Diario del Cesar
Defiende la región

Colombia: esperanza, prudencia y compromiso

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Colombia comienza a vivir un ambiente de entusiasmo después de los difíciles últimos años que ha atravesado. Renace la expectativa de una recuperación económica, de avances efectivos en la seguridad ciudadana y de la recuperación de aquellos territorios que durante demasiado tiempo han permanecido sometidos a la violencia, el narcotráfico y las organizaciones criminales que desconocen el Estado de derecho.

Es una esperanza que debemos recibir con optimismo, pero también con responsabilidad. El entusiasmo es necesario para recuperar la confianza, pero no puede confundirse con la certeza de que los problemas están resueltos. La transformación que esperamos, y que el nuevo gobierno ha asumido con gran liderazgo y resultados significativos en muy poco tiempo, deberá consolidarse a través de hechos concretos y decisiones que generen cambios reales en la vida de millones de colombianos.

Así lo entienden nuestros empresarios. Existe interés en las oportunidades que se abren para el país, pero persiste una prudencia comprensible. Quienes invierten, generan empleo y comprometen sus capitales necesitan seguridad, estabilidad jurídica, reglas claras y confianza en las instituciones. Los anuncios pueden despertar expectativas; son los resultados los que permiten asumir compromisos de largo plazo.

Algo semejante ocurre en el escenario internacional. La determinación de combatir el narcotráfico, perseguir a los criminales y recuperar el control territorial despierta interés y confianza. Sin embargo, gobiernos, organismos internacionales e inversionistas esperan comprobar que estamos ante un cambio consistente y duradero. Colombia tiene la oportunidad de recuperar su credibilidad, pero debe demostrar que la voluntad expresada se traduce en una política sostenida y eficaz.

Esta nueva etapa exige, además, recuperar mucho más que la seguridad y el crecimiento económico. Necesitamos restablecer los valores éticos y morales, combatir la corrupción, fortalecer el respeto por la ley y reconstruir la confianza ciudadana. Ninguna recuperación será completa si no conseguimos que la honestidad, la responsabilidad y el servicio al interés general vuelvan a ocupar el lugar que les corresponde en la vida pública.

Para lograrlo, resulta indispensable la participación responsable de las distintas ramas del poder público. El Ejecutivo debe cumplir sus compromisos; la justicia debe actuar con independencia, oportunidad, eficacia y objetivos comunes entre las tres rampas del poder público y por supuesto el Congreso debe asumir su responsabilidad frente a las reformas y decisiones que demanda el país. La independencia institucional no se opone a los propósitos comunes. Por el contrario, cuando cada poder cumple sus funciones dentro del marco constitucional, se fortalecen la democracia y las posibilidades de progreso.

También la comunidad internacional debe pasar de las expresiones de solidaridad a los compromisos concretos. Las regiones golpeadas por la violencia y las comunidades afectadas por emergencias necesitan atención efectiva, inversión y oportunidades para reconstruir sus vidas. Colombia no reclama únicamente acompañamiento: necesita aliados dispuestos a participar en su desarrollo.

Nuestra riqueza natural, nuestra capacidad agrícola y nuestra posición estratégica nos ofrecen condiciones excepcionales para contribuir a la seguridad alimentaria mundial y atraer inversiones productivas. El campo, la infraestructura, la industria, el turismo y la generación de energía pueden convertirse en motores de empleo y prosperidad, siempre que existan condiciones de seguridad, estabilidad jurídica y una política económica que impulse la iniciativa privada y el desarrollo social.

El desafío consiste en convertir la esperanza en realizaciones. El Gobierno debe demostrar capacidad de ejecución; los empresarios, confianza para invertir; las instituciones, compromiso con la legalidad, y la comunidad internacional, voluntad de acompañar con proyectos concretos.

Colombia tiene razones para mirar el futuro con esperanza, pero el futuro no se construye solamente con expectativas. Se construye con hechos, responsabilidad y compromiso. Que el entusiasmo de hoy no se diluya en nuevas frustraciones, sino que se convierta en el punto de partida de una nación más segura, justa y próspera. Esa es la tarea que nos corresponde a todos.

*ExAlto Comisionado de Paz