Diario del Cesar
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Bolívar nos dio la libertad; Paula Bolívar, la verdad

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Simón Bolívar nos dio la independencia. Paula Bolívar nos devolvió algo que estaba en riesgo: la verdad. Las democracias se destruyen cuando quienes llegan al poder prometiendo honestidad terminan utilizando el Estado para reproducir las mismas prácticas de corrupción que juraron erradicar.

Durante años el país escuchó una promesa: el llamado “gobierno del cambio” llegaba para acabar con la corrupción. Esa fue su bandera política y su mayor capital electoral. Pero la realidad desmonta esa narrativa. El mayor escándalo de corrupción de este gobierno surgió desde las propias entrañas del poder.

El caso de la UNGRD empezó a destaparse con las confesiones de Olmedo López, exintegrante del M-19 y funcionario nombrado por Petro. Desde allí comenzó a revelarse una red que hoy compromete a congresistas, ministros y altos funcionarios del Ejecutivo.

Las investigaciones describen un sistema en el que contratos públicos fueron utilizados para asegurar votos en el Congreso. Recursos del Estado convertidos en instrumento para comprar mayorías legislativas.

Los expedientes judiciales muestran la gravedad del escándalo. Allí aparecen Ricardo Bonilla, Luis Fernando Velasco, Sandra Ortiz y Carlos Ramón González, exdirector del Dapre prófugo de la justicia y con circular roja de la Interpol. No se trata de funcionarios marginales del Gobierno, son nombres que estuvieron en el corazón de este.

Las consecuencias ya son judiciales. La Corte Suprema ordenó la captura de Wadith Manzur y de la representante Karen Manrique dentro de este entramado. Además, avanza la investigación contra la senadora Martha Peralta, un proceso sobre el cual el país espera decisiones prontas.

Demasiados nombres. Demasiado poder concentrado en el mismo escándalo.

Durante años el país escuchó una promesa: el llamado ‘gobierno del cambio’ llegaba para acabar con la corrupción. Esa fue su bandera política y su mayor capital electoral. Pero la realidad desmonta esa narrativa

Lo que empieza a revelarse es un método de corrupción política: utilizar entidades del Estado para direccionar contratos y asegurar mayorías en el Congreso. El gobierno que llegó prometiendo acabar con la corrupción terminó convirtiéndola en su método de gobierno.

Y frente a este panorama resulta imposible ignorar un silencio que hoy tiene profundas implicaciones políticas. Iván Cepeda, quien ahora aspira a la Presidencia, ha repetido que su lucha contra la corrupción es “implacable”. Sin embargo, durante estos cuatro años no promovió un solo debate de control político frente a los escándalos que hoy rodean al gobierno que respalda. No denunció el saqueo de la UNGRD; fue mudo, sordo y ciego, omisión que lo convierte en cómplice del desangre que sufrió el país.

Y en política, el silencio también es una posición. La lucha contra la corrupción no se mide por trinos ni por discursos. Se mide por la capacidad de enfrentar al poder cuando se equivoca.

Carlos Gaviria alguna vez utilizó una palabra incómoda para referirse a Petro: “tramposo”. Hoy, esa advertencia vuelve a resonar mientras la promesa de acabar con la corrupción terminó siendo una gran estafa.

El filósofo Habermas señaló que cuando el poder político pierde su legitimidad moral y se sostiene mediante mecanismos de manipulación institucional, la democracia entra en una crisis de confianza difícil de reparar. Simón Bolívar lo advirtió “Cuando la corrupción se apodera de la república, la libertad perece”.

Si su lucha contra la corrupción es realmente “implacable”, senador Cepeda, ¿por qué guardó silencio frente al mayor escándalo de corrupción de este gobierno?

Si hoy el país conoce la verdad, no es gracias al poder ni a sus silencios, sino al valor de la periodista Paula Bolívar, que se negó a callar cuando el poder esperaba exactamente eso: silencio.

*Exministro de Estado