Diario del Cesar
Defiende la región

‘Santos Rafael’, un joven talento que encarna la juglaría vallenata

1.909

POR:WILLIAM ROSADO RINCONES

Santiago Rafael Fontalvo Vázquez, es un joven de 23 años de diminuta figura que aparenta menos edad, cualquier muchacho de su generación estuviera en el mundo de los tatuajes y piercing, haciendo alarde del nuevo término que los identifica: los millennials, o sea, los que nacieron después de los años 90 y que los convierte en los ases de la tecnología y briosos ‘cervantes’ de sus lenguajes discrecionales.

Santiago Rafael, a quien comenzaremos a llamar ‘Santos Rafael’, un nombre artístico que adoptó desde cuando se le dio por ser músico, a pesar de que no tenía una ascendencia directa de algún familiar metido en los vericuetos del folclor. Pero en él, se asomó un ángel que lo que lo impregnó de talento.

No ha pasado mucho tiempo desde cuando arrancó esta cruzada y este nombre ya comienza a ser sonoro en la atmosfera mediática de Valledupar y su folclor. Otra arista que lo hace diferente es que, a sus años y su generación, no se le dio por mostrar mucho interés por las tendencias artísticas que hoy proliferan.

Sus hemisferios cerebrales mostraron la simetría total hacía un solo propósito, ser acordeonero, pero como los juglares, una idea aparentemente loca para un chico de su edad, pero sus pies están sobre la tierra y su voluntad no es más que una especie de reencarnación de los juglares que se fueron, y una cirugía reconstructiva de los que aún quedan.

AFICIÓN DE CASA

Su afición por la música se la despertaron las parrandas que se hacían en su casa, en donde sus padres recordaban y  gozaban los buenos momentos bajo el influjo de los acordeoneros de la primera generación, y en esas radiolas o equipos trinaban los acordeones de Alejandro Durán, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Aníbal Velázquez, entre otros, los que se convirtieron en los protagonistas de sus canciones de cuna, era común ver a este niño caminando sostenido de los bafles, mientras sonaba el endiablado ritmo de Gutiérrez o Velázquez.

A parte de eso, ‘Pacha’ y ‘Aida’, sus dos abuelas también pusieron su granito de arena para que este muchacho se fuera por el camino de la música, ellas en sus ratos libres daban rienda suelta a esa herencia negroide de las cantadoras africanas y en esa ramito sanguíneo que les corría de la cultura afro, dejaban escapar de vez en cuando los lamentos y el bullerengue propio de esa cultura y eso, también  permeó en el oído del heredero.

“Mis abuelas cantaban así como la música de la vieja Emilia Herrera, y componían pedacitos y hacían sus versos, más que todo mi abuela materna, y yo como me crie con ella, le ponía atención y eso tal vez me fue marcando” dice el joven músico.

El contacto con el acordeón lo tiene por primera vez  en el Colegio Loperena Garupal de Valledupar, allí estudiaba y habían contratado al rey vallenato Nafer Durán para que diera clases de vallenato a los estudiantes, Santos Rafael deseaba conocerlo, al tenerlo al frente, Durán le da los primeros compases y le pasó el instrumento, lo que de inmediato sorprendió al juglar al notar la habilidad y la facilidad con que manejó los primeros pases, y en seguida le pidió que se pasara para la jornada de la mañana para atenderlo de manera personalizada, esos fueron sus primeros encuentros con un acordeón.

Posteriormente, llega otro gallo bueno de ese estilo autóctono, el maestro, Alberto Rada, quien al igual que Nafer, dictaba clases en la Casa de la Cultura y también se sorprendió por ese alumno flaco que devoraba los teclados del acordeón como si fuera un experto.

Estos dos profesores fueron los que dejaron esa huella que lo marcaría para seguir escudriñando ese aportejuglaresco, el que comenzó a estudiar tras largas horas escuchando sus rutinas, a las que les sentía más fundamento que a los de la nueva ola -sin demeritarlos- aclara,  por eso decidió seguir esta senda.

La decisión de acoger ese estilo de antaño no fue fácil, los temas y los ritmos contrastaban con su juventud y la de sus acompañantes de grupo, por eso no quiso tomar una decisión a las carreras. “Duré tres años tratando de tocar como los nuevos, pero no vi un resultado latente, por eso giré hacía la juglaría y el resultado fue de inmediato, llevo apenas 8 meses y ya me llaman me contratan, me aplauden y acabo de grabar un disco con mucho éxito y que está sonando fuertemente en la radio”, dice  Santos Rafael.

Sus padres por cosas del destino se fueron a vivir a Bogotá en donde estudiaban y trabajaban, allí lo engendraron y allá nació, pero desde los 3 años se lo trajeron a Valledupar en donde sus ojos comenzaron a ver este paisaje folclórico, y sus oídos se rindieron al eco de los acordeones. Su papá es oriundo de la región de El Copey, de donde venía untado de melodías porque en ese pueblo vivieron grandes músicos como: Tobías Enrique Pumarejo, Luis Enrique Martínez, Ismael Rudas  y Calixto Ochoa, entre otros.

Por su parte, su mamá es de Aguas Blancas, corregimiento de Valledupar, otro pueblo con una buena historia musical en donde vivieron Calixto y Juan Ochoa, versadas figuras del folclor, es decir, Santos Rafael, tenía que salir músico por algún lado.

PRIMER ACORDEÓN

Su primer acordeón lo tuvo a los 15 años, pero apuros económicos obligaron su venta, pero Dios le tenía una ventana llena de rayos luminosos de prosperidad  y al poco tiempo logró conseguir otro que le regaló su mamá. Con ese instrumento andaba la “Seca y la Meca” buscando mostrar sus condiciones hasta que apareció en su camino, Rolando Ochoa.

Rolando sintió la nostalgia por las notas de su padre Calixto Ochoa al escucharlas en un eco lejano, una digitación que lo inundó  de recuerdos, y al seguir ese acústica llegó al lugar donde estaba ese diestro pealo que parecía que tenía al maestro en su pecho. Fue tanta la impresión que el hijo del rey Calixto Ochoa le regaló un acordeón para que siguiera dándole vida a las canciones de su papá. Y como si esto fuera poco, le prestó sus estudios de grabación en donde le dio la oportunidad de grabar su primer sencillo.

“Después de este encuentro, gracias a la gestión del locutor Javier Fernández Maestre, quien se ha convertido en mi mentor, lo mismo que Aquilino Atencio, a quienes le debo mucho, fui al estudio donde llegué muy nervioso al comienzo, al tener al frente una figura tan grande como Rolando, pero al escucharme tocar y cantar me dio confianza, me dijo grabe usted solo y ahí pude demostrar mis condiciones en un mosaico en el que también intervino cantando conmigo. Tema este que está sonando muy bien y cada vez me llaman más y siento que las cosas van a caminar con la confianza en Dios, porque soy muy temeroso de él” asegura este joven artista.

Tres patrones juglarescos se han anidado en el alma de este aguerrido intérprete: Calixto Ochoa, Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velázquez. Del primero dice haberle aprendido la creatividad, del segundo la rebeldía, y del tercero la jocosidad y la sabrosura. Le duele no haber conocido a Calixto, pero si lo ha hecho con Alfredo y planea un encuentro con Aníbal para testimoniarle su cariño y admiración.

Santos dice no haber escudriñado ni el 5% de la riqueza de estos músicos, pero lo aprendido hasta ahora, le da la facultad de tocar un concierto de dos horas sin repetir tema, en los que sobresalen las principales piezas de esta trilogía inolvidable, como: ‘Los Sabanales’, ‘Charanga Campesina’, ‘Festival en Guararé’, ‘Guaracha en España’, ‘Corazón de Acero’, ‘Cachita’, entre otros.

Santos no ve cercano el tiempo de cambiarse pese a ser joven, dice que seguirá e irá aportando sus propios temas, porque también aparte de tocar y cantar, compone y versea y ya tiene un par de temas en ese estilo los que espera grabar muy pronto.

“Reconozco que esto es muy difícil, pero no imposible, apenas estoy sembrando y espero pronto recoger, quiero proyectarme a nivel nacional, ya hay regiones que me conocen como Aguachica y La Sabana,   además de Valledupar que ha sido el sitio de partida de este sueño que se me está convirtiendo en realidad” acota con optimismo.

Santos Rafael sabe que la vida no es fácil y ya se está tropezando con los pro y los contra, así como lo felicitan y lo halagan por la acogida, hay otros que denigran y lo critican que por ser joven,  no admiten que esté tocando esta música para viejos como le enrostran, pero dice que va para adelante y no se detiene en esa pequeñeces a pesar de que ha sentido cerca la discriminación, a los que dice que les mostrará con hechos que, sí se puede tocar y cantar, por eso guarda la esperanza, y dice estar casi seguro, de que ese modelo de interpretación, dentro de algún tiempo volverá a imponerse.

Santos Rafael no es un músico empírico, así como Nafer y Rada fueron sus primeros maestros en el acordeón, también ha tomado clases de canto con la profesora Lizet Lenguas en la Escuela Leo Gómez. Además en el campo académico, está terminando un tecnólogo en Asistencia Administrativa y proyecta meterse a la Universidad Popular del Cesar a estudiar Licenciatura en Arte y Folclor.

A pesar de que toca una música bailable que invita a los tragos y el desorden, Santos dice ser un músico disciplinado que no ha caído en tentaciones y manifiesta que es casado y no quiere ser un mal ejemplo para su hogar, ni para su pequeño hijo y además, se declara un fiel temeroso de Dios.

Este osado joven les deja un claro mensaje a sus jóvenes colegas: “La nueva ola es buena es muy bonita pero el vallenato es lo auténtico de Valledupar, no lo dejemos acabar, por eso les recuerdo que,  la Unesco lo declaró patrimonio inmaterial de la humanidad”.