Diario del Cesar
Defiende la región

Rafael Escalona: La inmortalidad de unas crónicas cantadas

316

A pesar de su desaparición física los cantos y anécdotas de Escalona,  simbolizan la esencia de Macondo y la edificación de una exclusiva cultura folclórica.

Bastaba ver el relámpago en la Nevada para saber que en el valle iba a llover, ese era el pronóstico meteorológico que nunca le falló a Rafael Escalona, para hacer saber que el río Cesar amanecería crecido, lo que no sería impedimento para pasar y visitar a su novia, ‘La Maye’ Arzuaga, quien vivía al otro lado del río en el municipio de La Paz, porque él lo cruzaría por el puente Salguero, pero como todo galán enamorado, prometía que si el afluente se llevaba el puente, buscaría otra manera de verla, porque para su cariño infinito no importaba un río crecido.

 

/Está lloviendo en la nevada, arriba e’ Valledupar
Apuesto que el rio Cesar
Crece por la madrugada
Maye no le tengas miedo
A la creciente del cesar
Que yo lo voy a cruzar es por el puente de salguero/

 

Estas eran  las pruebas de incondicionalidad que, la personalidad y carácter de Rafael Escalona, le imprimía a los sellos del amor y la amistad, las que su alma provinciana ofrecía a quienes se habían asilado en su corazón, por eso en cada viaje que hacía al Liceo Celedón, el colegio donde estudiaba en Santa Marta, su sentimiento se le arrugaba más que el acordeón de sus parrandas.

A su regreso al estudio, después de parrandearse sus vacaciones,  se embarcaba en ese Diablo que llamaban tren que pasaba por toda la zona Bananera para de tarde meterse a Santa Marta, era el preciso momento en el que pensaba en sus amores, sus amigos y en los novillos gordos ‘empotreraos’ de su tierra, cuando a él lo esperaba un hambre infernal, que lo dejaría más flaco que un fideo.

 

/Con esta noticia le fueron a mi mamá
Que yo de lo flaco ya me parecía un fideo
Y es el hambre del liceo
Que no me deja engordá/

 

Así volvía crónicas cantadas, cada acontecimiento que vivía, este maestro de la composición vallenata, nacido al pie del cerrito de ‘Las Cabras’, en el embrujo del pintoresco Patillal, al norte de Valledupar, y  a quien hoy,  este folclor le debe en gran parte, la civilización que lo tiene pisando alfombras rojas en cualquier lugar del mundo.

Cada uno de sus romances, le dejaba la marca pintada en su corazón como los mismos novillos que pastaban en el playón y que sellaban   en el lodo la huella en forma de corazón. Su pasión por la amistad la concentró en una corte de inseparables escuderos que avivaban su amor por el folclor, tales como el pintor Molina, el que  siempre lo insultaba  con frases de cariño que le sabía decir, para luego sentársele en las piernas, le contaba un chiste y luego se ponía a reír.

 

/Famosas fueron sus parrandas
Que a ningún amigo dejaba dormir
Cuando estaba bebiendo, siempre me insultaba
Con frases de cariño que él sabía decir/

 

Su expresión parrandera y de buenos amigos le atribuían una coraza de resistencia en el campo del idilio,  pero, el maestro también temblaba ante los sufrimientos amorosos, por eso en ocasiones anhelaba estar arriba de las estrellas donde está el reino de Dios, allá deseaba estar él para no sufrir, pero como no estaba  allá  seguía vagando por la vida lo mismo que la golondrina que nadie sabe a dónde va.

 

INSPIRADO EN LAS AVES

Esta ave, de la que dicen que una sola no hace verano, despertaba en Rafael Calixto, un invierno de inspiración, por eso también la citó para testimoniar el amor a una de sus grandes conquistas, a quien comparaba  con el arco iris que nacía en la Nevada frente a Valledupar y luego se escondía, después de un aguacero cerquita a Patillal, para darle paso a las golondrinas que salían para que el sol las mirara.

Las aves siempre fueron un cimiento en las canciones de Rafael Escalona Martínez  y se aferraba al accionar de estas criaturas, para aplicarlo en su vida personal,  por eso, no escatimó en atribuir a los malos amores el nomadismo de estas, y tuvo momentos en que las comparó con los malos amores y dijo que cambiaban de nido cuando encontraban sitio mejor, pues unas mujeres cambiaban de amor sin tener ningún motivo, estas decepciones estuvieron a punto de hacerlo coger carretera a Venezuela decepcionado de Valledupar como si la ausencia fuera remedio para olvidar.

 

/Las aves cambian de nido
Cuando no encuentran sitio mejor
Pero tú cambias de amor
 Sin tener ningún motivo/

 

En Escalona no solo germinaban canciones, fue un gran productor del campo, pero no escapó a las malas cosechas, de ahí que, en alguna oportunidad, tuvo su dificultad  de pago con la entonces entidad crediticia, La Caja Agraria, deuda que al final saldó con versos a su gerente, ya que debido a que el gusano le devoró su arroz, pidió que le prestaran para sembrar Algodón, y  según lo convenido pagó la deuda anterior y quedó como el cliente más cumplido.

Pero, para enfrentar esta dificultad, volvió a la sabiduría de las aves para ablandar al director de la entidad bancaria a quien con su rima y métrica le redactó el mejor pagaré melódico, para demostrar su insolvencia económica comparándose con la paloma errante cuando el muchacho le rompe el nido, que tiene que recoger los pedazos perdidos, para hacerlo mejor en otra parte.

 

/Ahora he quedado ni paloma errante
Cuando el muchacho va y le rompe el nido
Recogiendo los pedazos perdidos
Para hacerlo mejor en otra parte
Donde haya rama que le aguante
El nuevo hogar para sus hijos/

 

 

 ENAMORADIZO Y PROMESERO

Rafael Escalona Martínez fue un hombre enamorado, quien no escatimaba ofrecimientos en pro de sus conquistas, de tal manera que era común escucharle promesas  que, aunque parecían utópicas, al final ablandaban corazones, como cuando prometía grandes tesoros de los mares de Aruba, o Las perlas hermosas de La Guajira,  para collares  y hasta contrabando con el fin de que la prometida recogiera sus chisme y “vámonos”.

Dentro del inventario de promesas, Escalona dejó registradas:  casas de siete pisos, de Avianca el mejor el avión, pabellón para edificio, el medallón que Blas De Lezo le arrancó a un pirata, y otra vez  acudió a las aves para que el rey de los turpiales llegara al río Cesar  a cantar a la casa de su amada.

El poeta enamorado llegó en sus historias cantadas, en algún momento, a calificar un amor, como el más tormentoso que las aguas del Amazona, por donde cruzó una brasilera que lo dejó más desesperado que un loco. Pero no solo romances internacionales hicieron mella en su corazón, en Valledupar, una Mona del barrio Cañaguate lo puso a ‘loquiá’ durante dos años  por todas partes, a la que siempre vivía viendo y ella nunca se veía con él.

 

/Una mona del cañaguate
Que se ha propuesto acaba’ conmigo
Porque hace unos años vivo
Buscándola en todas partes/

 

Ese inmenso recorrido sentimental de Rafael Escalona, no solo le dejaba la satisfacción de hacer compadres y amigos en la mágica provincia, o el sabor idílico de los labios conquistados; en el alma del poeta, también había un desierto de decepciones que igual, plasmaba en sus canciones.

Hondas fueron sus heridas que lo hacían morir de amor, a cuyas protagonistas, no les escribía por miedo a no tener contestación, por eso prefería quedarse con el recuerdo de sus voces como el ave que cantaba en la selva y no se veía.

Capítulo aparte fue el amor por sus hijas, a quienes como todo un experto en temas de galanteo, trató en su imaginario, de crearle el más fuerte protectorado contra sus enamorados.  Por eso a Ada Luz, la  mayor de ellas le edificó su casa en el aire para que no la molestara nadie, solo tendría la posibilidad quien fuera aviador, para poder hacerle una visita.

 

/El tipo tiene que ser aviador
Para que pueda hacerle una visita
Porque el que no vuela no sube
A ver a Adaluz en las nubes
El que no vuela no llega allá
A ver a Adaluz en la inmensidad/

 

A otra de sus herederas le prometió construir un manantial   en lo más alto de la serranía  a donde solo se pudiera bañar cuando sintiera calor Rosa María, a la que le llevaría un conjunto de sirenas que le cantarán en el manantial.

Así a groso modo era la narrativa de este juglar que en cada canción moldeaba una crónica, las que se fueron recapitulando en la memoria de los cultores que a ultranza defienden la originalidad  de estos cantos que inmortalizaron la provincia.

Hoy esta narrativa está en desuso, motivo por lo cual  hace un par de años, la UNESCO  se vio obligada a sacar ‘tarjeta amarilla’ a los herederos de estas expresiones, para que volvieran a componer canciones como: ‘La Casa en el Aire’ o ‘Matilde Lina’, o bien, que se interpretaran las rutinas de los acordeones como los de Emiliano Zuleta Baquero o Lorenzo Morales.

Los ortodoxos del folclor, entre estos, Celso Guerra Gutiérrez, un investigador a fondo de la génisis de los cultores, manifiesta que: “Será difícil, porque no existen aquellas eternas parrandas que sirvieron para edificar los iconos y personajes que blindaron el folclor  de una comarca que se universalizó con sus poetas y acordeoneros”

Hoy esta provincia, no solo se ha quedado sin Rafael, sino sin:  Andrés, ‘Toño’, Calixto, Alejo, ‘Colacho’, Leandro, Luis Enrique, Pacho Rada, Emiliano, Lorenzo, Chevo Ayala, y tantos otros nombres tan sonoros como los paseos y merengues vallenatos, que quedaron como referentes  de estas figuras, las que muy a pesar del paso del tiempo, se niegan a desaparecer del pensamiento macondiano que anhela más de estas páginas para seguir escribiendo la historia de otros Cien Años de Soledad.