Diario del Cesar
Defiende la región

La odiosa discriminación

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El Gobierno Nacional viene dándole garrote y zanahoria a distintos sectores del aparato productivo del país, en medio de la descomunal crisis sanitaria y económica provocada por la pandemia del coronavirus.

Las primeras cifras y previsiones acerca de la crisis que muchos países están entrando en recesión. Las economías donde la población está confinada trabajan a un 50% o menos de su potencial y, con la difusión de la enfermedad por todo el mundo, los polos de crecimiento se van apagando. La economía china fue la primera en resentirse, ahora le sigue Europa y se espera que en Estados Unidos con la extensión de la cuarentena se dará un descenso paulatino en la actividad hacia el segundo trimestre de este año.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió, en una primera evaluación, que en diferentes escenarios la crisis provocaría la destrucción de entre 5,3 millones y 24,7 millones de trabajos en todo el mundo. Esto en relación con una cifra de base de 188 millones de trabajadores. El escenario pesimista sería superior al número de desempleados provocado por la crisis de 2008-2009 (22 millones). La reducción de los empleos provocará la caída de los ingresos de los trabajadores, y a su vez del consumo de bienes y servicios, que impactará a su turno las perspectivas de las empresas y de las economías.

Las particularidades del mercado laboral colombiano hacen que la crisis sanitaria y sus consecuencias de confinamiento tenga unas connotaciones complicadas. En Colombia participan en el mercado laboral formal muchas micro, pequeñas y medianas empresas sobre todo en el sector de servicios (excluyendo a los bancos y las grandes superficies), y algunas grandes. También hay una alta informalidad (50 % de los trabajadores trabaja en actividades informales) y las cesantías son un recurso limitado como seguro de desempleo.

La crisis en Colombia está agravada por la caída del precio del petróleo; de otro lado, no todas las empresas tienen ahorros y no se pueden sostener si no tienen ventas o ingresos normales por el confinamiento. Son muy vulnerables y lo son más aún sus trabajadores. También la crisis golpea a los trabajadores informales que no tienen ninguna protección.

Sin embargo el Gobierno ha venido expidiendo a cuenta gotas unas medidas con las que se favorece ciertamente a unos sectores que a primera vista han resultado golpeados por la crisis, pero resulta que aquí hemos resultado afectados somos todos. Para el sector formal, la legislación que ha producido el gobierno quiere mitigar los despidos y ha dado a las empresas la alternativa del trabajo en casa, vacaciones anticipadas, colectivas o jornadas flexibles, como una forma de conservar el empleo, y supuestas solicitudes a los bancos para que estos presten. Pero no hay tanta belleza.

Por ejemplo, los impuestos los han aplazado, pero sigue la Dian cobrando, y lo que es peor, no se han metido con las onerosas y leoninas tasas de intereses que se cobran. Más temprano que tarde, la Dian le caerá a las empresas sin que estas se hayan recuperado.

Hasta el momento las medidas han sido confusas, sin mayor claridad en las mismas, y lo que es más preocupante, que no hay articulación en el mismo gobierno y todo el aparato estatal. Pareciera que todo fuera como una rueda suelta. Para ejemplo un botón: el Ministerio de Trabajo anuncia subsidios de dos salarios mínimos para desempleados como consecuencia de la crisis, pero las Cajas de Compensación Familiar no tienen ni la más remota idea de cómo se va a proceder, pero sobre todo de dónde saldrá la plata. De los bancos se dijo que fondearán a las empresas en dificultades, pero dichas instituciones dicen que el Gobierno no les ha dicho cuando le entrega los recursos. Y así sucesivamente. Lo que tememos es que se desate una mayor recesión y se destroce todo el aparato productivo del país. Y recordemos que este Gobierno no es que sea andón en ejecutorias.