Creo firmemente qué durante el presente cuatrienio, soportado en la inteligencia, carácter, criterio, talento y talante de nuestra Ministra Paola Holguín, vamos a transitar por caminos ciertos, por senderos sólidos y esperanzadores como corresponde, por definidas y organizadas políticas culturales y eventos que trascenderán la esencia del pensamiento y creación de nuestros coterráneos. Tiene el país el deber y por qué no decirlo, la obligación, de recategorizar esta importante Cartera, la del nuevo y grande rumbo para la Cultura, las Artes y los Saberes, deformada en mucho con las erróneas y desfasadas tareas ideologizadas de descolonización y despatriarcalización; pero que por fin verá convertida en realidad una Economía Naranja que se abrirá paso con perspectivas de alianzas público-privadas y una hoja de ruta oportuna como necesaria.
Tenemos como país de naciones, como muchas veces se nos denomina, toda una serie de expresiones y manifestaciones culturales que generan autoestima y máximo patriotismo en nuestros connacionales, lo mismo que atraen la atención e inversiones foráneas por la originalidad que les son propias; a lo que se le suma de manera dinámica el turismo, la gastronomía, por sí misme esta, un destino turístico que ofrece la posibilidad de probar, catar y disfrutar sabores propios y fusionados, licores y viandas alimenticias saludables, compartir ambientes placenteros y apostar por múltiples visiones de vida buena.
Necesitamos un Ministerio líder, robusto, en gestión permanente, continua, creciente y entusiasta, generador de divisas, donde decenas de comercios, hoteles, restaurantes, industriales, vendedores informales ganen dinero. Un Ministerio preocupado y ocupado por la difusión histórica y demás otras áreas, así como por la suerte y éxito de sus artistas, autores, compositores y creadores, al tiempo de velar oír que no se infrinja daños identitarios ni irreparables al trasunto cultural nacional.
La cultura no puede ser bajo ningún punto de vista ni circunstancia, una herramienta aborrecida, sino para potenciar las Artes, Cultura y Saberes en general, promover nuestras propias narrativas para romper con hegemonías culturales de penetración que a nada edificante conducen.
Interesa e importará siempre escuchar las voz de los artistas cuando sensatas sean, desprovistas las mismas de conductismos ideológicos perniciosos y perversos, que llevan a confusionismos y salidas de cauce, tono y enfoque, desvirtuando en mucho lo que por identidad se posee.
*Abogado