Vincent Van Love le apuesta a la música
DE LA MANO DE REY ARTURO
Vicente Amor Matos, artísticamente, Vincent Van Love, nació en Barranquilla el 19 de abril de 1956, hijo de Vicente Amor Oliveros, de Soplaviento, Bolívar, cantante aficionado en sus noches de bohemia, y de la educadora Teresa Matos Núñez, dama samaria quien le inculca su sentido estético y perfeccionista, que más tarde se reflejará en toda su actividad profesional.
Desde muy niño se interesa en el canto como primera manifestación de su espíritu musical, luego se interesa por la percusión y más tarde por la guitarra y el piano clásicos, que lo llevan a matricularse en la Escuela de Bellas Artes de Barranquilla.
Tempranamente había descubierto que tenía un sentido
melódico altamente desarrollado al componer sus propias melodías, aunque para hacer canciones completas le faltaba ponerle la letra.
Más tarde al vincularse con su compadre Ricardo Chams al mundo de la publicidad, como diseñador y fotógrafo, es donde se entrena en la redacción de textos publicitarios, empleando luego la técnica así aprendida, en la creación de las letras de sus canciones.
Más tarde establece una sólida relación musical y de hermandad con Rey Arturo González, uno de los mejores arreglistas y productores colombianos de talla mundial, en cuya escuela de música entra a estudiar y es él quien encuentra valor estético en esas primeras canciones, orientándolo, corrigiéndolo, haciéndole sugerencias y animándolo a seguir explorando ese camino artístico.
Poco a poco va construyendo un variado repertorio de canciones en diferentes géneros y ritmos, tanto seculares, de acuerdo con lo que su inspiración le ha dictado, como cristianas donde lo acompaña otro gran amigo y hermano, el predicador Ramón Hernández; todo al margen de su actividad profesional como arquitecto, sin un objetivo comercial en mente, hasta que decide que ya tiene la suficiente madurez musical para presentarlas al público y para ello entra a estudiar técnica vocal, esta vez en la Universidad de Bellas Artes de Cartagena.
Entrega varios temas al maestro Rey Arturo para que los arregle y produzca, quién a su vez escoge a Kenzy producciones, del también talentoso maestro Robinson “Bobby” Pérez, productor musical, pianista, cantante y arreglista para grabarlos y quien más adelante le presenta al maestro Milton Suescún también productor, arreglista, trompetista y director, especialista en el maravilloso universo de la música clásica, para con él darle forma sinfónica a la “Oración por la Paz” de San Francisco de Asís y el “Padre Nuestro” que había musicalizado con ese fin.
Para iniciar su trasegar por el camino musical como cantautor, escoge una canción en el género de la salsa con un tema de desamor siempre vigente y en compañía de su amigo Bobby Pérez producen y cantan “Pitazo Final”, en los estudios de Kenzy producciones, con el firme propósito que el público colombiano y del exterior la conviertan en su favorita.