Diario del Cesar
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¿Qué hay detrás de los números rojos en la popularidad de Duque?

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La caída del presidente Duque hasta su punto más bajo de popularidad desde que asumió el gobierno, llegando al 15 % de aprobación (Santos tuvo en mayo de 2018, 14 %, su puntaje más bajo), según la encuesta de Yanhaas de esta semana, la cual reabrió una discusión sobre el poder vigente hasta ahora: ¿Se gobierna para ser querido?

La disyuntiva entre popularidad y gobierno la planteó el propio presidente el jueves en medio de una charla en el Centro de Formación de la Cooperación Española, en la que se refirió a los bajos resultados de opinión: “Seguiremos pensando en el pueblo colombiano y no gobernando para las encuestas”, dijo.

Esa ha sido, de acuerdo con los sondeos de opinión de Yanhaas durante estos 16 meses de mandato, la estrategia del Ejecutivo: persistir en ciertas posturas mientras van descendiendo los índices de popularidad.

El presidente inició el 7 de agosto con una aprobación del 53 % y tuvo su primer gran desplome en noviembre, pasando de 42 % a 27 % de aceptación en 20 días, justo en el momento en el que presentó la primera versión de la reforma tributaria, llamada Ley de Financiamiento.

El golpe no hizo que Duque cambiara el rumbo. En diciembre, aprobó la Tributaria (aunque luego fue tumbada por la Corte Constitucional) y sus números rojos de aprobación se fueron acumulando hasta la coyuntura actual: el Paro Nacional, por un lado, y el trámite de una nueva versión de la Tributaria –la Ley de Crecimiento Económico– por el otro.

Un juego de equilibrismo

Para Carlos Arias, profesor de la maestría en Comunicación Política de la U. Externado, gobernar implica mediar entre dos riesgos: “Ser prisionero de las encuestas o de los asesores”.

Para el experto, el caso de Duque es el segundo. “Su estrategia parece enfocada en mantener la aprobación de los empresarios y conseguir la de los partidos, priorizándolos sobre la opinión pública”, afirma.

Nury Astrid Gómez, experta en consultoría política, considera que esta es una táctica viable, en tanto no se pretenda mantener un proyecto político a largo plazo: en otras palabras, cada punto de popularidad que pierde Duque, es como un fusible que quema el uribismo de cara al 2022.

La aprobación, agrega Arias, puede sacrificarse en beneficio de un proyecto: “Para Juan Manuel Santos, por ejemplo, la causa por la que apostó perder su reconocimiento fue el Acuerdo de paz con las Farc. En el caso de Duque, sería su mensaje de equidad y de economía naranja, pero sigue sin ser una narrativa clara”.

Pese a sus diferencias, el presidente y su antecesor coinciden en su visión frente a los desplomes de opinión. De hecho, quizá inconscientemente, Duque retomó en parte las palabras que Santos aplicó en sus peores baches de aprobación: “No se debe gobernar para las encuestas, sino para la historia”.

La respuesta urgente, para los expertos, no es el riesgo que corre Duque con la caída de su imagen, sino en nombre de qué historia está pensando sacrificarla

El Colombiano.