Diario del Cesar
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La muerte dejó a Félix Gutiérrez en ´fuera de lugar´

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Los árboles de campanos y ceiba, ubicados en los alrededores de la popular y remodelada cancha del barrio Villa Miriam,  extrañarán las tertulias jocosas de Félix Gutiérrez; una ‘fría’ al compás de un ‘pick up’ a todo volumen eran los desenlaces dominicales del ‘hombre de negro’ que viajó a la eternidad.

La muerte lo dejó literalmente  en fuera de lugar. Su pito no volverá a sonar en los torneos de barrios más populares de la capital del Cesar. Un accidente de tránsito, el pasado domingo, cuando se dirigía a cumplir con su deber en la cancha de Sinaltrainal, le ‘sacó la roja’ al hombre que impartía justicia; sin embargo, una injusticia al volante acabó con más de 27 años de trayectoria deportiva.

En la tradicional cancha de Villa Miriam hay luto por su partida, sin embargo, la música no para, tampoco el infaltable dominó dominical del que muchos le rinden tributo al final de una jornada futbolera.

Por más de 15 años, Félix  Gutiérrez fue árbitro en el popular Torneo de Nonifútbol del sector. De las 15 finales, dirigió 13, estadísticas que hablan de un nombre conocido en el arbitraje vallenato.

Jaime Pedrozo, quien por muchos años fue coordinador del popular certamen de fútbol nueve en Villa Miriam, recuerda con dolor y lágrimas el trajinar de un hombre en los rectángulos de la capital del Cesar.

“Yo lo conocí en 1985 cuando él jugaba en la Copa Amistad de Villa Corelca, él comenzó como arquero, luego en el 93 pasó a ser organizador y también era árbitro del mismo torneo, por allá en el 2000 llegó a Villa Miriam, precisamente al primer torneo que realizábamos. Como árbitro fue muy estricto e infundía respeto, sabía mucho de un oficio que aprendió de manera empírica, le creían mucho, fuera de la cancha era amable y mamador de gallo, fue amigo de los 450 jugadores que participaban en el torneo, pero en el terreno de juego fue muy serio”.

En su forma de actuar, tanto fuera como dentro de la cancha, con Pedroza coincide Idelfonso Pitre, jefe de árbitros en los torneos post 45 del Sicarare y Sinaltrainal, quien lo describe como una persona “alegre y mamadora de gallo”; pero que a  la hora de dirigir, “era muy temperamental e  infundía mucho respeto”.

Se silenció su silbato. Una amarilla o una roja serán sus armas eternas para convivir con los ángeles del cielo. Allá no habrá norma de ventaja, porque el hombre de sonrisa espontánea y jocosa no volverá a dejar en fuera de lugar a quienes lo conocieron en barrios populares como Sicarare, Arizona, Francisco de Paula o Villa Miriam.