Diario del Cesar
Defiende la región

Desde Valledupar miles de manos se unen para aliviar el dolor de Venezuela

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 A las nueve de la mañana las puertas de la Panadería y Restaurante ‘Los Chamos’ apenas se abrían cuando las primeras bolsas comenzaron a llegar. Una mujer apareció con un paquete de pañales; detrás de ella, un motociclista dejó una caja con alimentos no perecederos; minutos después, un comerciante descargó varias pacas de agua.

La escena se ha repetido una y otra vez desde el pasado jueves, hasta convertir el pequeño establecimiento, ubicado frente al Éxito de Las Flores, en Valledupar, en un improvisado centro humanitario donde la solidaridad empezó a desbordar las paredes.

La tragedia provocada por el terremoto que sacudió el centro de Venezuela, con una magnitud superior a 7,2, despertó una respuesta inmediata entre la comunidad venezolana y los vallenatos. Mientras en Caracas y, especialmente, en el estado La Guaira continúan las labores de búsqueda entre los escombros, en esta ciudad colombiana cientos de personas decidieron aportar, convencidas de que un paquete de arroz, una botella de agua o una cobija pueden significar esperanza para quienes lo perdieron todo.

Según el reporte oficial conocido hasta la tarde del viernes 26 de junio, la emergencia deja 920 personas fallecidas, 3.360 heridas, más de 4.000 damnificados, 383 edificios destruidos o con daños severos y 1.423 obras de infraestructura afectadas. Las zonas más golpeadas son Caraballeda, Macuto, Los Corales, Catia La Mar y Playa Grande, en el estado La Guaira, donde además se han registrado 302 réplicas desde el sismo.

 

VENEZUELA EN EL CORAZÓN

“Nosotros solo queríamos reunir algunas ayudas para llevarlas hasta Maracaibo, pero esto ha superado cualquier expectativa”, cuenta Celeste Diazgranados, una de las coordinadoras de la campaña, mientras observa cómo decenas de voluntarios clasifican alimentos, medicamentos, ropa y artículos de aseo.

Añadió que las donaciones llegan cada minuto. Ya no tenemos espacio. Los trabajadores de la panadería dejaron sus labores para ayudar y muchos venezolanos vienen a entregar algo, pero terminan quedándose para organizar mercados o cargar cajas.

La solidaridad fue tan grande que el local quedó completamente ocupado. Un comerciante vecino ofreció un salón para almacenar los alimentos y demás elementos que continúan llegando mientras se organiza el envío hacia Maicao, luego a la frontera, Maracaibo y finalmente a los centros de acopio habilitados por el Gobierno venezolano.

Manifestó que sus capacidades de respuesta colapsaron y ahora necesitan de la intervención de las autoridades municipales y departamentales, para transportar cuanto antes lo recolectado. “Son muchas toneladas, ya en vehículos particulares es insuficiente”, aseguró.

 

ENTRE CAJAS E HISTORIAS

María González, una venezolana radicada desde hace seis años en Valledupar, llegó con dos bolsas de mercado y varias mudas de ropa para niños.

“Mi familia está en Caracas. Gracias a Dios están bien, pero uno siente el dolor de todo un país. Hoy ayudo porque hace años Colombia nos abrió las puertas cuando nosotros lo necesitábamos. Esta es una forma de devolver un poco de esa solidaridad”, dice con la voz entrecortada.

A pocos metros, José Luis Martínez, comerciante vallenato, descarga varias cajas con agua embotellada.

“Uno no puede quedarse viendo las noticias sin hacer nada. Hoy les toca a ellos, mañana no sabemos. Somos pueblos hermanos y cualquier ayuda, por pequeña que sea, puede hacer la diferencia para una familia que perdió su casa”, expresa.

La campaña también ha movilizado a jóvenes voluntarios que organizan los productos, clasifican medicamentos y preparan los paquetes que emprenderán un largo recorrido hacia Venezuela.

“Lo bonito es ver que aquí no importa la nacionalidad”, comenta Andrea Rojas, estudiante universitaria que decidió dedicar su día libre a la jornada. “Llegan colombianos, venezolanos y hasta personas de otros países. Todos quieren colaborar.”

Valledupar alberga cerca de 40.000 migrantes venezolanos, según cifras de Migración Colombia. Muchos de ellos encontraron en esta ciudad una oportunidad para comenzar de nuevo. Ahora, cuando la tragedia golpea a sus familias al otro lado de la frontera, la respuesta nace del mismo lugar que los acogió.

Entre montañas de mercados, pañales, medicamentos, agua potable y ropa, la esperanza también se empaca en cajas. Cada donación lleva un mensaje silencioso de apoyo para quienes aún esperan noticias de sus seres queridos o intentan reconstruir sus vidas entre los escombros.

Mientras en Venezuela continúan las labores de rescate, en Valledupar la solidaridad sigue creciendo. Y aunque el destino final de cada paquete está a cientos de kilómetros de distancia, quienes los entregan tienen la certeza de que la ayuda, cuando nace del corazón, siempre encuentra el camino para cruzar cualquier frontera.

En medio de esta solidaridad vallenata, todos recuerdan lo que un día dijo Diomedes Díaz: “La tierra gira alrededor del firmamento y a veces tiembla y asusta a sus habitantes…y muchas veces nos destruye en el instante acabando nuestras vidas por completo… Eso es lo curioso de la vida y me explicara si el mal y el bien nacieron juntos o en partes iguales”.