Diario del Cesar
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Base de la reforma: policías profesionales  y cercanos a la gente 

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Javier Ordóñez, Dilan Cruz y Diego Felipe Becerra son apenas tres de los rostros visibles que ha dejado el abuso de autoridad por parte de uniformados de la Policía en Colombia. Un mal procedimiento generó cientos de investigaciones para más de 10 policías inmersos en irregularidades, pero también dejó tres familias destrozadas, porque ahora lamentan la ausencia de sus seres queridos 

Ordóñez, Cruz y Becerra encontraron la muerte, presuntamente, en manos de policías, esos mismos que son los encargados, no solo de combatir la criminalidad y la delincuencia, sino también de salvaguardar la vida e integridad de los ciudadanos.

De acuerdo con la Constitución, el derecho a la vida debe primar por encima de cualquier situación, sin embargo, en estos tres casos, la Policía presuntamente falló. Un impacto de bala a la humanidad de Becerra, un impacto con arma no letal por parte de un miembro del Esmad a Cruz, y una fuerte golpiza junto con choques de taser a Ordóñez, fue lo que les cegó la vida, y estos hechos no solo tienen en vilo a sus familias, sino también a un país entero que clama por una reforma policial.

Esta reestructuración, a juicio del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, se viene adelantando desde diciembre del año pasado por orden del presidente Iván Duque, bajo la Política de Convivencia y Seguridad Ciudadana, que establece lineamientos para fortalecer a la Policía Nacional, su eficacia en la lucha contra las organizaciones criminales y delincuenciales, y generar un acercamiento al ciudadano.

No obstante, esta política no parece ser la solución para Gustavo Trejos, padre de Diego Felipe Becerra, y quien tras su muerte se dedicó a la defensa de los derechos humanos, esos, que a su juicio, le hacen falta a la institución a la que pertenecían los uniformados que le quitaron la vida a Diego.

REFORMA

Para Trejos, la reforma policial debe tener cinco características esenciales: mejorar los procesos de incorporación, mejorar los procesos de entrenamiento con armas, afianzar la capacitación en derechos humanos, orientación en temas psicológicos y profesionalizar a los uniformados.

Para el padre de Diego Felipe, está claro que la institución debe tener un filtro riguroso a la hora de incorporar personal, teniendo en cuenta que, a su juicio, muchas de estas personas que están inmersos en el mundo del crimen, buscan con el uniforme seguir cometiendo todo tipo de vejámenes.

Respecto de los procesos de entrenamiento con armas, Trejos aseguró que un policía se convierte en ello, tras 18 meses de estar en la institución, y que básicamente reciben dos seminarios sobre cómo usar las armas. “No es solo el hecho de saberla usar o accionar, sino en qué momento debe hacerlo. En eso les falta capacitación”, aseguró en diálogo con Colprensa.

Sobre la capacitación en derechos humanos, el hombre resaltó que es quizá la falla más grande que tiene la institución, dado que de estas clases reciben apenas 40 horas de capacitación. Para Trejos, este debe ser el eje fundamental de un policía, ya que ellos son un cuerpo civil, que está para seguir del lado de la gente y protegerla, más no atacarla.

También dejó claro que un factor que juega en contra de los uniformados, a la hora de salir a terreno, es su estado anímico, por lo que considera importante que desde la institución se realicen exámenes psicológicos periódicamente, que permitan evidenciar el estado del policía.

 “Todos tenemos problemas y los policías no son la excepción, pero, es diferente que un abogado, un médico o un ingeniero estén en una crisis, a que un uniformado esté pasando por algo simular, ya que estos otros no tienen acceso a un arma”, dijo Trejos y añadió que si existiera esa iniciativa en la institución llevaría a que los miembros de la misma, una vez anuncien algún inconveniente personal, estos sean resueltos en medio de una licencia que le sea otorgada.

Sumado a ello, Trejos argumentó que como quinta transformación se encuentra el hecho de que los uniformados sean profesionales. “Cuando una persona es estudiada, tiene una lógica diferente”, aseguró y añadió que los desmanes vistos por parte de la ciudadanía en los últimos días, no es otra cosa que el descontento de la misma por los abusos que han cometido algunos uniformados de manera constante.

A su juicio, la estigmatización de los policías hacia los jóvenes, que viven en lugares vulnerables e incluso que visten de manera diferente, es la que les juega una mala pasada, debido a que consideran que por su aspecto le están haciendo daño a la sociedad. De ahí que Trejos saque a colación que la mayoría de los Centros de Atención Inmediata (CAI), que sufrieron más afectación, son los que se encuentran en localidades de estratos medios.

Y no precisamente porque así él también lo considere, sino porque en su exhaustiva labor por entender qué sucede en la institución desde que le arrebataron a Diego Felipe, halló demasiadas irregularidades dentro de la misma, una de ellas y la más latente es que los altos mandos buscan justificar las acciones cometidas por los subalternos de ahí, que a juicio de Trejos, las investigaciones no prosperen.

En más de una ocasión los ministros de defensa de turno han salido a defender a los uniformados sin siquiera corroborar lo sucedido. Si bien, en la muerte de Ordóñez, como un hecho sin precendentes la Policía salió a pedir perdón por lo ocurrido, esto no basta.

Para Néstor Rosania, Director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, esta situación no es ajena, dado que en este momento la sociedad se enfrenta a un “gobierno encubridor”, debido a que a menudo se ha escuchado repetir “frases de cajón” por parte del presidente y del ministro de defensa, de rechazo y de “investigaciones exhaustivas”, sin que esto surta un efecto.

Para Rosania, el problema es que desde el gobierno no hay una defensa de los derechos humanos, porque encubren las instituciones y revictimizan a las personas que sufrieron actuaciones irregulares. “Se montaron las instituciones entonces ahora cuestionar la fuerza pública es cuestionar el nivel de democracia y eso no es así. El gran problema es que endiosaron a las instituciones producto del conflicto”.

De otro modo, el experto dejó claro que los hechos ocurridos por parte de los uniformados, no son casos aislados o manzanas podridas, como lo han mencionado desde el alto gobierno. “Acá de fondo hay un problema de doctrina dentro de la policía y las fuerzas militares, que siguen pensando en la lógica de la guerra fría del enemigo interno, eso los lleva a ver a los ciudadanos en dos bandos: los buenos y lo malos, los buenos son los que los respaldan en todo, los llaman héroes y guardan silencio frente a temas de corrupción y violaciones de los derechos humanos, y los malos quienes los critican o cuestionan a quienes estigmatizan como amigos del terrorismo”.

Por último, Rosania resaltó que una de las mayores implicaciones que tiene en este momento la institución es el juego de roles y funciones, que a su juicio, no es otra cosa que una consecuencia del conflicto armado, dado que ha hecho que Colombia tenga una policía militarizada.

 “Desde su doctrina hasta su equipo, una policía con escuadrones jungla, en operaciones en la mitad de la selva hizo que tuviéramos un ejército más que un cuerpo civil armado como lo dice la constitución, hecho que derivó que el imaginario del policía contraguerrilla sea el norte institucional, y hoy tenemos policías en las ciudades que actúan bajo esa lógica y no como el policía mediador entre los ciudadanos y defensor de los derechos humanos”, argumentó.

DESDE EL LEGISLATIVO

Para Erasmo Zuleta, representante por el Partido de La U, se debe buscar la forma para que desde el Congreso de la República existan condenas ejemplarizantes para los uniformados que cometan actuaciones irregulares contra la ciudadanía, no obstante, a la vez requirió que los ciudadanos que vandalicen o atenten contra los miembros de la Institución también sean judicializados.

Por otro lado, de acuerdo con el senador Armando Benedetti, el Congreso de la República debe pedir perdón “por estar tan lejos de la realidad. Los policías no están para ser otros manifestantes más, sino al contrario, para que logren el control o para que la marcha suceda bien”.

Para el senador, lo que se debe que hacer actualmente es que la policía sea dividida. “La misma policía que está en la ciudad, y que es la misma que está de antinarcóticos y la contraguerrilla, hay que hacer unas divisiones: la que está en la ciudad debe tener otras características, otra forma de selección, otra forma de entrenamiento”./Colprensa