Seguimos en guerra en amplias regiones del país, se percibe y palpa inseguridad, tal como lo quieren los herederos de la nefasta paz total. Ya se va viendo lo que en definitiva va a ser la política de seguridad del actual gobierno, que combatirá con la fuerza toda del Estado a los grupos y movimientos guerrilleros narco terroristas y al margen de la ley que obstruyen en materia grave la buena marcha del país, que empieza a vislumbrar rutas de edificante porvenir. Bien se viene perfilando la operatividad de nuestra Fuerza Pública, maniatada por el anterior desgobierno. En tan sola pocas semanas, lo que nos ha devuelto cierta tranquilidad y aumentado la esperanza y la confianza en las instituciones, se han ejecutado con éxito bombardeos, incautaciones de droga y material de intendencia, producido liberaciones de secuestrados, así como capturados y abatidos integrantes de esas facciones, en lo que se ha contado con el apoyo de organismos de inteligencia de los Estados Unidos, lo que impone seguir avanzando en lo cual con acertada visión estratégica en dirección a solucionar este tan grave problema de la inseguridad y violencia que seguirnos acusando y padeciendo por demás.
Basta ya de permitir más violencia en nuestros territorios, cuyos protagonistas apuntan a fortalecer en ellos poder político, control territorial en connivencia con entidades políticas y económicas in situ con el propósito de fortalecer negocios vinculándolos internacionalmente, a la par que tratar de suplir al Estado en lo local, aspirando en ese objetivo a maximizar su control territorial, incorporado sofisticados avances tecnológicos para un superior manejo del narcotráfico, minería ilegal y trata de personas, lo que amerita ponerse a tono para combatirlos con decisión manifiesta con iguales o superiores medios, elementos y métodos.
En este itinerario, interesa e importa sobremanera restablecer el orden, combatir decididamente la inseguridad y la violencia en sus distintas manifestaciones, en lo que ayuda priorizar a tope el control territorial, donde demostrada quede la capacidad efectiva del Estado con el ejercicio de su autoridad en garantía de la seguridad y el cumplimiento de la Constitución y la Ley; y, donde alcaldías, gobernaciones y demás entidades operen y tomen las decisiones mejores a que haya lugar sin el perverso sometimiento de los actores armados al margen de la ley de distinta naturaleza, origen y protervos propósitos.
No podemos permitirnos tampoco en esta lucha más vacíos de control territorial; más cuando ávidos estamos de superior protección real ante secuestros, boleteo, extorsiones, homicidios, desplazamientos, confinamientos y otras siniestras formas de violencia, a la par que de una acertada visión estratégica en la que bien y mejor articulada esté la Fuerza Pública y prioridad sea incrementar el control territorial.
La infortunada experiencia de la denominada paz total no puede repetirse; más sí seguir en su búsqueda y procura, en el entendido y la comprensión que La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, es categoría ética, derecho de toda la ciudadanía y obligación insoslayable de las ramas del poder público, más hoy por hoy que la sabemos necesaria. No queremos una paz de cualquier forma, sino real, verdadera, duradera, sólida, nunca improvisada. A esa paz no podemos renunciar, pero sí someterla con buen juicio y sin esguinces al imperio de la Constitución y la Ley de manera responsable y comprometida; toda vez que es ella, la paz, deber y derecho ciudadano.
Cabe en esto, la pronta, muy pronta expedición de una ley de sometimiento, que indique de manera puntual las condiciones todas a las que debe someterse cualquier grupo que desee negociar la paz con el actual gobierno, tales como señalamiento de rutas del narcotráfico, entrega económica de lo mal percibido como producto de sus delictivas actividades, la función a cumplir las autoridades de los órdenes nacional, regional y local en los procesos de paz, fechas de inicio y terminación de los diálogos, itinerario para la entrega de armas y reincorporación de sus miembros al mundo civil, dejar en claro el acatamiento a lo normado en el Derecho Internacional Humanitario, como requisitos mínimos para entablar conversaciones, en la certeza que no puede repetirse bajo ningún punto de vista la mal denominada paz total. *saramara7@gmail.com
*Abogado*Periodista