La gente en este país siempre tendrá razones más que suficientes para protestar. Diríamos que la sociedad ha sido generosa frente a los desafueros que con ella se cometen como para que no estén en protestas permanentes. Y la de ayer no fue la excepción.
Creada la criatura (reforma tributaria) que rápidamente se desarrolló en un monstruo y se le escapó a sus padres (Presidente y Ministro de Hacienda), no le quedó otra opción distinta a la clase trabajadora y con ella sus organizaciones sociales y gremiales como los sindicatos y centrales obreras que salir a manifestarse en contra de ese adefesio que no cayó para nada bien en el pueblo colombiano. No es como lo ha querido hacer ver el Presidente que no sabía que hasta los servicios funerarios tendrían IVA, amén de otros servicios. O como de manera ingenua nos dice el expresidente Uribe que no sabía tampoco nada acerca del IVA a los servicios públicos y otros bienes gravados. No. Aquí el Gobierno no puede aparecer ahora como Caperucita Roja. El Ministro de Hacienda no se salta la cerca y mucho menos en un tema de tanta trascendencia para el Gobierno y la sociedad. Carrasquilla alias ´coronavirus´ (como bien lo definió Gaviria), enteró y con suficiente ilustración a quienes hoy aparecen como inocentes de no saber nada.
Ayer, los principales sindicatos convocantes al denominado “paro nacional”, así como movimientos de oposición, hicieron lo suyo: protestar. Y lo hicieron con pandemia, y lo hubiesen hecho también sin ella. A todos los unió el propósito de que el Gobierno retire el proyecto de reforma tributaria presentado al Congreso, lo cual no va a ocurrir.
Sobre la reforma tributaria, los movimientos sindicales y sociales, como todos los demás (académicos, políticos, empresariales) tienen legitimidad para manifestarse, opinar, aportar, proponer alternativas, buscar ser escuchados por el Congreso –donde se debate y aprueba la reforma– y obviamente para oponerse, explicando argumentadamente sus razones. Lo inoportuno de la convocatoria para algunos es el problema mayúsculo de salud pública en que están el país y sus grandes ciudades. Pero la hicieron. No había poder humano que la detuviera. Ni con la leguleyada de una magistrada que flaco favor le hizo al gobierno y contribuye aun mas al descredito de la rama judicial.
No se puede desconocer que convocar marchas públicas y manifestaciones masivas en estos momentos es un grave hecho por cuanto será la población colombiana la sufra las consecuencias. La conservación del orden público no fue la mejor, volvieron a aparecer los vándalos y terroristas y nadie responde por sus actos, no por su presencia. Aquí en el fondo el tema es el de la llamada protesta social. ¿Hasta dónde puede fijársele límites?. Crearon la criatura y como la tributaria, no se sabe hasta donde podrá desarrollarse.