Diario del Cesar
Defiende la región

Un balance deplorable de la temporada seca

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Terminó la temporada seca en Colombia con resultados devastadores. No existe un cálculo consolidado que indique con exactitud el número de hectáreas que fueron arrasadas por el fuego en los 498 incendios que se han registrado en Colombia en lo corrido de 2019.  Sin embargo, se estima que hasta la fecha cerca de 100 mil hectáreas de vegetación nativa fueron consumidas por las llamas en el país.

Según las autoridades la mayoría de las conflagraciones son producidas por la mano del hombre en su intento de adecuar terrenos para la siembra de productos.

 Actualmente solo existen 765 cuerpos de bomberos para atender las emergencias de los 1.102 municipios del país. La fragilidad de los entes de socorro para atender emergencias simultáneas o de grandes proporciones ha quedado evidenciada varias veces, al igual que la desidia de un gran porcentaje de los alcaldes por acatar la Ley 1575 de 2012, por medio de la cual se estableció la Ley General de Bomberos de Colombia.

En este momento existen tres tipos de bomberos en Colombia: los aeronáuticos (en aeropuertos), los oficiales (28) y los voluntarios (700). Esto quiere decir que la gran mayoría depende presupuestalmente de los aportes que las alcaldías quieran darles y, por ende, son las administraciones municipales las que deciden si funcionan o no.

Pese a esto, Eduardo José González Angulo, director de la Ungrd, aseguró que el país cada vez estaba más preparado para enfrentar este tipo de eventos. “El Sistema Nacional de Gestión del Riesgo cada vez es más robusto y cuenta con más capacidades técnicas, lo que facilita la operatividad y la efectividad a la hora de actuar”, afirmó.

Esa entidad señaló que en la actualidad el sistema cuenta con 220 mil personas, siete centros logísticos humanitarios, 968 unidades de maquinaria amarilla, equipos especializados para la extinción de incendios forestales, equipos para el abastecimiento de agua (motobombas, carrotanques, plantas potabilizadoras, tanques de almacenamiento, equipos de hidrosucción), así como una capacidad instalada de 240 jagüeyes, 135 pozos, 2911 reservorios para el sector agropecuario y 45 aerodesalinizadores.

Muy probablemente pronto seremos víctimas de fenómenos de la naturaleza tales como inestabilidad de las laderas, crecientes súbitas de ríos y quebradas, inundaciones, tormentas eléctricas, vendavales, deslizamientos, granizadas. ¿Estarán las entidades estatales de control de riesgos y los organismos encargados de enfrentar emergencias debidamente preparados para ello?

La temporada seca que acaba de pasar dejó un balance aterrador. Más de 800 incendios que afectaron a 256 municipios de 17 departamentos y destruyeron cerca de 128 mil hectáreas.

¿Cuáles son las causas de hechos tan nefastos para el país? Las ansias de expandir la frontera agrícola y ganadera, el ánimo de destruir las áreas de reserva cercanas a las ciudades para urbanizarlas, la preparación de terrenos agrícolas, descuidos humanos, deforestación para cultivos y para apropiación ilícita de tierras, extracción ilícita de maderas, entre otras.

La otra cara de la moneda es que las entidades estatales encargadas de vigilar y controlar que tales procederes no ocurran, como la dependencia Parques Nacionales Naturales, tienen poco presupuesto, poco personal, deficiencias tecnológicas. ¿Resultado de ello? La impunidad que hay en la represión del delito de daño en los recursos naturales e ilícito aprovechamiento de los recursos naturales renovables. En muy pocos casos se ha judicializado a los culpables de tales reatos, se les ha sometido a la Justicia y se les ha sentenciado a penas privativas de la libertad.

Si las estadísticas las ampliamos a lo que va corrido del año 2019, nos hallamos ante la aterradora cifra de 2.217 incendios forestales, casi todos provocados por la mano del hombre.

¿Qué muestra tan desastroso cuadro en un país que argumenta estar actuando enérgicamente para la defensa del medio ambiente? Que la lucha del Estado y de la comunidad en uno de los frentes que más compromiso exige a nivel mundial es mucho menos sólida y enérgica de lo que pregonamos y que si no mejoramos sustancialmente en la defensa de nuestro territorio de acciones vandálicas como las comentadas, estamos incumpliendo con los compromisos contraídos a nivel internacional en defensa del medio ambiente.