive, les llevan la comida.

UNA HORA DE SOL

Entre 6:30 y 7:30 de la mañana es la salida para tomar el sol todos los días. A veces se pueden coordinar en horarios diferentes para no reunirlos con frecuencia en el lugar enmallado del primero piso que, según dicen los custodios, casi no les deja ni entrar el sol.

Allí los reclusos tienen balones y pesas fabricadas por ellos mismos de manera artesanal con botellas y palos. Además, hay dos especies de arcos o “banquitas” de fútbol. A veces durante la hora de esparcimiento diaria que salen de las celdas juegan entre ellos.

Seguido de Noguera están delincuentes con gruesos prontuarios criminales como Alejandro Sandoval Argüello, jefe principal de la banda ‘los Urabeños’ en Norte de Santander, condenado a 22 años de prisión por homicidio, lesiones personales y concierto para delinquir, entre otros delitos. Le sigue la celda de Jhon Jairo Velásquez Vásquez, alias “Popeye”, exjefe de sicarios de Pablo Escobar que fue recapturado por extorsión tras pagar su condena.

BUSCAN OFICIO ANTE EL OCIO

Largos y sedentarios son los días para estas personas. El aburrimiento de ver lo mismo lo conllevan a desarrollar actividades dentro de sus celdas. Luis Alfredo Garavito, el mayor violador y asesino de niños de Colombia, por ejemplo, elabora manillas, mientras otros leen o escriben, pero todo el tiempo están en los cubículos.

Junto a Luis Alfredo Garavito, conocido como ‘La Bestia’ y condenado por haber abusado sexualmente y matado a por lo menos 200 niños, están varios de los más peligrosos violadores y asesinos en serie de niños del país.

El llamado también ‘Monstruo de Génova’, ni siquiera sale a tomar el sol por temor a poner en riesgo su integridad, porque es repudiado por el resto de los presos del pabellón. Garavito ocupa la última celda de uno de los pasillos, que incluso está separada del resto por barrotes.

Garavito ni siquiera sale a buscar atención médica cuando la necesita, el galeno va a su celda a revisarlo. En casos excepcionales, encierran a todos los presos antes de conducir a ‘La Bestia’ por los pasillos al puesto de salud de la cárcel de máxima seguridad de Valledupar, además de ser una de las más seguras de Colombia por contar con una infraestructura similar a las de Estados Unidos.

En el mismo pabellón están el ‘El monstruo de cañaduzales’, Manuel Octavio Bermúdez Estrada, acusado del asesinato de por lo menos 30 menores, y Levith Rúa, conocido como la ‘Bestia del Matadero’, el ex policía acusado de asesinar a una estudiante del Sena. También, Javier Velasco, quien asesinó y empaló a Rosa Elvira Cely; Luis Gregorio Ramírez Maestre, ‘el asesino de la soga’, que paga una condena por asesinar a 60 mototaxistas en el nororiente del país.

Recientemente llegó a integrar la lista de los criminales de más alto perfil Adolfo Arrieta, quien confesó haber violado a la menor de nueve años Génesis Rúa y posteriormente haberla incinerado viva en Fundación Magdalena.

Entre otros asesinos también está Orlando Pelayo, condenado por el secuestro y asesinato de su propio hijo Luis Santiago, crimen que hace diez años conmocionó al país. Y Aristófanes Bello, condenado por homicidio.

En el pabellón especial existen dos pasillos en los que se mezclan violadores, asesinos, pero también delincuentes de redes como La Oficina y exparamilitares de alto perfil.

Como casi no salen de sus celdas, allí no existe el expendio o ‘chaza’, que es una especie de tienda que regularmente tienen los patios corrientes y en el que los internos adquieren sus productos. La ‘tiendita’ pasa ente las rejas de las celdas y los barrotes del pasillo, por cada dormitorio, dejando lo que el preso requiera.

La estructura criminal conocida como ‘La Oficina’, que tiene como centro de operaciones a Medellín y su área metropolitana, tiene a varios de sus miembros en el pabellón especial de la cárcel de Valledupar.

Ahí está el recién capturado Juan Carlos Castro, ‘Pichi Belén’, señalado como el segundo de la ‘La Oficina’ después de alias Tom.

En el pabellón también está Sebastián Murillo Echeverri, alias Lindolfo, señalado de ser otro de los cabecillas de la ‘La Oficina’.

El otro pasillo de la cárcel, en la que la temperatura llega a 40 grados, lo encabeza José Eberto López Montero, alias Caracho, quien en 2011 se sometió a la justicia y entregó a la banda criminal Erpac. Paga 26 años de cárcel. También está Jáder Luis Morales Benítez, alias JJ, un exparamilitar barranquillero que ha intentado fugarse de otras cárceles; Freyner Ramírez García, alias ‘Carlos Pesebre’, cabecilla de ‘La Oficina’; Luis Ángel Úsuga Murillo ‘Mochi’, primo de Otoniel y miembro de ese clan.

Entre las actividades que tienen para ‘pasar el tiempo’ los 18 presos que viven en ese alejado patio es mirar la televisión que está colgada de manera artesanal (con alambres y cabuyas) en los pasillos. Están en la mitad entre los barrotes de los cuartos y los que tienen los corredores. En ese pabellón están ubicados al menos 10 televisores, uno por cada dos internos.

‘PONER LA OREJA’ PARA ESCUCHAR LA MISA

Cuando un reo, del área de máxima seguridad, quiere escuchar la palabra de Dios, debe acercarse a la reja y ‘poner la oreja’, pues el padre o pastor, habla en el pasillo para las 10 celdas, por lo que el que quiera puede acercarse a los barrotes y orar.

En un pabellón normal, los presos deciden si acercarse a donde los curas o los pastores que predican alguna religión, aquellos que piden permiso para entrar a las cárceles y orar con los internos. Pero en el pabellón especial de La Tramacúa no es así.

Por la estricta seguridad y sobre todo por el encierro constante, el pabellón especial de ‘La Tramacúa’ es el más temido por los criminales. Los internos le tienen miedo, según lo han manifestado los guardias del penal.

La Tramacúa, tiene un muro de cinco metros de alto por 50 metros de grueso que han impedido fugas. 200 guardianes custodian cerca de 1.500 presos en todo el penal.

TAN SEGURA COMO UNA çCÁRCEL NORTEAMERICANA

Esta penitenciaría de alta y mediana seguridad fue inaugurada en el año 2000, con una inversión de $25.000 millones. 1.600 internos conviven en ella que la rodean muros hechos con un concreto especial diseñado para resistir hasta ataques con explosivos de alto poder.

Desde un cuarto inteligente se monitorean las cámaras de seguridad distribuidas en todo el penal, cuyas imágenes pueden ser vistas desde la dirección del Inpec en Bogotá, tiene cierre electrónico de las puertas. Su vigilancia se hace desde nueve garitas blindadas.

El área que rodea interiormente el penal cuenta con sensores electromagnéticos que rastrean la presencia de cualquier elemento extraño. Cada puerta al interior de la cárcel tiene un sistema de detección de metales. En caso de registrarse la interrupción del fluido eléctrico, cuenta con una planta que solo tarda ocho segundos para activarse.

Al final de cuentas, allí pernoctan violadores en serie, asesinos, narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, extorsionistas y secuestradores, quienes comparte la infraestructura construida con la asesoría del Buró Federal de Prisiones de los Estados Unidos, ubicada a 3.5 kilómetros de Valledupar, capital del departamento del Cesar.