Una de las más descabelladas propuestas que se hayan planteado en los últimos tiempos ha sido la de eliminar las Cajas de Compensación Familiar. Quienes enarbolan dicha iniciativa se les ve a leguas que son unos ignorantes de lo que esas instituciones representan para la clase obrera colombiana y el conjunto de la sociedad. No solo indigna que se ventile la posibilidad de eliminarlas, sino que se proponga como una gran reforma para aliviar las cargas impositivas que hoy tiene los empleadores del país. Es como buscar la fiebre en las sábanas.
Las Cajas de Compensación se han constituido en el bálsamo de los trabajadores colombianos en materia de capacitación, recreación y sano esparcimiento, con aventajadas políticas en materia de vivienda, empleo, educación, y un sin número de oportunidades a las que tienen acceso sus afiliados y familias.
Por lo tanto, la desatinada propuesta de la Anif no solo es atentatoria y retrogada, sino es como echarle candela al tarro de gasolina. Si de desmontar el 4% de la contribución que pagan las empresas a las cajas de compensación se trata; se debe ser mas creativo como por ejemplo, ser mas rigurosos en la recaudación de tributos; modernizar la Dian para que llegue a los contribuyentes que debieran tributar y no lo hacen; combatir con mayor eficacia y efectividad los actos de corrupción, de tal manera que los ladrones de cuello blanco no se sigan embolsillando más de 14 billones de pesos anuales producto de su empecinada conducta en meterle la uña a los recursos públicos; impedir los sobrecostos en las obras que haga el Estado y en fin, la lista por encontrar líneas de financiación es larga.
Como el debate es histórico y recurrente, no hay que olvidar que la fórmula de la Ley 1607, que recuerda Anif, solo funcionó de forma parcial. La reducción de 13,5 puntos porcentuales en los aportes parafiscales del ICBF y del Sena, que allí se hizo, fue mucho más grande que la que hoy se propone, solo logró un efecto temporal sobre el empleo y su impacto se diluyó en el tiempo. Actualmente, aunque la economía está creciendo al 3,2% anual, lo está haciendo sin generar empleo, a pesar de la reducción de costos salariales por parafiscales de 2012. Pareciera que hay otros factores involucrados asociados con la productividad del trabajador colombiano y la inversión en talento humano, así como con la eficiencia, el sesgo del sistema tributario que favorece la inversión en capital, las nuevas tecnologías y con la demanda. Se requiere un mejor diagnóstico.
Puestas las cosas en su sitio, no parece tan claro que debilitar a las cajas, que mejoran la calidad de vida los trabajadores con sus servicios en turismo, recreación, educación, salud y vivienda, sea una recomendación juiciosa. De hecho, por su capacidad institucional las cajas de compensación familiar pueden involucrarse aún más en programas de política social que cada vez son más importantes, incluyendo la cualificación de la mano de obra colombiana, y que consolidan las ganancias de la emergente clase media en Colombia.
No hay que desconocer, de otro lado, que las cajas ofrecen escala para programas de bienestar laboral y capacitación que de otra forma tendrían que ser financiados por las empresas a un mayor costo individual. Lo que sí se requiere es una evaluación objetiva de la contribución de estas instituciones a los propósitos sociales que se predican, un examen del Gobierno de las cajas y de la rendición de cuentas acerca del manejo de los recursos, en particular de los parafiscales, para que, con ese acervo de conocimiento, se propongan reformas que mejoren su contribución al conjunto de la sociedad colombiana. Anif debe recoger su histriónica propuesta y llevarla al cuarto de San Alejo.