Diario del Cesar
Defiende la región

El odio de la Vicepresidenta contra quienes ni piensan igual a ella

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¿Qué necesidad tenía la vicepresidenta Francia Márquez de maltratar a Colombia, a su gente y a sus instituciones como lo hizo en la entrevista que le concedió a la revista Semana? ¿Qué sentimiento tan grande habita en su corazón para que utilice frases tan desobligantes como “pueden llorar” , “de malas” o “pueden gritar”?

Uno puede entender que esta mujer que ha demostrado tener un liderazgo significativo trae sobre sus hombros un dolor profundo y su memoria puede estar llena de recuerdos de desprecio. Eso es real. Y es parte de las heridas que en Colombia debemos sanar todos.

Sin embargo, el hecho de que se intente explicar su comportamiento no quiere decir que se justifique su actuar. Si el país le dio el privilegio, por medio del voto, de ponerla en ese puesto tan importante, ella no puede perder la oportunidad de convertir su mandato en algo fructífero para el país.

La historia ha demostrado que personajes que han sufrido como ella el racismo, la marginalidad y la violencia se han convertido en verdaderos líderes porque se transformaron en los catalizadores del cambio.

No es un buen síntoma que ahora en el poder actúe con cierto tono déspota. Al utilizar expresiones como “de malas” y “pueden llorar”, dirigidas a los colombianos, Francia se puso muy cerca del “no sabe quién soy yo” que el país tanto ha criticado.

De las razones por las que valió la pena que llegaran Gustavo Petro y Francia Márquez a la Presidencia fue porque Colombia demostró que es una democracia vibrante. Ahora la responsabilidad de estar a la altura de nuestras instituciones está en manos de ellos dos. Por eso no puede haber contemplación con expresiones desobligantes.

El otro aspecto para comentar sobre sus declaraciones en la entrevista citada es su definición de democracia. En un cruce de preguntas sobre si Cuba es una dictadura, la vicepresidenta termina haciendo una suerte de apología del régimen político de la isla y dándole palo a Colombia.

Llama poderosamente la atención esa visión idílica de la supuesta democracia cubana de nuestra vicepresidenta Francia Márquez, entre otras cosas porque contrasta con la de ONGs mundialmente conocidas por su compromiso con los derechos humanos que han emitido duros juicios contra Cuba. “Al terminar el 2022, centenares de cubanos están en prisión por expresar pacíficamente sus creencias, y las protestas continúan siendo reprimidas”. ¿Quién lo dice? No lo dicen los neoliberales, ni la extrema derecha, ni las potencias imperialistas, lo dice Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional.

“El gobierno cubano reprime y castiga prácticamente todas las formas de disentimiento y de crítica pública”. No lo dicen los uribistas ni los agentes internacionales del capitalismo, sino la ONG Human Rights Watch.

Ojalá Francia Márquez viera que ella está en su cargo en virtud de que este país, pese a que ella misma lo ponga en duda, es una democracia en la cual incluso fuertes opositores y críticos del sistema como ella y el presidente Petro pueden llegar al poder.

Los argumentos de los que se vale hacen parte de esa visión idealizada cuyas únicas fuentes son la propaganda y el pensar con el deseo. Dice la Vicepresidenta que “mientras otros países envían tropas y armas a muchas naciones, Cuba envía médicos”. Curioso. Tal vez la vicepresidenta no se ha enterado de que Cuba ha enviado tropas y armas a numerosos países, con casos de intervención militar directa documentada en al menos seis, entre ellos Argelia, Congo, Etiopía, Angola, Siria y Nicaragua. Por no hablar de las cantidades de armas y explosivos que durante décadas proporcionaron a movimientos terroristas en Latinoamérica. Eran famosos, por cierto, los campos de entrenamiento que Cuba ofrecía a grupos irregulares. Entrenamiento para matar: Cuba también ha sido exportador de muerte y terror.

Ah, pero “los médicos”. Acepta a pie juntillas nuestra vicepresidenta ese mito de propaganda mediante el cual el régimen ha lavado su imagen. Estas misiones médicas, por cierto, han sido calificadas como una forma de esclavitud moderna y trabajo forzado por las Naciones Unidas y el Parlamento Europeo.

Es lamentable esta valoración tan positiva de un régimen del horror, pero lo es más porque viene de la mano de un desprecio por nuestra democracia, la cual ha logrado consolidarse en medio de grandes dificultades.

Y una última reflexión. Se trata de la misma entrevista en la que tocó otros temas, como el uso de un helicóptero para sus desplazamientos. Aquí jamás pondremos en duda que la vicepresidenta tiene derecho al uso de los vehículos y aeronaves del Estado, más cuando hay razones que harían temer por su seguridad. Sí creemos, sin embargo, que los desplazamientos podrían racionalizarse en virtud del buen cuidado que debería darse a los recursos públicos.

La Vicepresidenta, por fortuna, tiene todavía tiempo de convertir su poder en una herramienta de verdadera transformación positiva.