Diario del Cesar
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El médico que aprendió español escuchando canciones de Rafael Escalona

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En Valledupar, donde el acordeón no es solo un instrumento sino una forma de vida, hay historias que cruzan fronteras y se instalan en el corazón del folclor. Una de ellas es la de César Augusto Ricci, un cirujano proveniente de Texas, Estados Unidos, que cada año deja su bata blanca para disfrutar Festival de la Leyenda Vallenata.

Su historia con el vallenato no nació en Colombia, sino en la curiosidad de un joven que buscaba aprender español. Entre discos y letras, se encontró con la música de Carlos Vives y, a través de ella, con los relatos que marcarían su vida. Fue así como llegó a las composiciones de Rafael Escalona, cuyas historias lo atraparon de inmediato afirmando que sus letras reflejan la vivencia del ser humano.

“Parecía poesía”, recuerda el extranjero desde el parque Los Algarrobillos, donde atendió al equipo periodístico de Ajá y Qué Valledupar y Diario del Cesar.

“No era solo la melodía, sino la narrativa; nombra personajes, pueblos, anécdotas convertidas en canciones que le permitieron entender no solo el idioma, sino el alma de un territorio que vive alrededor del acordeón”, dijo mientras escuchaba a los acordeoneros aficionados.

Agregó que desde entonces, Escalona se convirtió en su referente, en una guía musical que lo conectó con la identidad vallenata. Ese vínculo fue tan profundo que decidió llevarlo a su vida personal y uno de sus hijo lleva el nombre de Rafael, en homenaje al compositor que, sin conocerlo, le había regalado alegría y sentido a través de sus canciones.

Comentó entre risas, que cada año, su rutina cambia; antes de viajar organiza su agenda médica, deja pacientes atendidos y coordina su ausencia, con el objetivo de cumplir con su cita a Valledupar, donde no llega como turista, sino como parte de una familia extendida que ha construido entre los municipios de La Paz, El Molino y la capital cesarense.

Sus días en el festival no siguen un protocolo rígido, se mueven al ritmo de las parrandas, los encuentros con amigos y las visitas a las tarimas donde compiten acordeoneros aficionados y profesionales. Pero si hay algo que no negocia es el tiempo para escuchar, sentir y compartir la música.

Aunque su vida profesional está en los quirófanos, el acordeón también ocupa un lugar especial, tiene varios instrumentos y, aunque reconoce que le falta disciplina, no descarta que algún día pueda dominarlo para cambiar la medicina por la música, dijo entre risas.

Para César Augusto, el vallenato no es solo un género, es una forma de entender la vida y de narrar emociones. Las canciones de Rafael Escalona siguen siendo el puente que une su origen con una tierra que, sin haberlo visto nacer, ya siente como propia.