Diario del Cesar
Defiende la región

¿Conversación con quién?

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El señor Presidente de la República Iván Duque Márquez, atrapado en el descomunal desgobierno que lo rodea, dio como respuesta a las millones de voces de insatisfacción social que recorre el país, lo que él mismo denominó ´Conversación nacional´.   Entendemos el desespero del Jefe del Estado por contener esta insurrección social que sabemos cómo empezó, pero tememos como concluya.

No se trata solamente del paro nacional convocado por las centrales obreras y los estudiantes el cual se cumplió en buena medida en medio de una relativa tranquilidad, con las excepciones que ya el país conoce y fue la infiltración que a la misma hicieron bandas criminales y de vándalos que estuvieron alimentadas por el odio, el rencor y la venganza política de quienes aun persisten que por la vía de los hechos pueden ascender al poder. Pero hay otras manifestaciones más espontáneas, que no tienen convocatoria alguna sino que nacen del sentimiento íntimo del ciudadano que sabe que el país va por mal camino, y la crisis social sigue creciendo sin ver soluciones a la vista.

Eso de la ´Conversación nacional´ nos suena a lo que este mismo gobierno denominó  ´Ley de Financiamiento´ para ocultar detrás de ello una agresiva reforma tributaria para pauperizar mucho más a las clases menos favorecidas. Este Gobierno se ha distinguido no por la inteligencia en sus propuestas, sino por lo creativo en el juego de palabras para distraer la atención ciudadana. Y a tal ´Conversación nacional´ es una de ellas.

Por fortuna que el país ya está hastiado de tantas promesas incumplidas, de tanta frustración, y de que lo sigan golpeando gobierno tras gobierno.

Se equivoca el Jefe del Estado si cree que los alcaldes y gobernadores que convocó representan a la gente de la calle, la gente que salió a protestarle, a pedirle reformas sociales concretas y romper las grandes desigualdades que hoy tenemos. Muy equivocado anda el Gobierno si piensa hacerle trampa a la gente que protestó. Ahí están los organizadores del paro esperándolo, ahí están los estudiantes, esperando, ahí están las amas de casas y los jefes de hogar con sus cacerolas esperándolo. Es cierto que la marcha tuvo motivos muy complejos, algunos incluso contradictorios entre sí, envuelta en un estado de ánimo difuso de inconformidad, pero no se puede desconocer que en el fondo la insatisfacción contra este Gobierno es lo que los une.

Hay al unísono un común denominador y es el disgusto contra el Gobierno y con la forma como el presidente Duque cree que está  gobernando al país. Y lo más grave, si es que no se lo han dicho o no se ha querido dar cuenta de ello, es que el tiempo para gobernar se está agotando.

Muchos podemos entender que en las marchas se colaron los oportunistas politiqueros amantes del desorden y de la anarquía, pero quienes lo hicieron con las cacerolas, y en las marchas donde no hubo infiltrados ni violencia, allí los ciudadanos se expresaron libremente con rabia, con indignación y hasta con resentimiento porque se sienten engañados por un gobierno que no ha sido capaz de desarrollar las propuestas con las cuales fue elegido, que le ha mentido a la sociedad, que ha buscado engañarla y que ha reflejado de cuerpo entero la enorme incapacidad para conducir por buen sendero a la Nación.

Este es un Gobierno que no tiene como sacar adelante las reformas más urgentes que necesita el país, como la reforma pensional, laboral, la reforma a la justicia, a la educación al sistema político. En pocas palabras, es un Gobierno que no tiene liderazgo, por que quien lo ostenta ha demostrado que no es capaz de ejercerlo.

La sociedad espera que el  Gobierno abra estos espacios a estas discusiones técnicas y a socializarlas, entre otros, con los promotores del paro.

O como bien lo propuso ayer uno de los contertulios a los que Duque invitó a su conversación: que convoque a una gran Asamblea Nacional Constituyente, ya que no es capaz de promover esas reformas que la sociedad reclama. E inclusive, que esa misma Asamblea contemple la revocatoria de su mandato. Es mucho mejor allanar caminos que nos conduzca a un entendimiento nacional y donde todos estemos representados, no solo los del partido del Presidente y su entorno de amiguismo, para no alimentar más el estado de ánimo de desespero, de frustración, y de desesperanza en que ha caído el pueblo colombiano. Ojalá y el Presidente Duque tenga la estatura que el estadista demanda en los momentos de crisis.