Diario del Cesar
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La Amazonia arde mientras Bolsonaro mira hacia otro lado

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Este miércoles, mientras el oxígeno para el futuro del planeta ardía con los incendios que desde hace 17 días consumen parte de la Amazonia, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, especulaba ante los medios sobre un plan conjunto de las ONG para dañar a su gobierno quemando la selva y grabándola arder.

“El fuego aparece en lugares estratégicos. Hay imágenes de toda la Amazonia”, dijo el mandatario, aunque reconoció no tener pruebas. El aumento de las imágenes de incendios masivos, sin embargo, podría tener otra razón: estos son cada vez más.

Según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), entre el 1 de enero y el 19 de agosto de este año se han registrado 72.843 focos de incendios en la Amazonia, 83 % más que en el mismo periodo de 2018.

El dato al alza coincide con el incremento de la deforestación durante los 8 meses del gobierno de Bolsonaro, que según expertos como Juan Camilo Villegas, profesor de la escuela ambiental de la U. de Antioquia, es una de las causas del aumento de los incendios. Solo en julio, la tala de selva amazónica aumentó un 278 % con respecto al año pasado.

Las cifras, según la académica brasileña Ana Luiza Matos, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), “son un reflejo de las declaraciones del presidente sobre la Amazonia”, enfocadas en la explotación de los recursos naturales.

Escudo o bomba de tiempo

La Amazonia, la selva que contiene un tercio de los bosques primarios del planeta, es conocida como el pulmón del mundo, aunque otra analogía posible sería compararla con un gran sumidero global: en su vegetación se almacenan entre 90.000 y 140.000 millones de toneladas de CO2, según el Foro Mundial para la Naturaleza.

Por lo tanto, la selva es a la vez una escudo y una bomba que puede estallar, según explica Villegas: “Cuando hay un incendio, todo el dióxido de carbono almacenado en las hojas y ramas vuelven a la atmósfera. La Amazonia deja de ser entonces un sumidero de gases de efecto invernadero y se convierte en una fuente de ellos”.

No es exagerado decir que esta semana, en Brasil, ardía parte del oxígeno del futuro del mundo. Anualmente, según la investigación publicada en 2018 por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, los incendios forestales en ese país liberaron en promedio 1.000 millones de toneladas de CO2, el equivalente en peso a 136.986 Torres Eiffel.

El peso, explica Villegas, se siente sobre el planeta. Como en un circuito que se autoabastece, los incendios aumentan la temperatura global, lo que a su vez disminuye la humedad en el ambiente y hace más probable el fuego en una selva en principio húmeda como la Amazonia.

La chispa de los futuros incendios está, también, en cada parche amarillo en el verde de la selva. Las zonas deforestadas para actividades como la ganadería, son como yescas dispersas por el pulmón del mundo que, según Matos, el gobierno de Jair Bolsonaro tiene poca intención de evitar que ardan.

De acuerdo con la experta, los controles institucionales, como los impuestos por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (Ibama) “no están funcionando y los funcionarios encargados han sido atacados por los deforestadores”.

El efecto de este escenario es la pérdida de confianza de la comunidad internacional : Noruega y Alemania retiraron el apoyo económico al fondo para la Amazonia debido al “desinterés” en el tema del presidente Bolsonaro.

Por su parte, afirman los expertos, el gobierno de Bolsonaro, mira hacia otro lado mientras la selva arde a sus espaldas.

El Colombiano