Diario del Cesar
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Predicciones y romances del ‘Cacique de La Junta’

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POR:WILLIAM ROSADO RINCONES

Se van a cumplir 6 años de la muerte de Diomedes Díaz, y el mundo del vallenato aun no asimila este golpe sentimental, es como si el ídolo estuviera durmiendo y quisieran despertarlo con sus canciones, las que suenan a diario, tal vez, con más intensidad que cuando moraba en esta tierra. Su catálogo suena,tanto en emisoras como en sitios públicos, auscultando todas esas épocas que vivió en plena intensidad.

Otro de los motivos por los que la ausencia no ha sido tan lacerante es por la herencia que sembró en sus hijos, los que se matricularon en la facultad hereditaria de la música, con el paliativo de que los genes bucales parecen trasplantados de su garganta, y casi todos los que navegan en los mares de la música, tienen tonalidades muy parecidas a las de ‘El Cacique de La Junta’, siendo el más cercano, Rafael Santos, pero el de más carisma fue sin dudas, Martín Elías. Al igual, siguen una trilla arada para el éxito: Diomedes de Jesús,  Elder Dayán, Diomedes Dionisio, y Rafael María entre otros.

Todos esos retoños nacieron de una agitada vida de pasiones que sostuvo Diomedes Díaz, quien se dejaba arrastrar muy fácilmente de Cupido y siempre caía rendido en los brazos no de Morfeo, sino de las ‘Diosas de ese Olimpo idílico’ al que era aficionado. Más tarde, reconocería en la estrofa de uno de sus cantos la siguiente radiografía:

“Un montón de mujeres se me llevaron

Lo mejor de mi vida sentimental

Hay unas que se portaron mal

Y otra que muy bien se portaron”

Diomedes Díaz: “genio y figura hasta la sepultura”. Tal como lo calca el refrán, así fue, el más grande cantor de todos los tiempos en la historia de la música vallenata.

Describir su legado se haría interminable. En el ámbito artístico su trabajo quedó tan bien hecho que, no hubo mientras vivió, ni habrá después de muerto, uno semejante a él, su sapiencia natural le dio hasta para predecir los acontecimientos de su funeral, narró con ‘pelos y señales’ un cuadro imaginario de su sepelio, que le salió parecido: “Pinto mi entierro bonito, el cajón allá en el medio, la gente, los pelaos, los gamines vendiendo chicle, los otros vendiendo gaseosa, pastelito, la viuda con pastilla pa’ que no llore porque ya tiene plata…”. Así quedó registrado en esa entrevista concedida al periodista Ernesto McCausland, y cuando este le preguntó sobre cuántas viudas quedarían, jocosamente respondió: “Ponele una docena”.

El artista no estaba tan lejano, en su funeral, en un número parecido aparecieron esas damas como protagonistas de esos romances de los cuales, nacieron gran parte de esos hijos que están abrazados a la genética que los mantiene cantando.

ROMANCES CON HUELLAS

De esos amores que dejaron trilla en el alma de Diomedes Díaz   se pueden mencionar: Martina ‘la Negra’ Sarmiento, Berta Mejía, Patricia Acosta, Beatriz Elena ‘la Nena’ Franco, Rosmery Rodríguez, Oscari Guerra, Denis Aroca, Yolanda Rincón, Alix Ramírez, María Niño, Betsy Liliana González y Luz Consuelo Martínez, son sin dudas, las mujeres que trajeron al mundo a los 28 hijos reconocidos que dejó en este mundo.

Es que Diomedes Díaz, fue muy prolífico tanto en descendientes como en talento, algunos no le atribuían muchos atractivos físicos, pero tenía una elocuencia que tejía en versos, esa era su arma que le permitía construir  el crisol donde fundía sus conquistas.

Diomedes Díaz utilizó todas las formas de conquista, herramientas ajustadas a la era en que vivió, incluyendo los telegramas que en cierta época era el medio de comunicación a distancia más eficaz, a través de estos, el cantante guajiro enviaba los mensajes enamoradores que hacían derretir a sus primeros amores, especialmente a Beatriz Elena ‘La Nena’ Franco, con quien dio vida a Kelly Elvira.

Palabras dulces como ‘Bonita’ tenía el vocalista para esta mujer que logró apoderarse en su momento del corazón del hijo de ‘mamá Vila’, ella  conserva los recuerdos y la sonrisa que su hija heredara de su padre para nunca olvidar ese hermoso romance que vivieron.

Si en algo coinciden sus amores es en asegurar que Diomedes parecía ser una fuente de amor inagotable, cada una de ellas describe el tiempo que pasó junto a él como un idilio envuelto en versos y cantos de acordeones.

El primer romance oficial habría sido con ‘La Negra’ Sarmiento’, fruto de esta relación hay una hija que lleva por nombre Mariana Ruth, quien narra su historia de amor como algo que al principio era imposible por ser él,  unos tres años menor que ella.

Esta situación no le impidió a Diomedes Díaz en su plan de conquista, y a punta de canciones, consiguió un lugar en el corazón de esta mujer con la cual mantuvo una relación que duró casi cuatro años. De la mano de ella se dio la oportunidad de comenzar a amasar la fama, situación que la llenaba de celos, ya no lo tenía todo el tiempo para ella y eso dio al traste con la relación, por culpa de los celos terminó la relación que después quedó convertida en canción:

“La mujer con rabia es muy peligrosa,

Es capaz de cualquier cosa

A ella no le importa nada…..”

Luego le llegó el turno a la dueña de la ventana marroncita, a la morenita a quien todos conocen como su gran amor y madre de sus hijos del primer matrimonio oficial: Patricia Acosta Solano, 30 fueron los años que dedicaron a su relación, entre noviazgo y esposos, de los cuales nacieron los cuatro varones que hasta el último día de su vida honraron el nombre de Diomedes Díaz, no solo por heredar su talento, sino su nobleza y humildad: Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Luis Ángel y El ‘Gran’ Martín Elías, como él siempre los nombraba, fueron ellos, el resultado de esta unión de tanto tiempo, crecieron junto a su padre y aunque ya grandes el hogar se disolvió, nunca dejaron de estar cerca de él, en sus buenos y malos momentos.

Otro de los romances con más renombre fue con Betsy Liliana, ‘La Doctora’, una barranquillera que en ese entonces estudiaba su carrera de medicina y a quien conquistó con melodiosas canciones. Como en una novela, el romance tuvo que pasar por duras pruebas, ella tuvo que sortear todo el proceso judicial y de salud que afrontó el afamado cantautor. De esta unión nacieron: Lilianita, Luis Mariano y Moisés.

Sin prototipos ni preferencias por uno u otro tipo de mujer, en la lista de las féminas que hicieron parte de la vida del más grande del vallenato hubo una gran variedad: altas, bajitas, mayores, menores, blancas, morenas, cabellos claros u oscuros, pero eso sí, con una hermosura que resaltar.

Entre estos amores  estuvo Denis Aroca, quien le dio el primer heredero que se arriesgó a cantar: ‘hijo de tigre sale pintado’, aunque la relación amorosa duró poco, siempre mantuvieron buena relación, fue una de las que más le dolió la partida de su gran amor.

“Diomedes era una persona muy valiosa y fuerte, que habiendo superado tantos quebrantos de salud y de otra índole se supo mantener” así lo definió Denis, por eso le costó mucho asimilar que ya no estuviera en este mundo.

‘El Cacique de La Junta’, le dejó un pedacito de su ser, con su hijo Diomedes Dionisio, verlo cantar y encaminarse hacia el arte que con supremacía ejerció su padre, es una de las cosas que hacen que esta mujer no se olvide de las épocas de amores con el más grande del vallenato.

ÚLTIMA ESPOSA

Los últimos años de su vida los compartió al lado de Luz Consuelo Martínez, con quien no pudo alcanzar a cumplir el compromiso de matrimonio que ya se había dado entre los dos. De sus años de convivencia nacieron: Fredy José, Carmen Consuelo y Katyuska, este último tiempo habría sido la segunda oportunidad para su idilio, ya que hace algunos años habían tenido una relación que por cosas de la vida tuvo un receso, pero el destino se encargó de juntarlos de nuevo con su ‘Amor bogotano’, como él, la ‘bautizó’.

Contar lo que Diomedes Díaz vivió con cada una de estas mujeres, daría para escribir una enciclopedia de varios tomos, lo que sí dejó,  fueron canciones que testimonian cada una de estas relaciones, en estas narraba cada momento compartido y la importancia de cada una en su vida. Patricia sigue sosteniendo que fue a la que más le compuso, desde la ‘Ventana Marroncita’ hasta ‘El Cóndor Herido’, cuando ya el amor se estaba fracturando.

“Si yo pudiera alzar el vuelo

Alzar el vuelo como hace el cóndor que vuela alto muy alto

Me fuera lejos, pero bien lejos

Adonde nadie nunca supiera del papá de Rafael Santos

Porque una pena tras otra pena están acabando conmigo

Y yo por ser un hombre tan fuerte he podido resistir…”

Al pie de la letra se cumplió su premonitorio pensamiento sobre su funeral: los pastelitos se vendieron, los chicles se agotaron, las viudas lloraron calmadamente como lo determina la época moderna, las semillas que sembró germinaron y se crecieron, sus hijos encontraron en sus hermanos abrazos consoladores para el duro momento.

El fértil conquistador estuvo yerto en la tarima durante tres días, asediado por su fanaticada donde también había amores escondidos, nombres anónimos que tácitamente hacen parte de esta lista prolongada de amoríos.