Los demócratas lanzaron ayer una investigación parlamentaria formal contra Donald Trump por supuestamente presionar a Ucrania para perjudicar a su rival político Joe Biden, que constituye el primer paso del proceso de destitución, aunque tiene pocos visos de prosperar.
A pesar de los muchos casos que sacudieron a Trump durante los primeros años de su presidencia, el caso de las presuntas presiones a Ucrania es el que representa el desafío político más severo para el presidente.
“Una cacería de brujas basura”, denunció de inmediato Trump, que recibió la noticia en Nueva York, donde asiste a la Asamblea General de la ONU.
Ironía del calendario, el presidente estaba en ese momento en su casa de la Torre Trump, el rascacielos donde anunció en 2015 su candidatura a la Casa Blanca.
La presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, hizo el anuncio alegando que “las acciones del presidente hasta la fecha han violado la Constitución”.
A 14 meses de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, lanzar este procedimiento, impopular en las encuestas y de resultado muy incierto, representa una apuesta arriesgada.
La Cámara baja, controlada por los demócratas, será la responsable de llevar a cabo el procedimiento de acusación. Si tiene éxito, el Senado, con una mayoría republicana aún leal a Trump, realizará el juicio político contra el presidente y votará si lo destituye o no.