Diario del Cesar
Defiende la región

Esfuerzo en tiempos de la IA

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Estamos viviendo posiblemente una de las revoluciones tecnológicas más grandes de la historia de la humanidad. En 2023 nos sorprendíamos porque ChatGPT podía escribir un correo, y en cuestión de tres años tenemos herramientas capaces de programar, analizar documentos y ayudarnos a generar recursos que antes requerían horas de trabajo. Creo que a día de hoy, no somos conscientes de lo rápido que va y del impacto que tiene en nuestras vidas.

Después de estar utilizando casi a diario estas herramientas, les comparto mi manera metafórica de entender la inteligencia artificial. Imagina que una empresa contrata a un practicante que, por alguna razón, es más inteligente que todos los demás. Y sorprende a todos con su capacidad de poder responder cualquier pregunta que se le hace. Pero, aun así, sigue siendo un practicante.

Si bien conoce todos los libros de estrategia empresarial del mundo, nunca ha tenido que mirar a un equipo a los ojos después de un recorte de personal. Puede analizar miles de casos de éxito, pero no necesariamente entiende todas esas cosas que ocurren tras bambalinas y que nunca aparecen escritas en un manual.

Tiene conocimiento, pero todavía depende de nosotros para darle contexto, criterio y dirección.

Mi gran preocupación, es que en medio de esta moda de la inteligencia artificial, hemos empezado a tratarla, no como ese practicante extraordinariamente capaz, sino como una especie de bola de cristal.

Soy el primero en defender la IA. Me parece absurdo gastar horas haciendo labores operativas que una máquina puede resolver en minutos. Si puede resumir un documento de cien páginas, transcribir una reunión o ayudarme a preparar información, bienvenida sea.

Probablemente una de las mayores oportunidades de esta tecnología sea precisamente devolvernos el tiempo. Pero lo importante es que ese tiempo que nos devuelve lo usemos para ser humanos y no para estar pegados a una pantalla.

Y, tristemente, poco a poco se empieza a optar por utilizar ese tiempo para dejar de pensar. Cada vez es más fácil enfrentarnos a un problema y, antes de hacer el esfuerzo por entenderlo, escribirle a una inteligencia artificial para que nos diga qué hacer. Qué estrategia debería seguir nuestra empresa, cómo deberíamos resolver un problema o incluso qué decisión deberíamos tomar en nuestra vida personal.

Pensar es difícil. Para muestra, un botón, mientras escribía esta columna, ver esa página en blanco es complicado, pero la clave es esforzarse, pensar, utilizar esos dones que Dios nos dio.

Es de humanos equivocarse, cambiar de opinión y volver a empezar. Y es justo eso lo que nos vuelve resilientes, “barracos” como dirían coloquialmente. Ese proceso de pensar, ensayar, equivocarse y volver a empezar es el que desarrolla nuestro criterio.

Si cada vez que aparece una dificultad decidimos saltarnos ese proceso porque una máquina puede entregarnos una respuesta razonable en segundos, corremos el riesgo de perder la capacidad que nos permitió construir todas esas herramientas en primer lugar.

Por eso, cuando pienso en los riesgos de la IA, no imagino necesariamente un escenario como Terminator. Me preocupa mucho más WALL-E.

En esa película, los humanos no terminan inutilizados porque las máquinas los conquistaron. Llegaron ahí porque, poco a poco, permitieron que las máquinas hicieran todo por ellos hasta que dejaron de saber hacerlo por su cuenta.

Actualmente hay posiciones muy distintas sobre hacia dónde nos lleva esta tecnología. Algunos creen que puede generar una época de abundancia y progreso sin precedentes. Otros advierten escenarios mucho más oscuros, incluso riesgos para la propia humanidad. Mi posición está en un punto medio, aunque más cerca del optimismo.

Creo que tenemos frente a nosotros una oportunidad gigantesca. Podemos utilizar la inteligencia artificial para quitarnos trabajo operativo y dedicar más tiempo precisamente a aquello que nos hace humanos. Pensar, crear, cuestionar, compartir con nuestros seres queridos, construir relaciones, salir con amigos, etc.

Pero para ello debemos tener muy claro qué se delega y qué no. Si empezamos a entregar no solamente las tareas repetitivas, sino también nuestro criterio, nuestras decisiones importantes y, eventualmente, nuestras relaciones, no hará falta que una inteligencia artificial decida quitarnos nuestra humanidad, porque nosotros voluntariamente la entregamos…

Y creo que este es el gran reto de esta nueva revolución industrial, ser conscientes de lo que estamos entregando a la máquina para que haga, y tener muy claro cuáles son esos límites no negociables que no debemos darle nunca.

*Analista