Diario del Cesar
Defiende la región

La liberación del pueblo persa

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Para declarar el éxito definitivo de la confrontación de Estados Unidos e Israel contra Irán, que se retomó con total firmeza este fin de semana después de que el presidente Trump prometiera ayudar al pueblo de esa nación en medio de las protestas contra la sangrienta República Islámica, hace un par de meses, es indispensable que concurran varios elementos que no pueden quedarse a medio camino.

En primer lugar, por supuesto, el desmantelamiento integral del programa nuclear iraní que apenas fue afectado en una parte, aunque importante, a consecuencia de las incursiones bélicas defensivas del año anterior. Nadie puede apostar, ciertamente, a que el nefando régimen de los ayatolas logre recomponer sus laboratorios y renovar la experticia científica respectiva, estando, como se sabe, a poca distancia de tener la bomba atómica en sus manos. Por tanto, quienes creen que un poderoso reducto terrorista de esa índole no puede tener semejante arsenal en cabeza de unos fanáticos religiosos sin parangón, estarían de acuerdo, en aras de la libertad y de los postulados universales del Derecho Internacional Público como del derecho de los Derechos Humanos, en que es hora de poner punto final a esa amenaza que desde hace ya un tiempo demasiado largo se cierne sobre el mundo, sin un finiquito concluyente.

En consecuencia, se ha llegado efectivamente a un punto de no retorno con los quirúrgicos ataques que vienen produciéndose desde la madrugada del sábado en esa sensible zona del Medio Oriente y que, incluso, llevaron por parte de Estados Unidos a la baja de Alí Khamenei, líder supremo de la teocracia fundamentalista que se tomó a Irán desde hace cerca de media centuria, no solo oprimiendo al pueblo y en especial a las mujeres, sino fungiendo de principal estratega del terrorismo mundial a través de testaferros como Hezbollah y Hamás. Operación militar cuyo resultado, en primer lugar, como se dijo, debe consistir en la destrucción o completa neutralización de las instalaciones nucleares iraníes, incluyendo las plantas de enriquecimiento de uranio y los centros investigativos correspondientes. Por lo pronto, Israel ha informado igualmente que dio de baja al ministro de Defensa iraní y otros miembros de la cúpula pretoriana de la llamada República Islámica.

No menos importante es, en la misma vía de proscribir las amenazas mundiales descritas, que está sobre el tapete la reducción o eliminación de las capacidades militares del régimen fundamentalista, especialmente el parque de drones y misiles que, aparte de contra Israel, ha venido disparando a ciertos países árabes a la redonda, naciones a las que Teherán decidió graduar repentinamente de enemigas, pese en algunos casos a ser mediadoras del conflicto del Medio Oriente y a las cuales les está destruyendo sorpresivamente los aeropuertos. Es decir, poniendo de objetivo militar a los civiles en una clara conducta contra el Derecho Internacional Humanitario. Lo cual, por una parte, patentiza el común desprecio que hay por este tema en estos lugares. Pero, de otra, muestra tanto el grado de exasperación de los ayatolas, como el bumerán dirigido a sus propios intereses que puede entrañar una contradictoria decisión bélica de este tipo. En tanto, Estados Unidos dijo que ha impactado parte de la flota marítima iraní, que es también uno de los objetivos señalados en medio de las dos mil operaciones que ha lanzado, mientras Irán sostiene que no se ha informado sobre sus ataques a bases militares estadounidenses en la zona.

Pero, si estas son las finalidades militares, tal vez el aspecto más complejo radique en el escenario político. En efecto, al parecer, en esta ocasión el gobierno Trump no tiene un plan al estilo de Venezuela. Efectivamente allí se trató de una situación de menor envergadura a lo que pueda estar jugándose en Irán, un país de cerca de 100 millones de habitantes y una de las potencias de la región. En la América meridional bastó con la espectacular captura helitransportada de Nicolás Maduro para que el régimen chavista se plegara luego de la traición entre ellos (e incluso dejaran de lado aliados como los iraníes y sus testaferros). Pero en la antigua Persia habrá que esperar cuál será el resultado de que Trump haya proclamado e incitado a la rebelión popular contra los ayatolas en mitad de la mayor acometida militar registrada en las últimas cinco décadas. De hecho, el titular de la Casa Blanca también sostuvo que, tras esta ofensiva, los ayatolas han pedido reiniciar conversaciones, en las que han trampeado.

Es claro, pues, que Trump ha actuado exactamente en concordancia con la que ha dicho, incluso desde la campaña. Estamos en un 2026 agitado: enero, Venezuela; febrero, México (“Mencho”); marzo: Irán… Es que sus objetivos, preconizados de hace mucho tiempo, no son de papel. Quien a estas alturas no lo sepa puede estar dándose un viaje por las galaxias.