Se vuelve a “disparar” la mendicidad infantil
POR:
NINOSKA
REYES URDANETA
Con una distancia que no supera los 50 metros entre una y otra, se observa por el centro de Valledupar la presencia de mujeres migrantes con los hijos en sus brazos pidiendo limosna o cualquier porción de comida, lo que evidencia que la ciudad vuelve a ser sitiada por la mendicidad infantil, quizás por la llegada de la temporada decembrina.
Desde los alrededores de la Gobernación del Cesar, pasando por la zona bancaria, áreas comerciales y hasta la Plaza Alfonso López, se observa el mismo panorama. Quizás para unos sea normal esta situación desde que se presenta el fenómeno migratorio, pero desde inicios del mes de noviembre la situación se prolifera y la mendicidad es el pan de cada día.
Plata, comida, agua o hasta parte de algún refrigerio que el ciudadano lleva en sus manos, es motivo de atención para estos inocentes seres, que aunque andan en manos de sus padres son la carnada para lograr la ayuda.
Bajo el inclemente sol, la lluvia en alguno de los casos y sufriendo los embates del medio ambiente, se pueden conseguir niños pequeños hasta preadolescentes que en sus manos cargan una alcancía implorando por lo menos una moneda al día.
La mendicidad no está tipificada como un delito en Colombia, el trabajo infantil sí; por lo que este panorama desolador en las calles de Valledupar conlleva a concientizar a los padres de familia a que no expongan a los menores de edad en las calles, mucho menos que les resten tiempo en sus estudios, juego, sano desarrollo, por exponerlos a trabajos que no le corresponden a su corta edad.
Según cifras de la Oficina de Gestión Social de la Alcaldía de Valledupar, hasta hace tres años la mendicidad en la ciudad se había combatido en un 70%, siendo la migración de venezolanos la que volvió proliferar esta modalidad.
El equipo del DIARIO DEL CESAR realizó un recorrido por el centro de la ciudad y la radiografía no es nada alentadora. Tirados en el piso, en la plaza, en las esquinas y hasta en las puertas de las entidades públicas se observa un gran número de mujeres, que entre , suman alrededor de cincuenta menores utilizados para la mendicidad, solo haciendo referencia a una parte del centro vallenato.
Con su ropa desgarrada, un semblante de debilidad por la falta de alimentos y sus chanclas casi sin suelas de los trayectos recorridos durante seis meses que tiene radicada en Valledupar, se encontraba Laura Molina, una joven mujer de apenas 25 años y con una bebé de tres meses de nacida, sentada en la esquina de una reconocida tienda de ropa pidiendo “para comer y pagar arriendo”, tal y como lo manifestó.
Con su mano tendida y pequeño vaso de plástico solo pronuncia “ayúdeme con algo”, mientras a la bebé la mantienen en un destartalado coche donde se observaba un biberón vacío, la almohada y la sábana con la que protege del sol.
“Yo llegué a Valledupar a finales del mes de mayo con casi siete meses de gestación. Soy madre soltera y me tocó empezar a pedir desde Maicao donde llegué inicialmente. A esta ciudad llegué porque aproveché un chance y como siempre me decían que era una ciudad bonita, a la que llegaban muchos turistas pensé que me iba mejor”, narró mientras calmaba a la hija dándole pecho.
Manifestó que le tocó parir en el Hospital Rosario Pumarejo de López a donde solo la acompañó una prima, con quien actualmente comparte la habitación que tiene en arriendo, y por la cual debe pagar 10.000 pesos diarios.
“Yo sé que pedir no es la solución a mis problemas, pero no tengo alternativas por ahora, con lo que recojo a diario pago la habitación, y por aquí hasta me regalan uno que otro lácteo para la bebé y porciones de comida que la distribuyo para todo el día. Pero mi vida se está acabando, esto es muy duro y doloroso porque jamás pensé verme así cuando en mi país trabajaba como Secretaria Ejecutiva”, dijo con una mirada perdida en el recuerdo.
“SEÑORA DEME PARA COMER”
Desiré Lovera es otra de las mujeres que encontramos en el recorrido. Tenía junto a ella a sus tres hijos de 3, 5 y 11 años. Sentados en el piso y casi confundidos entre las personas que van y vienen, solo se alcanza a escuchar a uno de ellos “señora deme para comer,…”
Desiré aunque se portó un poco arisca con la prensa, al final accedió a contar parte de su historia manifestando que no es de su gusto exponer a sus hijos a la mendicidad, “yo los tenía en Venezuela mientras trabajaba aquí, pero tuve que traerlo porque allá estaban pasando muchas necesidades”, dijo.
Explicó que inicialmente trabajaba en una casa de familia donde no pagaba nada, pero con la llegada de ellos la despidieron y no consigue otra alternativa. “Mi temor es que las autoridades me quiten a mis hijos y apliquen las normas de bienestar familiar. A veces me toca correr con ellos, pero ya hasta acostumbrados estamos”, dijo.
Así como estas dos historias hay muchas, pero es evidente un solo problema: la mendicidad infantil, que aunque no es un delito vulnera los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes. A esto se le añade las incidencias que sobre la ciudad ocasionan.
Según el líder de la Oficina de Gestión Social, Jaider Rincones Márquez, “hemos venido haciendo un trabajo arduo, nosotros encontramos unas base de datos de alrededor 803 niños en riesgo de trabajo infantil, y logramos depurarla en más de un 70%, sin embargo hemos tenido el factor de la población migrante venezolana, y la población flotante del municipio, que ha disparado los casos, pero hoy no tenemos unas cifras exactas”.
Señaló que la dependencia no valida ningún uso como tal de los menores para el ejercicio de la mendicidad como una oferta de ingreso económico, sin embargo a esta población migrante se le brindan los espacios de atención en los centros de desarrollo infantil, hogares familiares que tiene el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Hogar de Paso, que desde finales de julio funciona en la ciudad.
3.118 NIÑOS ATENDIDOS EN EL CESAR
Durante el año 2018 a corte del mes de septiembre se logró la atención oportuna de 1.941 de niños, niñas y adolescentes en los programas de primera infancia a nivel departamental, así mismo durante el 2019 a corte del mes de septiembre se beneficiaron a 3.118 niños, niñas migrantes venezolanos. En el área de primera infancia, de lo que se deduce un incremento comparativo del 38.10%, con la vigencia 2018 a 2019.
Actualmente la población atendida en las modalidades de primera infancia en la Regional Cesar, corresponde a 64.212 usuarios, de los cuales 4.8% corresponde a venezolanos. Las listas de espera registran con corte al mes de agosto del 2019, 220 migrantes en espera de ingreso a las modalidades.
Gabriel Castilla Castillo, director ICBF Regional Cesar, indicó que la institución articula armoniosamente con las demás Instituciones del Sistema Nacional del Bienestar Familiar, (SNBF), prestos a las necesidades en salud, educación, Identificación, atención en asesorías y asistencia a las familias de acuerdo a los programas y a las competencias institucionales.
Así como también participa activamente del GEM Grupo especial Migratorio y del puesto de mando unificado de fronteras PMU, espacios en los cuales se hace el seguimiento a las diferentes acciones en favor de la población migrante en el Cesar, además se programan las actividades de acción para las garantías de derechos de la población.
Destacó Castilla que en el municipio de Valledupar, la entrada en funcionamiento del Hogar de Paso, ha sido muy oportuna, ya que de esta forma los Niños, Niñas o Adolescentes migrantes que estén sin acompañantes (padres, o red familiar extensa), en la jurisdicción, pueden ser ingresados al ente municipal, siempre y cuando estén abandonados o siendo vulnerados ya sea por sus padres y/o familiares.
Desde ese momento los Defensores de Familias, como autoridades administrativas, adelantan las acciones correspondientes en favor de las garantías de los derechos de la niñez y adolescencia migrantes.