Diario del Cesar
Defiende la región

Tener conciencia, menos plásticos, más vida

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Las campañas realizadas con el llamado plástico de primer uso, han motivado a que la gente adquiera más conciencia cívica y se dé cuenta que está contribuyendo a destruir lo poco que nos queda de medio ambiente y a deteriorar sus condiciones de vida. Esas jornadas no han tenido otro propósito que el de llamar la atención ciudadana sobre la educación que debieran tener frente al entorno ambiental.

Cada vez son más devastadoras para la vida en mares y fuentes de agua dulce la producción, el consumismo y el uso irracional e indisciplinado de plásticos e icopor. La vida allí naufraga en un mar de plástico, hay miles de especies marinas amenazadas, algunas de ellas en vía de extinción y, peor aún, por la cadena alimentaria, este material está llegando en micropartículas a la mesa de los humanos.

Si bien hay problemas ambientales que para su solución exigen del concurso de la sociedad de naciones, grandes empresas y centros de poder, enfrentar y reducir la contaminación con plástico es opción de cada ciudadano.

Los hechos invitan a reflexionar, insistir en estrategias colectivas y personales y tomar posición. Se trata de defender la vida en el planeta.

La humanidad se ha convertido en una máquina universal devoradora de plásticos, un material tan barato que se produce por miles de millones de toneladas diarias, en gran porcentaje para usar por unos segundos o minutos y luego arrojar a la basura.

Cada minuto se consumen 10 millones de bolsas plásticas y cuatro millones de envases del mismo tipo. Entre 1950, cuando empezó a fabricarse a gran escala, hasta 2015, se habían producido 8,3 billones de toneladas métricas. Cifra equivalente al peso de un billón de elefantes, revela una investigación publicada (2017) por la revista científica global Sciencie Advances.

Del total del plástico producido, 6,3 billones, un 76 %, terminó en basura, que permanecerá por cientos o miles de años contaminando la tierra, porque su degradación no es significativa.

El 79 % de esos restos queda en ambientes naturales, el 12 % se incinera y solo el 9 % es reutilizado, a través del reciclaje. Su impacto sobre los océanos, lagos y ríos es crítico. El 70 % de la basura de los mares está conformada por plástico, creando, en algunos casos, islas como la del “gran parche de basuras del Pacífico”, con una superficie entre 700.000 y 15.000.000 de km².

En 2014 se calculaba que había una botella por cada cinco peces y para 2050 el estimativo científico es que habrá cinco botellas en el mar por cada pez. Miles de tortugas mueren cada año al consumir bolsas de plástico confundiéndolas con algas, su alimento natural. Por millones mueren peces y pequeños organismos marinos al alimentarse, de manera engañosa, con micropartículas plásticas.

Sobre el territorio colombiano corren dos de los 20 ríos más contaminados con plásticos en el mundo: el Amazonas (7) y Magdalena (15). Revertir esta situación es tarea de todos. Son muchos los países que hacen parte de la estrategia global de bajar el uso de bolsas plásticas y Colombia es uno de ellos. A 2020, por ley, la meta es reducir su uso un 80 % y eliminarlo en 2025. Lo positivo, insistimos, es que esta tarea mundial puede comenzarse con decisiones propias. Hay que ecologizar la vida, tomar conciencia de que puedo reducir mi impacto ambiental y adoptar esta actitud como hábito cotidiano, decisión que me pone al lado de quienes quieren hacer algo por el planeta y la conservación de la vida. Sí al reciclaje, uso de bolsas biodegradables, o verdes, que pueden lavarse y reutilizarse decenas de veces.