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La rápida evolución de los medicamentos para tratar la Hemofilia

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Hasta hace pocos años, padecer hemofilia implicaba estar en riesgo constante. Cualquier cortada de cierta gravedad significaba tener que ser atendido en urgencias, lo que podía ocurrir con cierta frecuencia.

Hace alrededor de 20 años, el único tratamiento que existía para los pacientes de hemofilia (enfermedad que se caracteriza por una deficiente coagulación), eran las transfusiones de sangre, que solo se podían hacer una vez comenzara el sangrado.

Sin embargo, como lo advierte el hematólogo pediatra Jorge Peña, esto implicaba un riesgo adicional: la posible transmisión de enfermedades infectocontagiosas, en especial el VIH, a través del cual se desarrolla el SIDA. Para la época, un alto número de pacientes con hemofilia terminó contagiándose de VIH.

Por fortuna, la evolución que ha tenido en los últimos años el tratamiento de la hemofilia ha sido vertiginosa, y en ello, los medicamentos han sido parte esencial. Colombia, en uno de los aspectos positivos que ha tenido la aplicación de la Ley 100, ha estado a la delantera en estos tratamientos.

“Con frecuencia, tengo la oportunidad de asistir a congresos de hemofilia a nivel mundial y en ellos veo que no tenemos nada que envidiarle a los demás países”, afirma Peña.

En eso coincide un informe de la Cuenta de Alto Costo, organismo técnico que evalúa las enfermedades que por su complejidad o el costo de sus tratamientos representan un mayor esfuerzo para el sistema de salud.

“El tratamiento integral de la hemofilia está experimentado importantes avances relacionados con la disponibilidad de productos hemoderivados más seguros y eficaces, la posibilidad de realizar el tratamiento en casa, la atención del paciente por equipos interdisciplinarios, los avances en la cirugía ortopédica y la rehabilitación oportuna”, señaló la entidad en su reporte sobre la situación de la hemofilia en Colombia en 2018.

Los productos hemoderivados a los que se refiere el informe son las proteínas que se suministran a los pacientes, a través de un tratamiento denominado profiláctico. Gracias a ellos, los pacientes tienen menos riesgos de sangrado y en caso de que se presenten pueden ser de menor gravedad.

El pediatra Jorge Peña explica que al principio estas proteínas se aplicaban tres veces por semana, en el caso de los pacientes con hemofilia A, y dos veces por semana, en el caso de la hemofilia B.

Luego, con los nuevos productos que se han desarrollado, la frecuencia de su aplicación también se ha reducido: dos veces por semana en la hemofilia A, y una vez por semana e incluso cada diez días en el caso de la hemofilia B.

Las últimas versiones, incluso, se pueden aplicar ya no de manera intravenosa, sino subcutánea, lo que además de ser más cómodo para los pacientes representa un menor riesgo.

“Son aspectos que han permitido observar un aumento en la expectativa de vida, la disminución de las visitas hospitalarias, el ausentismo escolar y/o laboral que permiten el desarrollo funcional de las personas”, agrega el informe de la Cuenta de Alto Costo.

La aplicación de estos tratamientos está cubierto por el sistema de salud, aplicando el principio de que pese a que su costo pueda ser alto es mucho menor que el que representa para los pacientes tener que ser atendidos por urgencias, con los efectos negativos que esto pueda representar para su salud.

Ahora, el siguiente paso en esta evolución es la terapia génica, que ya es una esperanza de curación definitiva para quienes padecen esta enfermedad.

“Ya hay pacientes curados en el mundo con la terapia génica. En cinco o diez años, a nivel mundial, se va a estandarizar la terapia génica, que es la forma como el paciente se curaría de la hemofilia.

“La terapia génica podría ayudar a personas con hemofilia a producir su propio factor de coagulación, reduciendo la necesidad de infusiones semanales”, explica la Cuenta de Alto Costo.

Bogotá (Colprensa).