Valledupar despide a Fabio Andrés Torres Molina, reconocido en el ámbito empresarial y artístico como ‘El Rector’, un hombre cuya trayectoria profesional estuvo estrechamente relacionada con la transformación de la publicidad y el mercadeo alrededor de la música vallenata.
Torres Molina falleció este lunes 24 de agosto, generando pesar entre empresarios, artistas, diseñadores y personas vinculadas al sector cultural de Valledupar, ciudad en la que desarrolló durante décadas buena parte de su actividad profesional.
Su principal proyecto empresarial fue Zona Creativa, compañía desde la cual trabajó en diseño, publicidad, mercadeo, artes gráficas y producción de eventos. Desde ese escenario logró convertirse en un referente para una industria musical que, con el paso de los años, amplió sus estrategias de promoción y comunicación.
UNA VIDA DETRÁS DE LOS ESCENARIOS
Aunque buena parte de su reconocimiento estuvo relacionada con el mundo vallenato, Torres Molina construyó su trayectoria a partir del emprendimiento y el diseño.
Su historia personal estuvo marcada por dificultades durante la adolescencia. A los 13 años fue expulsado del Colegio Nacional Loperena, una experiencia que, lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, terminó acercándolo al diseño y a las artes gráficas a través del trabajo que desarrolló junto a su tío.
Con el tiempo, esa experiencia se convirtió en una profesión y posteriormente en una empresa. En 2025 presentó durante la Feria del Libro de Valledupar su autobiografía ‘Cumplir mi sueño, mi plan favorito’, publicación en la que relató diferentes episodios de su vida y las circunstancias que marcaron su camino empresarial.
VÍNCULO CON LOS ARTISTAS
El nombre de Fabio Torres estuvo presente durante años en diferentes procesos de promoción de artistas vallenatos. Su trabajo estuvo relacionado con figuras como Silvestre Dangond, Ana del Castillo, Elder Dayán, Diego Daza, Mono Zabaleta y Churo Díaz, entre otros exponentes del género.
Uno de los vínculos más estrechos de su trayectoria fue el que construyó con Silvestre Dangond, con quien además de compartir proyectos profesionales estableció una relación de amistad.
Su cercanía con el entorno musical se remonta, entre otros espacios, a su participación en la revista Rumbera desde finales de la década de 1990, etapa que le permitió ampliar sus contactos con artistas, empresarios y promotores.
El apodo de ‘El Rector’ terminó convirtiéndose en parte de su identidad pública y reflejó el reconocimiento que alcanzó dentro del sector de la publicidad en Valledupar.