Desenguayabe en el Guatapurí: una tradición vallenata
POR:
EDUARDO
MOSCOTE SIERRA
Los vallenatos celebraron la Nochebuena y Navidad, las segundas fiestas de este calendario navideño. Reuniones familiares, cenas, brindis y baile primaron en esta ocasión. La madrugada entre el 24 y 25 de diciembre alegró a niños y adultos.
Con la típica frase de que “en diciembre todos los días son vacaciones”, muchos ciudadanos planean con antelación o a última hora, los populares paseos de olla: una especie de ritual alimenticio en el que prevalece la sopa, preparación culinaria que consiste en un líquido con sustancia y sabor.
El Guatapurí, justo en el Balneario Hurtado, es escenario más concurrido por quienes ‘pasan de largo’ este último mes del año. Ayer desde muy temprano – a eso de las 8a.m. – comenzó a llegar un número de visitantes; propios y turistas quienes buscaban un espacio cerca a las frías y caudalosas aguas en donde reposa la leyenda de la Sirena.
DIARIO DEL CESAR hizo un recorrido por el sector; comidas, artesanías, frutas; parrandas vallenatas se hacían notar entre un sinnúmero de cosas. También aquellos que llegaban a ‘improvisar’ el fogón para que la comida esté justo a tiempo.
A unos pasos del monumento de la Sirena de Hurtado estaba Yamile Orcasita con su familia. Llevan varios años en esta tarea de ‘desenguayabarse’ en el río Guatapurí. Dice que es otro espacio, para finalizar la faena de la Navidad y que los niños – al igual que los adultos – la celebran.
“En la familia se coloca la cuota y yo me encargo de ir al mercado y comprar todo, trato de tener el 22 de diciembre la mayoría de cosas, y ultimo detalles el 24 de diciembre para tomar productos más frescos. Pero en sí el paseo ya es sagrado y le sirve a todo esos que se pasaron de trago y hoy no pueden con la cabeza”, comentó Orcasita de manera jocosa.
Todo se ha convertido en costumbre, hasta la leña que se utiliza ese día, pues dicen que la compran ‘casi lista’ para encenderla y al compás de varios litros de agua, condimentos; verduras, y el batido de una cuchara de palo le dan la constancia perfecta a este manjar de la Costa Caribe.
“Yo le doy gracias a Dios porque a pesar de los inconvenientes, esto se mantiene, más allá de disfrutar es ver que uno prevalece unido disfrutando de estos paisajes”, comentó doña Yamile señalando la dimensión del recurso natural.
UN ‘PARCHE’ DE DESENGUAYABE
Más de 35 vendedores estacionarios se encuentran a las orillas del río, un negocio que ha perdurado por más de 20 años con ‘mini restaurantes’ a las orillas de estas frías aguas.
En una de esas mesas bajas, con sillas playeras que dan una vista al sur y norte del caudal, estaba Andrés Parra junto a cuatro amigos. Para él, gozar el 25 de diciembre sentado en Hurtado es uno de los “planes relajado que mi parche tiene para el desenguayabe” y afirmó que ya llevan varios años en este son.
“Somos amigos hace mucho tiempo, y hace varios años un 25 de diciembre nos reunimos aquí, y lo seguimos haciendo. Claro el 24 de diciembre primero la familia, tomamos. Aquí comemos y seguimos tomando. Hay música, hay silla, ¿qué más?”, dijo.
Por otro lado Carlos Sequeira manifestó que este es el ‘mejor método’ para ‘matar’ un guayabo; aunque no está científicamente comprobado, dice practicar el hecho y le funciona.
“Yo me meto al río apenas llego, y como está frío me quita todo lo que tengo. Mando a comprar una sopa para entonarme. Uno queda repuesto y siguiendo la batalla”, dijo.
‘HACE 10 AÑOS A LAS 9:30 A.M. YA HURTADO ESTABA REPLETO’
Todo el tramo lineal que compone al Balneario Hurtado luego de 10:30 a.m. comienza a recibir con más intensidad la visita de quienes desean pasar el 25 de diciembre frente al Guatapurí. No obstante la asistencia no es mucha.
Los vendedores por su parte dicen que aunque hace 10 años a las 9:30 a.m. ya el sector estaba repleto, hoy deben de esperar hasta las 3:00 p.m. para evaluar la jornada atípica de Navidad.
Así lo dio a conocer Yira Blanco quien lleva más de 29 años en el oficio. “Me preparo con mis cervezas frías, sillas cómoda; con la disposición de atender al cliente, porque esto también es de amor y paciencia”.
No vende comida y solo se limita a bebidas refrescantes, con o sin alcohol. Pero, aclaró “si a quien estoy atendiendo desea comer, yo le facilito el servicio de un restaurante de aquí mismo para que no se desplace sino que siga estando atendido”.
Por su parte, Wilmer Andrés González, trabajador como vendedor hace cinco años manifestó que para esta Navidad las ventas estuvieron pesadas, pese a que muchas personas siguen ‘cumpliendo la tradición’ de venir los 25 de diciembre al río.
“Es que no es que no venga gente, es que a comparación de otros años quienes hemos sido testigo de este sitio, notamos que las visitas van bajando; y eso nos afecta en los locales porque uno se prepara para atender a exorbitantes número de turistas”.
Otro de los problemas que afirma, los tiene en la ‘cuerda floja’, es la masiva llegada de vendedores ambulantes que restan puntos a las formales.
No solo el 25 de diciembre sino que, el 1 de enero, también se ha convertido en una costumbre desenguayabarse frente al río Guatapurí. Por eso, varios vendedores manifiestan que se preparan para ‘la primera fiesta y venta’ de año nuevo. “Que este 2020 sea de prosperidad no solo para nuestro gremio sino a todos”, comentaron.