Diario del Cesar
Defiende la región

Sin miedo ni temor

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Quiera el Gran Arquitecto del Universo que no se vuelvan a repetir en nuestra dos veces Santa ciudad, episodios de sometimiento, temor, miedo y hasta terror como los vividos en días pasados. Santa Marta es una urbe que desde hace bastante tiempo ya,  ha pasado cual si metamorfosis fuera, de una paz octaviana que le fue siempre propia, a vivir en medio de incertidumbres y zozobras merced al apoderamiento de nuestra unidad territorial de una serie de grupos con actividades distintas que han permeado y desequilibrado, no para bien, la buena marcha ciudadana y comunitaria.

La violencia nos supera, día tras día se pasea festiva con impunidad manifiesta por nuestras calles, ataca por doquier en todos los horarios, dejando la certeza que puede, como en efecto ha sido,  irrumpir en todos los espacios donde cualquier ciudadano queda expuesto; pero peor que ello es que las investigaciones no establecen los móviles como es debido, no identifican a los responsables ni determinan si existen relaciones entre los hechos; y si bien anticipar conclusiones es irresponsable, esperar los resultados que es posible que se encubran, se demoran más de la cuenta o no llegan tampoco puede trocarse en una excusa para darle larga a una respuesta frente a la ola de inseguridad que nos mantiene inundados; y la población lo único que quiere, clama, anhela y reclama es tranquilidad.

Los peligros permanente que esto genera y tiene atemorizada a la gente nos desborda a todos; no podemos demostrar miedo como sociedad por cuanto entra a modificar, como se percibe, lo está logrando y lo vemos en el comerciante y comercio en general que cierra antes, em la familia que evita ciertos recorridos, el trabajador que teme regresar de noche, aspectos en los que se manifiestan costo, dimensión, magnitud y alcance de la inseguridad, ya que la delincuencia en todas sus formas y los ataques armados deterioran la convivencia y debilitan la confianza en las instituciones; y acostumbrarse a ellos, lo que no debe, no  tiene que ser, como tampoco le asiste ninguna justificación, equivale a resignar de a poco el derecho a vivir y trabajar sin amenazas.

Bien sostienen autorizados analistas económicos en diversas tribunas de opinión, que estas situaciones ponen en aprieto la economía, toda vez que como municipio necesitamos seguridad para producir, atraer inversiones, sostener el turismo y generar empleo. Cuando proteger un negocio exige mayores gastos, cuando los clientes dejan de circular o cuando el temor restringe los horarios, la actividad pierde impulso. Los emprendimientos pequeños tienen menos margen para absorber esos costos. La inseguridad castiga con especial dureza a quienes dependen de la venta diaria y del trabajo en la calle.

El Distrito de Santa Marta requiere de  una respuesta firme, segura, afirmativa, decidida, decisiva, sostenida, comprometida  y verificable. El gobierno nacional asume cabalmente su encargo en la conducción policial, la investigación criminal y la persecución de las redes delictivas. La ciudad y el departamento coordinar recursos y acciones dentro de sus competencias. Entenderse que la discusión sobre quién tiene atribuciones no puede terminar en un reparto de excusas, sino acordar prioridades, comprometer presupuestos y fijar las concretas responsabilidades que menester son, lo que indica mejorar la iluminación de zonas vulnerables, recuperar espacios públicos, fortalecer la prevención y asegurar que las cámaras funcionen y sus registros puedan utilizarse oportunamente, dotar a los investigadores de herramientas, reforzar la inteligencia policial y actuar contra la circulación ilegal de armas, instalar equipos, desplegar operativos y ejercer control permanente.

La firmeza exige eficacia y respeto a la ley. Debe traducirse en responsables identificados, detenidos y procesados; en investigaciones sólidas y en protección para testigos y víctimas. Las autoridades deben informar avances y rendir cuentas sobre los recursos destinados a seguridad. La población necesita resultados que pueda reconocer en su vida diaria; toda vez que la dimensión de esta amenaza demanda un acuerdo institucional importante y urgente, en ka verdad que proteger la vida debe estar por encima de las rivalidades políticas y de las disputas presupuestarias. Cada demora deja espacios al delito, así como aumenta la desconfianza y no podemos aceptar oír ningún motivo que el miedo imponga horarios, limite los negocios y gobierne las calles, ya que cuando la violencia impone las reglas, las instituciones están cediendo su lugar y recuperarlo es una obligación de inmediato cumplimiento.

*Jurista. *Especializado en Derecho Laboral. Derecho Penal. Docente Universitario.